La académica e investigadora de la Universidad de Los Lagos y del Instituto Milenio BASE, expuso sobre la diversidad genética del pingüino papúa en una jornada que reunió a Sernageomin, INACH y la comunidad local en la Sala de Volcanología del Centro de Arte Molino Machmar.
Con el objetivo de acercar la ciencia antártica a la comunidad regional se llevó a cabo en la Sala de Volcanología del Centro de Arte Molino Machmar (CAMM) la inauguración de la exposición de fotografías y otros recursos de divulgación y comunicación científica “Ciencia Antártica & Cambio Climático”, muestra producto de la colaboración entre el Servicio Nacional de Geología y Minería (Sernageomin) y el Instituto Antártico Chileno (INACH), basada en imágenes de la Enciclopedia Visual de la Antártica del INACH.
Daly Noll es Doctora en Ciencias con mención en Ecología y Biología Evolutiva de la Universidad de Chile.
La ponencia “Un pingüino, cuatro historias: la diversidad oculta del pingüino papúa” se basó en el reciente estudio científico que lideró la Dra. Noll “Integrative evidence reveals adaptive divergence and speciation in gentoo penguins” que, a través del estudio de genomas completos, estudió como se distribuye la diversidad genética del pingüino papúa, identificando cuatro especies completamente distintas, lo que cambia radicalmente su agenda de conservación.
Más allá del aporte taxonómico nacido del estudio genético, la Dra. Noll destacó la importancia de la alianza entre los organismos públicos con la investigación científica para estudiar y proteger los ecosistemas del extremo sur del mundo. “La colaboración entre INACH y Sernageomin es esencial para avanzar en el conocimiento y la protección de la Antártica. En términos logísticos, el INACH facilita el desarrollo de investigaciones científicas en terreno, incluso aquellas relacionadas con la geología del continente. Estos estudios no solo permiten comprender su historia y su evolución geológica, sino que también aportan información fundamental sobre la criósfera y las reservas de hielo. Por lo tanto,el trabajo en conjunto de ambas instituciones es clave para generar conocimiento y para la protección de los ecosistemas antárticos”, sostuvo la investigadora de la ULagos.
“Un pingüino, cuatro historias: la diversidad oculta del pingüino papúa”, fue la charla de la Dra. Daly Noll.
Desde la organización, Paul Duhart, Geólogo de la Dirección Regional de Sernageomin destacó que esta alianza con el INACH busca proyectar la investigación científica nacional e interconectar la geología regional con la historia antártica. “Aprovechando que como servicio geológico tenemos esta sala aquí en Puerto Varas, decidimos establecer una alianza para mostrar la investigación que se realiza en Antártica y cómo se vincula con la ciudadanía. La comunidad necesita saber qué se hace y por qué es importante”, destacando además que el espacio está siempre abierto a delegaciones escolares y público general.
“Tuvimos público de todas las edades y niveles de conocimiento. Fue una actividad muy enriquecedora porque la gente fue muy receptiva: me iban preguntando durante la presentación, entendiendo conceptos de evolución y conservación de pingüinos. La cercanía permitió un diálogo fluido y personalizado”, enfatizó la Dra. Noll.
Francisca Gálvez, asistente a la actividad, resaltó el impacto pedagógico de la jornada “Me pareció muy buena la exposición, muy interesante y entretenida. Daly lo hizo de una forma en que la ciencia puede ser accesible a todos, y eso es muy interesante. Es fascinante ver cómo especies morfológicamente iguales son tan distintas genéticamente”.
La presentación de la Dra. Daly Noll se basó en su reciente estudio publicado en la revista científica Nature.
Por su parte, Isabel Vergara, integrante de la Fundación Rewilding Chile, destacó las implicancias que este tipo de investigaciones tiene para las políticas de protección biológica “Esto eventualmente ayuda a que una especie sea visualizada como en riesgo. Si no, estaría agrupada dentro de los otros papúas en general, y no es lo mismo. Nos permite entender mejor qué proteger”.
En esa misma línea, el geólogo Esteban Salazar valoró la oportunidad de acceder de primera mano a estudios de frontera “Es maravilloso saber que todavía no conocemos la magnitud real de la biodiversidad de nuestro territorio. Escuchar esto directamente de las voces de los primeros autores de investigaciones tan importantes es un privilegio que nos ayuda a valorar nuestro entorno”.
La exposición “Ciencia Antártica & Cambio Climático” continuará disponible en el tercer piso del CAMM de Puerto Varas (Avenida Gramado 1100).
El estudio fue liderado por un equipo científico del Instituto Milenio BASE, Universidad Austral de Chile y Universidad de Chile, encabezado por la Dra. Daniela Nualart.
Estudio encabezado por investigadoras del Instituto Milenio BASE, pertenecientes a la Universidad de Chile y la Universidad Austral, analizó cómo la combinación de microplásticos y aumento de temperaturas impacta la actividad celular y el microbioma de peces que habitan el extremo austral y la Antártica. La investigación, publicada en Environmental Pollution, detectó cambios en genes relacionados con la protección celular, la degradación de proteínas y la muerte celular después de solo 24 horas de exposición experimental. El equipo advierte además que, a largo plazo, estos efectos podrían representar un costo que afecte a las poblaciones de las especies estudiadas.
Bajo las aguas que rodean la península Antártica y el extremo sur de Chile viven peces cuya fisiología ha evolucionado durante millones de años en ambientes fríos, prístinos y relativamente estables. Entre las rocas de la zona intermareal de la bahía Fildes, en la isla Rey Jorge, y en las cercanías del Fuerte Bulnes, al sur de Punta Arenas, muchas especies animales viven a bajas temperaturas. En la Antártica, en particular, incluso pueden permanecer bajo los 0°C durante algunas épocas del año. Allí, en estos remotos parajes, la fauna desarrolla su ciclo de vida en ecosistemas que están siendo presionados por dos transformaciones de origen humano y de alcance global: el calentamiento global y la creciente contaminación por elementos como los microplásticos.
De acuerdo con el Panel Intergubernamental sobre Cambio Climático, entre 1970 y 2017, el océano Austral absorbió entre el 35% y el 43% del aumento de la temperatura registrado en los primeros 2.000 metros de todos los océanos del planeta. Por otra parte, cada vez es más frecuente encontrar fibras, fragmentos y otras partículas plásticas en aguas, sedimentos y en el interior de organismos que habitan estos lugares remotos. Ambas amenazas pueden tener distintos efectos sobre la fauna. El aumento de la temperatura modifica el metabolismo de los peces y eleva sus necesidades energéticas, mientras que las partículas ingeridas pueden interactuar con el sistema digestivo y activar respuestas inflamatorias, oxidativas o inmunitarias. Sin embargo, todavía existe poca evidencia sobrelo que ocurre cuando estos factores actúan simultáneamente sobre especies adaptadas al frío y al frágil equilibrio de estos ecosistemas.
Este trabajo se realizó en el marco de la tesis doctoral de la investigadora Daniela Nualart, guiada por el Dr. Luis Vargas Chacoff de la UACh.
Este fue el foco de un estudio liderado por investigadores de la Universidad de Chile y la Universidad Austral pertenecientes al Instituto Milenio Biodiversidad de Ecosistemas Antárticos y Subantárticos (BASE), que analizó cómo el aumento de la temperatura y la ingesta de microplásticos inciden en la actividad celular y el microbioma de peces antárticos y subantárticos. El trabajo, publicado en la revista científica Environmental Pollution, expuso experimentalmente, bajo estas condiciones, a veinte ejemplares de Harpagifer antarcticus, especie endémica de la Antártica, y veinte de Harpagifer bispinis, especie distribuida en ambientes subantárticos y patagónicos. Ambas especies, cercanamente emparentadas, fueron distribuidas en cuatro grupos: el primero permaneció en condiciones de control; el segundo fue expuesto a microplásticos de PVC; el tercero enfrentó un aumento de temperatura; y el cuarto recibió ambos tratamientos.
Impacto a nivel celular
El experimento permitió identificar que, después de 24 horas, el aumento de temperaturas y la presencia de microplásticos en el organismo de los ejemplares estudiados generaron alteraciones en la actividad de genes relacionados con la protección celular, la degradación de proteínas y la muerte celular. La Dra. Daniela Nualart, investigadora de la Universidad Austral que desarrolló este trabajo como parte de su tesis doctoral, explica que la exposición simultánea a estos dos factores colapsa las defensas celulares de los peces. “La maquinaria que normalmente repara las proteínas dañadas queda completamente sobrepasada, evidenciando un costo metabólico muy alto, ya que la energía requerida para responder a dos presiones simultáneas agota las reservas fisiológicas del pez, dejándolo en un estado de vulnerabilidad funcional frente a nuevos desafíos ambientales”, afirma.
La Dra. Julieta Orlando, académica de la Facultad de Ciencias de la Universidad de Chile y una de las coautoras del estudio, agrega que “uno de los resultados más interesantes es que no observamos una respuesta única al aumento de la temperatura y a los microplásticos. Esta dependió tanto de la especie como del tejido analizado. En el riñón anterior, el bazo y el intestino vimos cambios en genes asociados a la protección celular, la respuesta inmune, la degradación de proteínas y la apoptosis, que es el proceso mediante el cual el organismo elimina células dañadas o innecesarias sin causar inflamación. La combinación de ambos estresores provocó respuestas celulares significativas, pero H. antarcticus y H. bispinis mostraron patrones distintos”.
Entre 1970 y 2017, el océano Austral absorbió entre el 35% y el 43% del aumento de la temperatura registrado en los primeros 2.000 metros de todos los océanos del planeta.
En definitiva, los resultados indican que ambas especies exhiben diferentes capacidades para enfrentar el calentamiento y los contaminantes plásticos, y que la respuesta observada depende de su historia térmica, su fisiología y el tejido examinado. En el intestino de H. bispinis, por ejemplo, cuando la temperatura y los microplásticos actuaron por separado aumentó la actividad de algunos genes protectores. Bajo la exposición combinada, en cambio, estos marcadores disminuyeron, mientras los relacionados con la degradación de proteínas y la muerte celular permanecieron elevados. De esta forma, Orlando destaca cómo “dos especies muy cercanas evolutivamente pueden enfrentar de manera distinta los mismos cambios ambientales”.
El estudio también analizó el microbioma intestinal. En este ámbito, si bien los indicadores de diversidad y composición bacteriana no mostraron diferencias significativas después de 24 horas de exposición, el análisis detectó señales importantes de alteración. “Observamos cambios en algunos grupos bacterianos y una mayor variabilidad entre individuos, especialmente en H. bispinis. Es decir, el microbioma no necesariamente cambia de golpe. Una de las primeras señales de estrés puede ser que se vuelva menos predecible y que cada individuo comience a responder de manera diferente. Esto es relevante porque estos microorganismos participan en funciones relacionadas con la nutrición, el metabolismo y la inmunidad del pez”, indica la investigadora de la Universidad de Chile. En este sentido, mientras la respuesta celular del pez ocurre con mayor rapidez, las transformaciones de la comunidad microbiana podrían requerir una exposición más prolongada.
¿Una amenaza de largo plazo?
En el océano real, los organismos no enfrentan cada amenaza de manera aislada. El aumento de temperaturas puede combinarse con contaminación, acidificación, cambios en el alimento, enfermedades y otros factores. Respecto a los resultados específicos de este trabajo, la activación de mecanismos de reparación, degradación de proteínas y muerte celular puede permitir enfrentar el estrés, retirar componentes celulares deteriorados y evitar que sobrevivan células con daños graves en el corto plazo. El problema podría ocurrir cuando esas respuestas se mantienen o se repiten en el tiempo, ya que reparar proteínas, regular la inflamación y reemplazar células requiere energía.
La investigadora Daniela Nualart plantea que si una proporción creciente de los recursos del organismo debe destinarse a conservar el equilibrio interno, queda menos energía disponible para otras funciones vitales. “A largo plazo, el aumento sostenido de la temperatura oceánica y una mayor carga de partículas plásticas reducirán la ventana de tolerancia de estas especies. Y si un pez gasta continuamente energía en reparar daño celular y controlar la inflamación o la disbiosis de su microbioma intestinal, destina menos energía al crecimiento, al desarrollo muscular y a la reproducción. El impacto no siempre es la muerte inmediata, puede ser un desgaste silencioso. Un pez que destina toda su energía a defenderse de contaminantes y al aumento térmico, come mal, crece menos y deja de reproducirse al mismo ritmo”, advierte.
Si la respuesta observada en estas especies afectara a muchos individuos durante periodos prolongados, eventualmente podría repercutir en la abundancia de sus poblaciones.
En ecosistemas tan sensibles como los antárticos y subantárticos, comprender estas señales tempranas podría ser decisivo para detectar los impactos antes de que se expresen en daños difíciles de revertir. Al respecto, la profesora Orlando destaca que si bien “ningún pez murió durante el experimento, eso no significa que los estresores no hayan tenido efecto. A nivel celular, ya observamos que los organismos responden. Por lo tanto, que un organismo sobreviva a un evento de estrés no significa que ese estrés sea gratuito. El costo puede empezar a manifestarse mucho antes de que veamos consecuencias evidentes. En este caso, se activaron mecanismos relacionados con el estrés celular, la degradación de proteínas y la apoptosis, junto con señales de alteración del microbioma. Si estas respuestas se mantienen a lo largo del tiempo, podrían representar un costo para los peces”.
Acumulación de proteínas defectuosas, estrés oxidativo, inflamación, deterioro de tejidos y debilitamiento de funciones inmunitarias son parte de los posibles efectos de la persistencia de alteraciones celulares y metabólicas. En los peces estudiados, en definitiva, el costo podría expresarse como menor condición corporal, crecimiento más lento, reducción del éxito reproductivo o mayor susceptibilidad a enfermedades, y si el fenómeno afectara a muchos individuos durante periodos prolongados, eventualmente podría repercutir en la abundancia de las poblaciones. Por ello, la investigadora de la Universidad de Chile plantea que para conocer las consecuencias de largo plazo se necesitarán estudios de exposición crónica durante mayores periodos de tiempo, así como medir crecimiento, reproducción, capacidad inmunitaria, lesiones en los tejidos y recuperación una vez finalizada la exposición a estas presiones ambientales.
Monitoreo polar
Uno de los aportes potenciales del estudio es la identificación de respuestas que podrían utilizarse como señales tempranas de impacto ambiental. Los genes analizados podrían transformarse en biomarcadores si futuros trabajos comprueban que responden de manera consistente a determinadas condiciones y que sus variaciones anticipan efectos sobre la salud de los organismos. “Esta investigación nos ofrece una suerte de ‘termómetro molecular’ que permite identificar señales de alerta temprana en la fauna antártica mucho antes de que veamos mortandades masivas en el ecosistema. El análisis de la microbiota y de estos marcadores celulares podrían incorporarse a programas de monitoreo ambiental para vigilar, en etapas tempranas, qué tan impactadas están las zonas cercanas a bases o rutas marítimas frente a las áreas aún prístinas”, afirma la Dra. Daniela Nualart.
“Esta investigación nos ofrece una suerte de ‘termómetro molecular’ que permite identificar señales de alerta temprana en la fauna antártica”, destaca Daniela Nualart.
El desarrollo de un biomarcador molecular, de esta forma, permitiría detectar estrés antes de observar mortalidad, lesiones extensas o disminuciones poblacionales. En vez de esperar a que una población presente daños visibles, los investigadores podrían analizar muestras de tejidos y reconocer señales de que los mecanismos de protección y reparación celular están siendo sometidos a una presión insostenible. Para avanzar hacia esa aplicación, primero se deberá establecer cuáles genes responden específicamente a la temperatura, cuáles a los microplásticos, cuáles reaccionan a otros tipos de estrés, y cómo responde el organismo ante la combinación de estos factores. También habrá que determinar los valores normales de cada especie, sus variaciones estacionales y las diferencias relacionadas con edad, sexo, dieta o lugar de origen.
Por: Universidad de Chile
Fotografías: Daniela Nualart e Instituto Milenio BASE
La Dra. Léa Cabrol y Nayla Serey recorren desde Islandia hasta el noreste de Groenlandia, a bordo de Le Commandant Charcot.
Hasta el 14 de octubre, dos científicas del Instituto Milenio BASE participan en una nueva expedición científica por el océano Ártico. Esta tercera campaña se extiende desde Islandia hasta el noreste de Groenlandia, pasando por el archipiélago de Svalbard y Tromsø, en Noruega. El objetivo de la expedición es recopilar nuevos datos sobre las comunidades microbianas, los gradientes ambientales y el ciclo del metano.
En un contexto de cambio climático y crisis mundial de la biodiversidad, el estudio de los océanos polares, que están cambiando rápidamente, ofrece información valiosa sobre cómo responden los microorganismos a diferentes condiciones ambientales. Este desafío ha reunido a instituciones nacionales e internacionales a través del Instituto Milenio Biodiversidad de los Ecosistemas Antárticos y Subantárticos (BASE) con el fin de estudiar lo que se conoce como “biodiversidad poco percibida” y su importante papel en los procesos biogeoquímicos, en particular el ciclo del metano.
Por ello, la Dra. Léa Cabrol y la investigadora de doctorado Nayla Serey, con maestría en Ciencias, se han embarcado en una nueva expedición a bordo del rompehielos Le Commandant Charcot, operado por la empresa francesa PONANT EXPLORATIONS. La expedición se basa en los datos científicos recopilados durante campañas anteriores en aguas del Ártico y la Antártica, al tiempo que aportará nuevos conocimientos sobre las comunidades microbianas que habitan estas aguas.
Esta expedición busca recopilar nuevos datos sobre las comunidades microbianas, los gradientes ambientales y el ciclo del metano.
“Contamos con un amplio historial de datos sobre los océanos Ártico y Antártico, y esta nueva expedición nos permitirá ampliarlo al incorporar áreas que antes no habíamos podido estudiar y al aumentar la resolución de nuestro muestreo. También tendremos la oportunidad de comparar la misma zona geográfica en dos momentos distintos durante la temporada de verano”, afirma la Dra. Léa Cabrol, investigadora del Instituto Milenio BASE.
La campaña de 2026 se basa en dos expediciones anteriores al Ártico. La primera tuvo lugar en 2024, con una ruta hacia el Polo Norte, mientras que en 2025 el equipo navegó desde Reikiavik hasta el noreste de Groenlandia. En esta ocasión, la expedición parte de Islandia, continúa hacia el noreste de Groenlandia y pasa por Svalbard antes de concluir en Tromsø, Noruega.
La nueva ruta amplía la cobertura geográfica del esfuerzo de muestreo e incluye áreas que no pudieron estudiarse durante la campaña anterior. En particular, atraviesa varios frentes oceanográficos —zonas en las que las propiedades fisicoquímicas del agua, como la temperatura, la salinidad y las concentraciones de nutrientes, cambian drásticamente en tan solo unos pocos kilómetros—. Estas áreas sirven como laboratorios naturales clave para comprender mejor cómo el cambio ambiental afecta al mundo microbiano marino.
Es la tercera expedición que el equipo de científicas lleva a cabo en el Ártico.
Durante la expedición, las científicas recolectan continuamente muestras de agua de mar superficial y también toman muestras de agua a diferentes profundidades utilizando el equipo oceanográfico disponible a bordo. Además, tienen acceso a plataformas de hielo marino, lo que les permite estudiar los microorganismos que viven en el hielo y en el agua que se encuentra debajo de él a medida que el hielo se derrite. A bordo, las científicas utilizan los laboratorios del barco para procesar las muestras, filtrar el agua y medir el metano disuelto.
De regreso en su laboratorio en Santiago, Chile, las científicas extraerán material genético de las muestras para estudiar la composición y la función de las comunidades microbianas mediante secuenciación de última generación. Los datos recopilados durante la expedición también contribuirán a la investigación de doctorado de Nayla Serey, aportando nuevas observaciones sobre las comunidades microbianas y su relación con las condiciones ambientales. De esta manera, la campaña agregará un nuevo conjunto de datos al registro establecido durante las expediciones de 2024 y 2025, lo que permitirá al equipo seguir investigando cómo varían estos parámetros a lo largo del Océano Ártico.
Durante la expedición, las investigadoras han podido contemplar las conocidas auroras boreales, características del hemisferio norte del planeta.
“Participar en una nueva expedición al Ártico es un privilegio como investigadora en los inicios de su carrera. Nuestros datos científicos son el resultado de un trabajo de colaboración internacional, y creo que pueden aportar una contribución significativa a mi tesis doctoral”, afirma Nayla Serey. Su tesis, titulada “Comunidades procariotas asociadas al ciclo del metano en los océanos polares: diversidad, potencial funcional y respuesta al cambio ambiental”, desarrollada en colaboración con la Dra. Léa Cabrol y la Dra. Julieta Orlando, examina cómo las comunidades microbianas responden a los cambios ambientales en los océanos polares y cómo estos cambios influyen en su papel en el ciclo del metano en estas regiones.
La comparación temporal será uno de los elementos clave para complementar los datos recopilados en 2024 y 2025. Si bien esas expediciones se llevaron a cabo al inicio de la temporada de verano, la campaña de 2026 se realiza más adelante en la temporada. “Incluso cuando el muestreo se realiza en áreas geográficas similares, las condiciones ambientales pueden variar según la época del año en que se recogen las muestras”, explican las científicas.
Una conexión científica vital
La región de estudio abarca una conexión entre los océanos Ártico y Atlántico, donde se forman frentes a medida que interactúan diferentes masas de agua. En estas áreas, el equipo puede observar variaciones en parámetros como la temperatura, la salinidad y las concentraciones de nutrientes, y examinar cómo estos gradientes ambientales se relacionan con la composición y distribución de las comunidades microbianas. Para ello, se recolectan muestras para análisis microbiológicos, mientras que las mediciones de metano se realizan con equipo especializado.
De regreso en su laboratorio, las científicas extraerán material genético de las muestras para estudiar la composición y la función de las comunidades microbianas.
“Queremos estudiar cómo varían las comunidades microbianas a lo largo de estos gradientes ambientales en los océanos polares y cómo se relacionan con el ciclo del metano. Los nuevos sitios de muestreo nos permitirán complementar la información que ya tenemos y observar estas variaciones en una escala geográfica más amplia”, destaca Nayla Serey.
El metano es un potente gas de efecto invernadero cuya concentración atmosférica ha aumentado exponencialmente durante el último siglo. Los microorganismos son los principales responsables tanto de su producción como de su consumo, y actúan como reguladores clave del clima global. Aún no se comprende del todo el papel del océano como fuente o sumidero de metano, especialmente en regiones polares altamente dinámicas como los océanos Ártico y Antártico. Por lo tanto, es fundamental evaluar el potencial de emisión y absorción de metano de estos océanos a lo largo de amplios gradientes ambientales y durante varios años, así como identificar los microorganismos que regulan este ciclo.
La expedición se lleva a cabo en un contexto de cambios observados en diferentes componentes del sistema ártico. Según el Informe sobre el Ártico 2025, publicado por la Administración Nacional Oceánica y Atmosférica (NOAA) de EE. UU., las temperaturas de la superficie del mar en casi todas las regiones libres de hielo del Océano Ártico durante el mes de agosto han mostrado una tendencia al alza desde 1982, con un aumento promedio de aproximadamente 0,3 °C por década al norte de los 65° N.
Esta tercera campaña oceanográfica en el Ártico del Instituto Milenio BASE fortalece la investigación comparativa entre los dos océanos polares y amplía la presencia de la ciencia chilena en la investigación polar internacional.
Fuente y fotografías: Oficina de Comunicaciones, Instituto Milenio BASE, Chile.
Catalina Martínez es estudiante de pregrado, asociada al Instituto Milenio BASE por su trabajo junto al Dr. Kurt Paschke.
La experiencia permitió profundizar conocimientos sobre las respuestas fisiológicas de organismos acuáticos frente a escenarios de cambio climático, a través de clases y experimentos desarrollados en un laboratorio especializado.
Entre el 17 de julio y el 15 de agosto, Catalina Martínez Alcota, estudiante de cuarto año de Ingeniería Ambiental de la Sede Puerto Montt de la Universidad Austral de Chile (UACh), participó en el curso “Ecofisiología Aplicada”, desarrollado en la Unidad Multidisciplinaria de Docencia e Investigación (UMDI) de la Facultad de Ciencias de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), ubicada en Sisal, estado de Yucatán, México.
La experiencia contempló formación teórica y actividades prácticas en el Laboratorio de Ecofisiología Aplicada (LABECOA), donde abordó contenidos relacionados con bioenergética, metabolismo, respiración mitocondrial y sistema antioxidante. Asimismo, participó en experimentos de hipoxia y conducta de escape.
Los contenidos se desarrollaron en el contexto de los efectos que el cambio climático puede generar sobre los ecosistemas acuáticos, considerando escenarios como el aumento de la temperatura y la disminución del oxígeno disuelto en el agua. En este marco, el estudio de las respuestas fisiológicas de los organismos permite comprender cómo podrían enfrentar modificaciones en las condiciones ambientales.
La pasantía logró concretarse con el apoyo del Dr. Carlos Rosas, académico de la UNAM.
La participación de Catalina en esta experiencia surgió a partir de la invitación del Dr. Kurt Paschke, académico de la Universidad Austral de Chile e integrante, al igual que la estudiante, del Instituto Milenio Biodiversidad de Ecosistemas Antárticos y Subantárticos (BASE). La invitación se concretó con el apoyo del Dr. Carlos Rosas, académico de la UNAM, permitiendo su incorporación al curso y al trabajo desarrollado en el laboratorio.
Sobre la trayectoria de esta colaboración entre ambas instituciones, el Dr. Kurt Paschke explicó:
“El curso de ‘Ecofisiología Aplicada’ en la UMDI-Sisal se desarrolla en conjunto desde 2010 y forma parte de la colaboración que mantiene el Instituto de Acuicultura y Medio Ambiente de la UACh con el Dr. Carlos Rosas y la UNAM desde hace más de 20 años. Esta relación también se ha extendido a los programas de postgrado que se imparten en la Sede Puerto Montt, donde el Dr. Rosas participa como profesor”.
Esta relación permitió que la estudiante pudiera incorporarse a una instancia de formación originalmente dirigida a estudiantes de postgrado de la UNAM. En este contexto, el académico destacó la importancia de abrir estas oportunidades a estudiantes de pregrado:
“Si bien el curso está destinado al postgrado de la UNAM, como alumna destacada se le ofreció a Catalina la posibilidad de participar, previa aceptación de los profesores responsables. Para nuestros estudiantes, acceder a este tipo de experiencias es muy enriquecedor, porque les permite conocer otras metodologías de trabajo, acercarse a nuevas líneas de investigación y compartir con estudiantes y académicos de distintas etapas de formación”.
Durante la estadía en México, Catalina pudo compartir experiencias y aprendizajes con estudiantes de pregrado, magíster y doctorado.
Además de los contenidos científicos, la pasantía permitió conocer nuevas metodologías de trabajo experimental y compartir con estudiantes y académicos vinculados al área de las ciencias marinas y la ecofisiología. Para Catalina, la experiencia significó una oportunidad de crecimiento tanto en el ámbito académico como personal:
“Si tuviera que definir esta experiencia, en una palabra, sería aprendizaje. Fue una instancia que me permitió crecer tanto en el ámbito académico como en lo personal, al conocer por primera vez México, su cultura, sus paisajes y su gente. También tuve la oportunidad de compartir con estudiantes de licenciatura, magíster y doctorado, lo que me permitió conocer cómo es la vida universitaria allá”.
Entre las metodologías que conoció se encuentra la respirometría intermitente y el trabajo con equipos especializados, como el respirómetro Oroboros O2k, utilizado para estudiar la respiración mitocondrial. También participó en experimentos relacionados con la conducta de los organismos frente a determinadas condiciones ambientales.
La pasantía también permitió acercarse a especies y ecosistemas diferentes a los de su entorno habitual, como el pulpo Octopus maya, los cangrejos violinistas, los manglares y los cenotes. Esta experiencia le permitió observar cómo las características particulares de cada territorio se relacionan con distintos desafíos ambientales. En este sentido, valoró especialmente la posibilidad de ampliar su mirada sobre las problemáticas ambientales presentes en distintos territorios:
Una oportunidad que también le permitió acercarse a especies y ecosistemas diferentes a los de su entorno habitual.
“Conocer estos nuevos ecosistemas me permitió comprender que las características de cada territorio generan desafíos ambientales diferentes. Esta experiencia fue especialmente significativa para mi formación como futura ingeniera ambiental y me permitió ampliar mi mirada sobre las distintas áreas en las que puedo desarrollarme profesionalmente”.
La participación de Catalina en esta instancia se enmarca en los vínculos de colaboración que mantiene la Sede Puerto Montt de la Universidad Austral de Chile con instituciones académicas nacionales e internacionales, los que permiten generar espacios de intercambio y acercamiento a distintas comunidades científicas.
Por: Sede Puerto Montt UACh
Fotos: Cortesía de Sede Puerto Montt UACh
Daniela Nualart es doctora en Ciencias de la Acuicultura de la Facultad de Ciencias UACh de Valdivia.
Seleccionada entre más de mil postulantes para formar parte de la Escuela São Paulo de Ciencia Avanzada (ESPCA) en Microplásticos, la Dra. Daniela Nualart Carrasco, investigadora de la UACh y del Instituto Milenio BASE, viaja a Campinas, Brasil.
Entre el 1 y el 11 de septiembre, investigadores e investigadoras de distintas partes del mundo se reúnen en la Universidad Estatal de Campinas (Unicamp) para abordar los desafíos asociados a la contaminación por plásticos y microplásticos.
La Dra. Daniela Nualart Carrasco, investigadora de la Facultad de Ciencias de la Universidad Austral de Chile (UACh), del Instituto de Ciencias Marinas y Limnológicas (ICML) y adscrita al Instituto Milenio BASE, forma parte del grupo de 125 participantes seleccionados entre 1.103 postulantes. La convocatoria reunió a investigadores de 35 países, con 75 participantes de Brasil y 50 provenientes de otros países.
La Dra. Daniela Nualart fue seleccionada entre más de mil postulantes, para formar parte del curso.
La instancia busca entregar una formación multidisciplinaria sobre micro y nanoplásticos, abordando aspectos relacionados con su química, comportamiento, impactos ambientales y posibles respuestas desde las políticas públicas. El programa contempla conferencias, actividades teóricas y prácticas, presentación de investigaciones y espacios de intercambio entre científicos y científicas en distintas etapas de sus carreras.
“Estoy muy contenta de haber sido seleccionada para participar en esta escuela, especialmente por la oportunidad de compartir con investigadores e investigadoras de distintas generaciones y de diferentes partes del mundo. Los microplásticos son un problema ambiental complejo que requiere una mirada interdisciplinaria, y esta instancia nos permite conocer nuevas aproximaciones”, expresa la Dra. Daniela Nualart Carrasco, también investigadora del Laboratorio de Fisiología de Peces (Fish Physio Lab) de la UACh.
Al curso llegaron investigadoras e investigadores de más de 50 países diferentes.
Por: Instituto Milenio BASE / Constanza Barrientos Soto
Fotografías: Daniela Nualart
El Premio Estella Buccheister fue creado en honor a la académica e historiadora chilena.
El reconocimiento fue entregado durante la clausura del XXVI Encuentro de Historiadores Antárticos Latinoamericanos (EHAL), el cual tuvo lugar en Valparaíso, desde el 27 hasta el 28 de agosto.
Las investigadoras del Instituto Milenio BASE Giovannina Sutherland Condorelli, María Jesús Maibe Muñoz y Carolina Flores Barros fueron reconocidas con el Premio Estella Buccheister, otorgado por la Fundación Valle Hermoso en el marco del XXVI Encuentro de Historiadores Antárticos Latinoamericanos (EHAL).
El encuentro se desarrolló los días 27 y 28 de agosto en Valparaíso y reunió a especialistas vinculados a la historia y los estudios antárticos. El reconocimiento se entrega periódicamente a personas que destacan por su compromiso con temas de interés nacional, entre ellos la Antártica, además de valorar el trabajo colaborativo y en equipo.
De izquierda a derecha: Giovannina Sutherland, María Jesús Maibe y Carolina Flores. Fotos: I. Milenio BASE / N. Politis
Las tres investigadoras forman parte del Programa de Estudios Antárticos (U-Antártica) de la Facultad de Derecho de la Universidad de Chile, dirigido por el Dr. Luis Valentín Ferrada, investigador principal del Instituto Milenio BASE. Creado en 2015, el programa desarrolla labores de docencia, investigación y extensión en materias político-jurídicas antárticas, promoviendo además el diálogo entre las humanidades, las ciencias sociales y los estudios antárticos.
En el evento, Giovannina Sutherland participó como expositora con la presentación “Rol de la diplomacia chilena en la Cuestión Antártica de 1956. Gestiones frente a India y el Grupo Latinoamericano”, investigación que aborda el papel de la diplomacia chilena en un período clave para la historia de la cuestión antártica. De igual forma, el Dr. Luis Valentpin Ferrada, presentó “Gobernanza antártica: visión comparativa latinoamericana”.
Miembros de la Fundación Valle Hermoso y del Programa U-Antártica, liderado por el Dr. Luis Valentín Ferrada.
“La Fundación Valle Hermoso realiza un enorme aporte al conocimiento antártico nacional, especialmente a través del Centro de Estudios Hemisféricos y Polares y de su revista. Su labor se centra en promover la educación en torno al Sexto Continente y en rescatar figuras de alto valor histórico para Chile, siempre desde una perspectiva multidisciplinaria y en constante diálogo con distintas áreas del conocimiento. Pero, ante todo, es el valor humano de la fundación y de quienes la integran lo que nos inspira en cada encuentro, acompañando y apoyando a los investigadores que nos acercamos”, expresó Giovannina Sutherland.
Giovannina, además, fue la encargada de recibir el Premio Estella Buccheister en representación de las tres investigadoras. María Jesús Maibe pudo acompañarla al cierre de la actividad, instancia en la que ambas compartieron con la profesora Consuelo León Woppke y el profesor Mauricio Jara, integrantes del directorio de la Fundación Valle Hermoso y organizadores del encuentro.
Giovannina Sutherland participó como expositora en el XXVI EHAL.
“Desde la creación del Programa de Estudios Antárticos y bajo la guía del profesor Luis Valentín Ferrada, hemos logrado consolidar una línea de trabajo en la que el esfuerzo colectivo resulta fundamental. En ese sentido, trabajar junto a Carolina y Giovannina ha sido realmente un privilegio y un orgullo. El año pasado ese esfuerzo se vio reflejado en nuestro último trabajo en conjunto realizado, cuando nos adjudicamos fondos en el marco del Concurso para el Desarrollo de Estudios de la Política Exterior 2025, de la Subsecretaría de Relaciones Exteriores del Ministerio de Relaciones Exteriores de Chile”, comentó María Jesús Maibe.
Por su parte, Carolina Flores, dice que “fue un gran privilegio haber recibido este reconocimiento. Especialmente al enterarnos de la historia y aportes realizados por doña Estella Buccheister al conocimiento antártico. Es un honor ser reconocidas con un premio que lleva su nombre y que refleja el cariño de sus colegas y amigos de la Fundación Valle Hermoso. Lo recibimos en representación de los integrantes del Programa de Estudios Antárticos y del Instituto Milenio BASE, en el cual valoramos el constante trabajo colaborativo y compañerismo. Este premio nos inspira a continuar mejorando y aportando desde la perspectiva jurídica y de la gobernanza”.
Con más de dos décadas de trayectoria, el Encuentro de Historiadores Antárticos Latinoamericanos (EHAL) busca ser un espacio de intercambio académico para investigadoras e investigadores antárticos que trabajan desde la historia, la política y el derecho. Y, a través del Premio Estella Buccheister, fomentar la colaboración y compromiso con los temas interés nacional.
Por: Instituto Milenio BASE
Fotografías: Giovannina Sutherland
Con una delegación de 16 integrantes, el Instituto Milenio BASE participa en la 12ª Conferencia de Ciencia Abierta de SCAR, uno de los principales encuentros internacionales dedicados a la investigación antártica. Científicos, científicas y profesionales del centro de excelencia ANID llegaron hasta la ciudad de Oslo para compartir resultados de investigación, experiencias, y avances en torno al estudio y difusión del continente helado.
Dr. Gary Wilson, presidente del Comité Científico de Investigación Antártica (SCAR) y experto en geología marina y cambio climático polar. Foto: Constanza Barrientos.
Durante agosto, Oslo se convierte en uno de los principales puntos de encuentro de la investigación antártica mundial. La capital noruega recibe a especialistas de distintos países y disciplinas en un programa con cerca de 50 sesiones científicas, orientadas a compartir nuevos conocimientos y fortalecer la colaboración internacional en torno a la Antártica y el océano Austral.
A ellos se suma una nueva generación de investigadores e investigadoras que presentará avances y resultados de sus trabajos en ciencia antártica. Entre ellos, investigadores jóvenes: Daly Noll (U. Lagos), Giovannina Sutherland (Derecho U.Chile/ ICLAC), Jordan Hernández (UCM), Franco Cruz (Universidad Santo Tomás), Albert Palomino (UACh), Miguel Ángel Salazar (Universidad de Rennes), Eduardo Pizarro (PUC/CRG) y Morgane Durand (Museo Nacional de Historia Natural de Francia).
Dr. Elie Poulin participa en mesas temáticas y exposición de resultados científicos. Foto: Constanza Barrientos.
“Participar nuevamente en SCAR, con una delegación diversa, nos permite compartir el conocimiento que estamos generando desde el Instituto Milenio BASE y, al mismo tiempo, fortalecer nuestros vínculos con una comunidad científica internacional que será fundamental para los desafíos que vienen. Estamos avanzando hacia hitos de gran relevancia para la ciencia polar, como el próximo Año Polar Internacional: 2032-2033, y estos espacios son claves para construir desde ahora nuevas colaboraciones y preguntas científicas”, destaca Elie Poulin, director del Instituto Milenio BASE y académico de la Facultad de Ciencias de la Universidad de Chile.
Constanza Barrientos expone sobre el próximo libro BASE “Buceamos con mamá… ¡En la Antártica!” (Editorial SurCiencia). Foto: Giovannina Sutherland.
Desde la Dirección de Comunicaciones y Educación (DIRECOM), también participa la periodista científica Constanza Barrientos, quien realizará tres presentaciones orales y un póster. Su participación buscará dar a conocer experiencias en divulgación científica antártica desarrolladas por el Instituto Milenio BASE para acercar el conocimiento polar a distintos públicos.
Las presentaciones de la también presidenta de la Fundación Coalición Jóvenes Antárticos de Chile, en Punta Arenas, abordarán experiencias en literatura infantil, educación antártica, Inteligencia Artificial y nuevas tecnologías, mostrando cómo distintos lenguajes, formatos y herramientas pueden contribuir a ampliar el alcance social del conocimiento generado sobre la Antártica.
Por: Nadia Politis
Fotografías: Constanza Barrientos desde Oslo, Noruega.
Más de mil fotografías de mariposas árticas capturadas en Canadá permitirán comparar la forma de sus alas con la de ejemplares recolectados a lo largo de Chile. La investigación busca identificar posibles similitudes evolutivas entre insectos que habitan algunos de los ambientes más extremos del planeta.
Para comparar la forma de las alas de mariposas del Ártico y del sur de Chile, mediante técnicas de morfometría geométrica, Catalina hizo mil registros fotográficos.
Durante una semana, la estudiante del Magister en Ciencias Biológicas de la Universidad de Chile (UCh) y del Instituto Milenio BASE, Catalina Aguilar, permaneció en la Colección Nacional Canadiense de Insectos, Arácnidos y Nematodos. Registró más de mil fotografías de mariposas árticas para compararlas con ejemplares recolectados a lo largo de Chile, desde el altiplano hasta territorio subantártico.
Las regiones polares y subpolares se encuentran entre los ambientes más extremos del planeta. Condiciones climáticas desafiantes obligan a las especies que habitan estos ecosistemas a desarrollar diversas estrategias de supervivencia. Pero ¿ocurre algo similar en organismos que viven en extremos opuestos del mundo?
Catalina es estudiante del Magister en Ciencias Biológicas de la UCh y del Instituto Milenio BASE. También asociada al EME Lab, dirigido por el Dr. Hugo Benítez.
Esa es una de las preguntas que busca responder Catalina Aguilar, estudiante de la Universidad de Chile, asociada al Laboratorio de Ecología y Morfometría Evolutiva (EME Lab) y del Instituto Milenio Biodiversidad de Ecosistemas Antárticos y Subantárticos (BASE), quien recientemente realizó una estadía de investigación en Ottawa, Canadá.
Durante una semana, Catalina trabajó en la Colección Nacional Canadiense de Insectos, Arácnidos y Nematodos, perteneciente al Departamento de Agricultura del Research Branch en Canadá. Allí tuvo acceso a ejemplares de mariposas árticas pertenecientes a la misma familia que estudia en Chile, las mariposas del género Colias.
“La idea era poder observar y registrar mariposas que vuelan en ambientes tan extremos como el Ártico para compararlas con las que hemos estudiado en Chile, incluyendo ejemplares recolectados desde el altiplano hasta territorios subantárticos”, explica la estudiante.
La visita fue posible gracias a una colaboración entre su supervisor de tesis, el académico de la Universidad Andrés Bello (UNAB) e investigador del Instituto Milenio BASE y Centro Internacional Cabo de Hornos (CHIC), Dr. Hugo Benítez, y especialistas de la colección canadiense, que alberga valioso material biológico proveniente de distintas zonas del Ártico.
En Chile, Catalina se encuentra estudiando las mariposas del género Colias, pertenecientes a la misma familia fotografiada en Canadá. Foto: Ernesto Octavio Guzmán Tapia / INaturalist
“Este tipo de experiencias son muy valiosas para los estudiantes. Por supuesto, también permiten fortalecer vínculos científicos entre investigadores de Chile y Canadá y abren nuevas oportunidades de colaboración para el estudio de insectos adaptados a ambientes extremos”, indica el también investigador del Instituto One Health de la UNAB y director del EME Lab, Dr. Hugo Benítez.
Como parte del trabajo, Catalina Aguilar tomó más de mil fotografías de ejemplares preservados, generando una base de datos que permitirá analizar en detalle la forma de sus alas mediante técnicas de morfometría geométrica.
Esta metodología permite comparar estructuras biológicas con alta precisión y detectar patrones que no siempre son evidentes a simple vista. En este caso, el objetivo es evaluar si las mariposas que habitan ambientes fríos extremos presentan similitudes morfológicas asociadas a su adaptación evolutiva.
La estadía de Catalina se desarrolló gracias a una colaboración del Dr. Hugo Benítez con equipos de trabajo canadienses.
“Queremos saber si existen características compartidas en las alas de estas mariposas que puedan estar relacionadas con la capacidad de sobrevivir y volar en climas tan extremos. Si encontramos patrones similares entre especies del Ártico y del extremo sur de Sudamérica, podríamos obtener nuevas pistas sobre cómo la evolución responde a condiciones ambientales comparables”, señala Aguilar.
Los resultados de este trabajo contribuirán a comprender mejor la biodiversidad de los ecosistemas fríos del planeta y los mecanismos que permiten a distintas especies enfrentar desafíos ambientales similares, aun cuando se encuentran separadas por miles de kilómetros.
Por: Constanza Barrientos Soto
Foto de portada: Catalina Aguilar
El océano Austral es aquel que rodea el continente antártico. Está conformado por diferentes subáreas marinas, entre ellas, la 48.1 y la 48.2, cerca de la península antártica. Foto: CCRVMA
El evento reunirá a equipos científicos, administradores de recursos, representantes de la industria pesquera y ONGs. Tiene como objetivo fortalecer el conocimiento científico disponible sobre la Subárea 48.2, una extensa región del océano Austral.
Desde el 22 al 26 de junio de 2026, la ciudad de Hazyview, en Sudáfrica, será sede de un encuentro científico internacional dedicado a la gestión y conservación de los ecosistemas marinos antárticos. Se trata del Taller sobre la Armonización y Planificación Espacial en la Subárea 48.2 de la Convención para la Conservación de los Recursos Vivos Marinos Antárticos (CCRVMA o CCAMLR, por sus siglas en inglés), instancia que reunirá a equipos científicos, representantes de la industria pesquera y especialistas en monitoreo de ecosistemas provenientes de distintos países.
De izquierda a derecha: Francisco Santa Cruz, Andrea Piñones y César Cárdenas. Fotos: I. Milenio BASE
La actividad tiene como objetivo organizar y fortalecer el conocimiento científico disponible sobre la Subárea 48.2 (islas Orcadas del Sur), una extensa región del océano Austral donde opera la pesquería de kril antártico (Euphausia superba), una especie clave para el ecosistema marino de la Antártica y fuente de alimento para numerosas especies, entre ellas ballenas, focas y pingüinos.
Uno de los principales resultados esperados del taller será recopilar y organizar la información científica disponible aportada por los distintos países miembros de la CCRVMA en un conjunto de metadatos que permita futuros análisis. Además, los participantes evaluarán si las herramientas de gestión utilizadas actualmente en la Subárea 48.1 (península Antártica) pueden aplicarse en la Subárea 48.2 o si es necesario desarrollar enfoques alternativos adaptados a las características de esta región.
La CCRVMA (CCAMLR, por sus siglas en inglés) trabaja por conservar la flora y fauna marina del océano Austral. Foto: I. Milenio BASE
El encuentro también servirá como espacio de diálogo entre equipos científicos, administradores de recursos, representantes de la industria pesquera, organizaciones no gubernamentales y observadores de la CCRVMA. A través de estas discusiones se buscará avanzar en temas como los límites precautorios de captura del kril, el conocimiento actual sobre sus poblaciones y desplazamientos, y la armonización de distintas iniciativas de conservación marina propuestas para el área, incluida la propuesta de establecimiento del Área Marina Protegida en el Dominio 1 (AMPD1).
Entre las participantes se encuentra la oceanógrafa Dra. Andrea Piñones, académica de la Facultad de Ciencias UACH e investigadora adjunta al Instituto Milenio BASE, quien fue invitada como experta para contribuir a las discusiones científicas del taller. “El objetivo de esta labor es poder generar un plan de trabajo que permita identificar dónde es necesario enfocar los esfuerzos científicos y qué recomendaciones pueden entregarse a la CCRVMA para apoyar la toma de decisiones”, explica la Dra. Piñones.
El equipo del LaPAB UACH, trabajó en un Workin Paper que será presentado en el encuentro en Sudáfrica. Foto: I. Milenio BASE
Como parte de la preparación para esta instancia internacional, el equipo del Laboratorio de Procesos Acoplados Biofísicos (LaPAB) de la UACH, liderado por la Dra. Piñones, desarrolló un documento científico de trabajo (Working Paper), que detalla los procesos oceanográficos, dinámica de hielo marino y patrones de circulación oceánica, que modulan la productividad y conectividad poblacional del kril en la región de las islas Orcadas del Sur, el cual será presentado durante el encuentro. En esta labor participaron Juan Höfer, académico de la Pontificia Universidad Católica de Valparaíso; Ángela Bahamonde, investigadora adscrita del Instituto Milenio BASE; Juan Manuel Sayol, académico de la Universidad de Alicante; y Paula Amador y Octavio Mercado- Peña, ambos investigadores jóvenes del LaPAB. Este estudio se une a otros documentos preparados por los proponentes chileno/argentinos de la AMPD1.
Francisco Santa Cruz destaca que “esta instancia representa una oportunidad para fortalecer el conocimiento científico sobre una región que, por las dificultades logísticas, ha sido comparativamente poco estudiada, pero paradójicamente sostiene las mayores capturas de kril del océano Austral. El taller buscará identificar información disponible, brechas de conocimiento y prioridades de investigación para una mejor conservación y manejo sustentable de este ecosistema”.
El kril antártico (Euphausia superba) es una especie de crustáceo malacostráceo del orden Euphausiacea. Foto: Adobe Stock
“Asimismo, valora la participación de Chile en la coordinación de este encuentro internacional, y destaca la participación de la Dra. Andrea Piñones y el Dr. Juan Höfer, especialistas de renombre internacional referentes en el estudio de la conectividad oceanográfica y los procesos biofísicos que estructuran los ecosistemas marinos antárticos”, agrega el coordinador del evento.
Por su parte, el Dr. César Cárdenas, indica que “este tipo de talleres son importantes ya que permiten invitar a expertos que no participan normalmente en las reuniones, permitiendo aunar esfuerzos y expertises para planificar de mejor manera el manejo espacial y el uso sostenible de los recursos. Así lo que sale de este tipo de talleres posteriormente es analizado por los grupos de trabajo y luego se transforman en recomendaciones que son discutidas en el Comité Científico y luego en la Comisión para que tome decisiones”.
Los resultados de este taller contribuirán al trabajo futuro del Comité Científico de la CCRVMA, organismo encargado de asesorar a los países miembros sobre medidas de conservación y manejo sostenible de los recursos marinos antárticos, asegurando que las decisiones se basen en la mejor evidencia científica disponible.
Por: Constanza Barrientos Soto
Foto portada: INACH / Harry Díaz
Con el objetivo de fortalecer la enseñanza de las ciencias naturales en el país, el investigador adscrito del Instituto Milenio BASE, Emanuel Sotelo, fue nombrado director de difusión y comunicaciones de la Sociedad Chilena de Educación Científica (SChEC) para el período 2026–2027. Un nuevo rol que también buscará abrir nuevos espacios de colaboración docente en materia de educación antártica.
Fortalecer la visibilidad de la educación científica, junto con ampliar vínculos con comunidades académicas, escolares y públicas, son parte de los desafíos que el investigador adscrito del Instituto Milenio BASE Emanuel Sotelo desarrollará en su nuevo rol como director de difusión y comunicaciones de la Sociedad Chilena de Educación Científica (SChEC) para el período 2026–2027.
Emanuel Sotelo es Magíster en Didáctica de las Ciencias Experimentales por la Pontificia Universidad Católica de Valparaíso. Foto: Nadia Politis
“Es una responsabilidad que asumo con mucho entusiasmo, porque creo profundamente en la importancia de fortalecer la educación científica en Chile desde una perspectiva crítica, cercana y situada. En un contexto marcado por desafíos socioambientales y desinformación, la divulgación y la comunicación científica tienen un rol clave para abrir espacios de diálogo entre docentes, investigadores, comunidades educativas y ciudadanía”, afirma el docente.
El anuncio se da en el contexto de la elección de un nuevo directorio de la SChEC, conformada por Yefrin Ariza (presidente), Joyce Maturana (vicepresidenta), María Antonieta Órdenes (tesorera), Gonzalo Guerrero (secretario), Eduardo Guzmán (director de Ámbito Docente), Camila Chamorro (directora de Política Pública), Camilo Vergara (director científico), Katherine Acosta (directora Zonal Norte), Tamara Véliz (directora Zonal Sur), Luis Miño (coordinador Zona Centro-Sur) y Catalina Iturbe (coordinadora Sur-Austral), proponiendo avanzar en la creación de espacios de encuentro interdisciplinario, la construcción de consensos compartidos en un escenario de tensiones sociales y educativas, así como en la promoción de una educación científica crítica, reflexiva y socialmente situada.
Emanuel Sotelo es Licenciado en Ciencias Naturales y Profesor de Educación Media en Biología y Química por la Universidad de Chile, y Magíster en Didáctica de las Ciencias Experimentales por la Pontificia Universidad Católica de Valparaíso. Cuenta además con un Minor en Asuntos Antárticos y actualmente se encuentra en proceso de finalización del Máster Universitario en Didáctica de la Física y la Química en la Universidad Internacional de La Rioja (UNIR), España. Se ha desempeñado como profesor de Biología y Química en el Liceo Darío E. Salas, de Santiago, desarrollando su labor en segundo ciclo y educación media.
Sotelo también es investigador adscrito al Instituto Milenio BASE, participando en iniciativas de investigación educativa, formación docente y divulgación científica sobre temáticas vinculadas a la Antártica a través de la “Unidad de Escuelas y Docencia” de la institución. En este marco, ha desarrollado una línea de trabajo orientada a la Alfabetización Científica Crítica Antártica, entendida como un enfoque que busca promover la comprensión de la Antártica no solo como objeto de estudio científico, sino también como territorio pedagógico para abordar controversias sociocientíficas, desafíos socioambientales y procesos de toma de decisiones informadas en la formación inicial docente en ciencias.
El investigador adscrito del Instituto Milenio BASE asume como director de difusión y comunicaciones SChEC período 2026–2027. Foto: Nadia Politis
Durante el año 2022, en el marco de su pasantía en la Unidad de Investigación de la Facultad de Ciencias de la Universidad de Chile, liderada por la Dra. Julieta Orlando, Emanuel tuvo un rol clave en el desarrollo de los e-books del Instituto Milenio BASE: “¿Qué se estudia en la Antártica?” (2023), y “Factores globales en los ecosistemas del océano Austral” (2024) basado en controversias científicas. Ambos en el marco de la certificación Sello Antártico Institucional CIGA-UMAG.
El docente destacó que el nombramiento en la SChEC, se vincula de manera natural con su trayectoria en docencia, investigación y divulgación científica, ámbitos en los que ha desarrollado diversas iniciativas orientadas a acercar el conocimiento científico a distintos públicos: “Este nuevo rol abre oportunidades para fortalecer la comunicación pública de la educación científica en Chile, visibilizando el trabajo que realizan docentes, investigadoras, investigadores, equipos de investigación, socias y socios de la SChEC en distintos territorios.”, sostuvo.
Desde su fundación en 2013, la Sociedad Chilena de Educación Científica (SChEC) reúne a investigadoras, investigadores, docentes y profesionales comprometidos con el fortalecimiento de la educación científica en Chile. Entre sus principales líneas de trabajo destacan la promoción de la didáctica de las ciencias, el desarrollo de investigación educativa, la formación docente y la generación de espacios de diálogo e intercambio entre distintos actores del sistema educativo. Más información en https://schec.cl
Por: Nadia Politis
Fotografías: Instituto Milenio BASE, Emanuel Sotelo
Chatbot antárticoProyecto Instituto Milenio BASE
Escribe tu mensaje para contactarnos por WhatsApp
¡Hola! Soy un kril antártico ❄️ 🦐
Y seré tu guía para conocer más sobre la Antártica. ¿Tienes alguna pregunta? 👇