El muestreo buscó dar con plantas del género Deschampsia (izquierda) y Baccharis (derecha). 

La expedición subantártica tuvo como objetivo dar con dos géneros de plantas que juegan un rol ecológico importante y que son fundamentales para el estudio del cambio climático en ambientes australes: Deschampsia y Baccharis.

Liderada por el Dr. Pablo Guerrero, académico de la Universidad de Concepción (UdeC) e investigador del Instituto Milenio BASE y del Instituto de Ecología y Biodiversidad (IEB), y por el Dr. Gastón Carvallo de la Pontificia Universidad Católica de Valparaíso (PUCV) y del IEB, la exploración subantártica abarcó los alrededores de la comuna de Torres de Paine, isla Grande de Tierra del Fuego y cerro Mirador en la ciudad de Punta Arenas.

“Se suele creer que lugares de climas extremos, como la región de Magallanes, tienen poca diversidad de plantas, pero no es así, la flora de la zona es muy heterogénea y se encuentra distribuida en diversos ambientes”, señaló el Dr. Pablo Guerrero. Durante siete días, los académicos buscaron especies del pasto Deschampsia y del arbusto Baccharis, dos plantas cuyo rol es clave para entender el impacto que el cambio global tiene sobre los ecosistemas subantárticos.

Torres del Paine, isla Tierra del Fuego y cerro Mirador en Punta Arenas, fueron los principales puntos de muestreo.

El recorrido partió desde la comuna de Torres del Paine en la provincia de Última Esperanza, continuó por la Reserva Karukinka y alrededores en isla Grande Tierra del Fuego y finalizó en el cerro Mirador de Punta Arenas. Con más de 200 puntos de muestreo, las especies Deschampsia antarctica y Baccharis magellanica fueron la más importantes dentro de sus respectivos géneros, dentro de la región monitoreada.

“Parece un pasto común de la región de Magallanes, pero si miras con detalle notarás que sus hojas son más finas y alborotadas”, explicó el Dr. Pablo Guerrero, al referirse a la apariencia del llamado pasto antártico, D.  antarctica. Este puede ser encontrado desde la región de Magallanes hasta la península del continente helado; creciendo en zonas de deshielo y suelos rocosos, está adaptada para sobrevivir en condiciones de frío extremo, tolerando temperaturas incluso debajo de los -20° C.

“El ambiente subantártico se caracteriza por poseer una gran extensión en términos de superficie con bastante heterogeneidad de ambientes, dentro de los cuales destaca el de alta montaña que se asemeja bastante a las condiciones de la Antártica marítima. Es en este ambiente de alta montaña donde encontramos D. antarctica”, señala el director del Laboratorio de Biogeografía, Macro-evolución y Sistemática (BIOMAS), Dr. Pablo Guerrero.

D. antarctica, conocida como pasto antártico, puede encontrarse desde la región de Magallanes hasta la península del continente helado.

Tras la recolección de ejemplares de D. antarctica, el equipo estudiará cómo estas plantas reaccionan a nivel molecular frente a los cambios del ambiente, mediante la caracterización de su ARN, una molécula que permite inferir qué está ocurriendo dentro de la planta y qué genes están activos en ese momento. De manera complementaria, en terreno se realizó la caracterización fenológica de las distintas poblaciones muestreadas, con el fin de determinar la etapa de desarrollo en la que se encontraban al momento del muestreo y así interpretar adecuadamente los resultados.

Este trabajo se fortalece con el trabajo que desarrollan estudiantes de pregrado, magíster y doctorado del laboratorio BIOMAS de la UdeC.

En el caso de la especie B. magellanica, su distribución en Chile continental es mucho más amplia que D. antarctica, abarcando desde la región del Maule hasta la región de Magallanes. Este arbusto, usualmente es encontrado en sectores expuestos al viento, puede medir desde los 30 centímetros hasta 1 metro de alto.

La recolección de muestras de B. magellanica complementa el trabajo que desarrolla el estudiante de doctorado, Arón Cádiz Véliz, junto al Dr. Pablo Guerrero, en el Laboratorio BIOMAS de la Facultad de Ciencias Naturales y Oceanográficas de la UdeC. Este estudio busca analizar el efecto de los hábitats fríos y áridos sobre la expansión biogeográfica, la diversificación y la evolución de los rasgos funcionales en el género Baccharis (Asteraceae).

 En coordinación con las campañas desarrolladas en la región de Magallanes, las estudiantes de la UdeC y del Instituto Milenio BASE, Javiera Madariaga (Biología) y Catalina Escobar (Magíster) realizaron muestreos sincrónicos en diversas islas de la Península Antártica. Este enfoque comparativo, implementado bajo un marco espacial y temporal equivalente, permite evaluar diferencias en los genotipos y en las respuestas biológicas de D. antarctica entre poblaciones subantárticas y antárticas.

El Dr. Pablo Guerreo (derecha) y el Dr. Gastón Carvallo (izquierda) han trabajo de forma colaborativa durante más de diez años.

Deschampsia antarctica, un trabajo interdisciplinario

La colaboración entre el Dr. Pablo Guerrero y el Dr. Gastón Carvallo es de larga data, más de diez años trabajando en conjunto en estudios sobre ecología y evolución de plantas a lo largo de Chile. “Nuestros primeros trabajos fueron en el Atacama y ahora en la zona subantártica, centrándonos en entender procesos evolutivos y reproductivos”, indica el experto en reproducción vegetal, Dr. Gastón Carvallo.

“Uno de los factores más importantes para entender la evolución y la distribución de las plantas tiene que ver con su sistema de reproducción. Nuestro objetivo es conocer cómo se reproduce Deschampsia antarctica en el continente, ya que podría presentar una estrategia de reproducción muy distinta a la que presenta en la Antártica donde las condiciones son más severas”, agrega el Dr. Carvallo.

En la expedición se desarrollaron más de 200 puntos de muestreo.

El trabajo con D. antarctica se enmarca en el modelo de investigación que el Dr. Pablo Guerrero dirige en el Instituto Milenio BASE, en la línea “Desplazamiento en la distribución y riesgo de extinción en la biota antártica y subantártica”. Según señala el académico UdeC, en colaboración con la Dra. Julieta Orlando, microbióloga de la Facultad de Ciencias de la Universidad de Chile e investigadora del Instituto Milenio BASE, este trabajo también considerará análisis del microbioma de D. antarctica.

 Con la reciente expedición, el equipo busca aportar nueva evidencia sobre cómo las plantas australes están respondiendo al cambio global, fortaleciendo el conocimiento científico generado desde la ecorregión subantártica de Magallanes. Los resultados permitirán comprender mejor los procesos ecológicos, reproductivos y evolutivos que ocurren en el extremo sur, un territorio clave para predecir el futuro de la biodiversidad.

 

Por: Constanza Barrientos Soto

Fotos: Constanza Barrientos y Pablo Guerreo

El kril antártico es fundamental en la cadena trófica del ecosistema del sexto continente. Foto: INACH

A través del análisis de dos décadas de datos en la península Antártica, el equipo científico sugiere medidas para actualizar estrategias utilizadas actualmente, generando un  nuevo modelo que permita ajustar las capturas en tiempo real según la variabilidad ambiental de cada zona.

El kril antártico —denominado científicamente Euphasia superba— es una especie de crustáceo malacostráceo perteneciente al orden Euphausiacea, habitante de las heladas aguas de la Antártica en el océano Austral. Este pequeño organismo constituye un eslabón fundamental en la cadena trófica del ecosistema antártico, siendo la principal fuente de alimento para peces, pingüinos, ballenas, focas y diversas aves marinas como los albatros.

Con una esperanza de vida de hasta seis años, el kril puede alcanzar los 6 centímetros de longitud y un peso de 2 gramos. Destaca por formar cardúmenes de alta densidad —llegando a los 30.000 ejemplares por metro cúbico— y por su rol ecológico al transferir la energía solar fijada por el fitoplancton hacia niveles superiores de la red trófica del Continente blanco.

En este contexto de relevancia ecológica, Mauricio Mardones, estudiante de doctorado en Ciencias Antárticas y subantárticas de la Universidad de Magallanes, publicó el estudio titulado “Estimaciones dispares de la productividad intrínseca del kril antártico a lo largo de pequeñas escalas espaciales bajo un océano que cambia rápidamente”.

Este trabajo contó con la guía de su tutor, el biólogo marino e investigador del Instituto Antártico Chileno (INACH) y del Instituto Milenio BASE, el Dr. César Cárdenas, junto a la colaboración del Dr. George Watters y la Dra. Erica Jarvis Mason, de la División de Investigación del Ecosistema Antártico, Centro de Ciencias Pesqueras del Suroeste, NOAA, La Jolla, California, Estados Unidos, y el Dr. (c) Francisco Santa Cruz, biólogo marino e investigador del INACH y del Instituto Milenio BASE.

Mauricio Mardones, investigador doctoral de la Universidad de Magallanes y del Instituto Milenio BASE. Foto: I. Milenio BASE / C. Barrientos

El impacto ambiental en las zonas de manejo

El estudio analiza dos décadas de datos sobre la composición de tallas del kril antártico, obtenidos mediante el monitoreo de la actividad pesquera. A partir de esta información, se estimó la productividad intrínseca de la especie utilizando el indicador de potencial reproductivo. La investigación se centró en la Subárea 48.1 (península Antártica), bajo los estándares de la Comisión para la Conservación de Recursos Vivos Marinos Antárticos (CCRVMA o CCAMLR por su sigla en inglés), y evaluó cinco zonas (unidades de manejo): el estrecho de Bransfield, la isla Elefante, el estrecho de Gerlache, la isla Joinville y las islas Shetland del Sur sudoccidental.

El equipo de investigación buscó determinar si la dinámica poblacional del kril es uniforme en toda la península o si presenta variaciones espaciales significativas. El estudio se centró en cuantificar cómo varía, tanto en el tiempo como en el espacio, la capacidad reproductiva activa del recurso, evaluando si existen diferencias relevantes entre zonas de pesca a pequeña escala o ‘unidades de manejo’ como son llamadas.

Al respecto, Mauricio Mardones, también investigador doctoral del Instituto Milenio BASE, señala que, “encontramos una marcada heterogeneidad espacial. Algunas áreas presentan niveles de productividad consistentemente bajos, incluso por debajo de niveles recomendables, mientras que otras muestran mayor resiliencia. Esto se debe, principalmente, a que en algunas áreas, se identifica una mayor proporción de individuos juveniles de kril, que son permanentes y residentes en algunas de estas zonas”.

La investigación de Mardones demostró que variables ambientales, como la temperatura del agua y la concentración de clorofila, influyen directamente en las tasas de crecimiento y, por ende, en el potencial reproductivo del kril.

El equipo de investigación estuvo constituido por científicos y científicas nacionales e internacionales, entre ellos, Francisco Santa Cruz. Foto: M. Mardones

Umbrales de riesgo y realidad

Esta variante se mide a través del indicador SPR (Spawning Potential Ratio o Relación de Potencial de Desove), que funciona como un termómetro biológico: mide la capacidad de una población —en este caso el kril— para producir huevos bajo condiciones de presión —ya sea la actividad pesquera o el estrés ambiental— en comparación con su capacidad en un estado natural virgen, es decir, sin explotación.

En esta escala, un 100 % representa una población intacta y sin explotación, mientras que un 0 % indicaría una población que ha perdido su capacidad de reproducción, por ejemplo, debido a la captura excesiva de hembras o individuos en edad reproductiva. Para evaluar la salud reproductiva de la población, el estudio utiliza el método de Índice de Potencial del Desove Basado en la Longitud (LBSPR), que analiza la distribución de tamaños de los ejemplares capturados.

Dado que el kril es una especie de crecimiento rápido y de alta productividad, requiere de una estrategia de manejo con rangos de seguridad más estrictos que otros recursos marinos para no colapsar. Bajo este modelo, la investigación definió los siguientes escenarios: un 75 % (SPR 75 %) como nivel ideal para garantizar la sostenibilidad de pesca y suficiente alimento para los depredadores dependientes. Asimismo, si el valor cae por debajo del 20 % (SPR 20 %), la población se considera en riesgo crítico y la captura permitida debiese ser cero, con el objetivo de proteger la recuperación poblacional.

Aunque la productividad se muestra estable, el análisis de toda la zona estudiada revela que los valores de SPR se mantienen bajos, generalmente en torno al 25 %. Esto sitúa a la población de la península Antártica cerca del límite de riesgo, sin que se observen señales de mejora significativa para toda la subárea en conjunto.

El trabajo contó con la guía de su tutor, el biólogo marino e investigador INACH y del Instituto Milenio BASE, Dr. César Cárdenas. Foto: H. Díaz

Estrategias dinámicas frente al cambio climático

La investigación cobra especial relevancia en el contexto actual de crisis climática. El Dr. César Cárdenas mencionó que este estudio se vincula directamente con la Antártica al analizar un recurso pesquero cuya dinámica poblacional ya está siendo afectada y “será aún más significativa en las próximas décadas”. Según el experto, “es vital entender cómo los factores ambientales afectan a la productividad del kril para poder entender y predecir su futuro”.

El trabajo de Mardones propone un cambio de paradigma en la gestión pesquera: transitar desde la estrategia actual estática de la CCAMLR, hacia un manejo dinámico y precautorio. Este enfoque permite ajustar las cuotas de capturas en tiempo real según los cambios ambientales observados, asegurando que la actividad humana pueda continuar sin comprometer la base de la cadena trófica ni la estabilidad del ecosistema antártico.

La utilidad de este enfoque radica en su capacidad para aplicarse a unidades espaciales de pequeña escala. Según advierte el Dr. Cárdenas, “en los últimos años ya han aumentado los niveles de captura y, por tanto, se espera que el próximo año vaya a aumentar más el interés por este recurso”.

El equipo propone transitar desde la estrategia actual estática de la CCAMLR, hacia un manejo dinámico y precautorio. Foto: M. Mardones

Conservación marina

En el ámbito de la conservación de los océanos, el INACH desempeña un rol importante mediante el Programa de Áreas Marinas Protegidas (AMP), una iniciativa clave para la gestión sustentable de la biodiversidad, hábitats, especies y procesos ecológicos marinos. Según la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza (UICN), estas áreas son espacios geográficos definidos y gestionados por medios legales para asegurar la conservación de la naturaleza, sus servicios ecosistémicos y sus valores culturales.

Bajo este marco, desde el 2012, Chile —por medio del INACH— ha trabajado en conjunto con Argentina en una propuesta para establecer una AMP en la zona de la península Antártica e islas Orcadas del Sur. Este trabajo incluye colaboración científica con instituciones nacionales e internacionales, además del apoyo en negociaciones diplomáticas dentro de foros como la CCAMLR.

Una AMP no necesariamente apunta a prohibir la pesca, más bien, depende de los objetivos de conservación definidos para un área determinada. En muchos casos, estas medidas pueden incluso proteger zonas reproductivas de kril, con beneficios directos para la sostenibilidad de las pesquerías, explicó Francisco Santa Cruz. La propuesta de AMP de Chile-Argentina destaca el liderazgo científico y la colaboración científica en el proceso de planificación espacial, buscando asegurar el uso racional de recursos en el Océano Austral. El objetivo es fortalecer los ecosistemas más frágiles ante las presiones combinadas del cambio climático y la actividad humana.

Con una esperanza de vida de hasta seis años, el kril puede alcanzar los 6 centímetros de longitud y un peso de 2 gramos. Foto: I. Milenio BASE / N. Politis

Un futuro sostenible

El éxito de esta investigación es también un reflejo de la importancia del apoyo institucional. Mauricio Mardones fue beneficiario del sistema de becas científicas de la CCAMLR, un programa que busca fortalecer la formación de nuevos investigadores e investigadoras jóvenes, lo que le permitió viajar y participar activamente en distintas reuniones técnicas durante 2 años.

Estas instancias son fundamentales para la creación de capital humano avanzado, permitiendo que nuevas experticias se integren a las discusiones globales y realicen aportes significativos que aseguren la protección y el manejo responsable del continente blanco.

La relevancia de este estudio es vital: el kril no es solo un recurso pesquero, es la base trófica del ecosistema antártico. Al estar directamente influenciado por las condiciones climáticas, cualquier fluctuación en su población resuena en toda la cadena. Comprender cómo varía su productividad, ya sea en el tiempo y el espacio, permite anticipar riesgos críticos. Pero lo más importante es que entrega las herramientas necesarias para modernizar las estrategias de la CCAMLR —organización que vela por el manejo y uso sustentable del kril antártico—, asegurando que las pesquerías no sobrepasen los límites que la naturaleza impone en este frágil ecosistema.

 

Por: Instituto Antártico Chileno (INACH)

Foto portada: Adobe Stock

 

La expedición del Crucero de Investigación Marina en Áreas Remotas 2026 (CIMAR 1 Antártica), a bordo del buque de la Armada de Chile, rompehielos Almirante Óscar Viel, explora el estrecho de Bransfield con alrededor de nueve proyectos a cargo de científicas y científicos de distintas áreas e instituciones.

Desde Punta Arenas zarpó el primer CIMAR rumbo a la Antártica, coincidiendo con el estreno del rompehielos Almirante Óscar Viel como plataforma científica. Proyectos en genómica, química, biología, oceanografía, entre otros, se estarán desarrollando durante las dos semanas de navegación por el estrecho de Bransfield. Una misión que cuenta con un equipo de la Facultad de Ciencias Naturales y Oceanográficas (FCNO) de la Universidad de Concepción (UdeC).

El equipo científico busca conocer la distribución y abundancia del kril en el estrecho de Bransfield. Foto: Angie Díaz, Ramiro Riquelme y Bárbara Riquelme.

El objetivo principal del trabajo que realiza el equipo del Departamento de Zoología de la FCNO es determinar la distribución y abundancia del kril antártico, (Euphausia superba). La investigación es liderada por el académico de la UdeC, el Dr. Ramiro Riquelme, con el apoyo de la asistente de investigación Bárbara Riquelme y la participación de la Dra. Angie Díaz, investigadora del Instituto Milenio BASE y académica de la misma casa de estudio.

Las muestras están siendo colectadas mediante tres metodologías complementarias: “Arrastre con redes; sensoramiento remoto a partir de acústica y por roseta. Esta última está a cargo de la Dra. Angie Díaz, responsable del análisis genómico y del ADN ambiental”, explica el jefe del proyecto, investigador de Núcleo Milenio para el Estudio de la Desoxigenación en el Océano Pacífico Sur Oriental (DEOXS) y del Anillo Antártico DIPOLE, Dr. Ramiro Riquelme.

Dra. Angie Díaz, investigadora principal del Instituto Milenio BASE con el rompehielos Almirante Óscar Viel de fondo.

Parte de los objetivos principales del Instituto Milenio BASE es conocer y describir los ecosistemas que podemos encontrar en zona antártica y subantártica”, señala la Dra. Angie Díaz. Esta investigación se centra en una especie clave para la trama trófica del océano Austral, Euphausia superba. “En ese sentido, estamos incorporando un modelo de estudio a escala mundial que acopla la parte genómica con múltiples datos oceanográficos, lo que permitirá hacer una caracterización más fina de la especie y de sus variables ambientales”, agrega la investigadora.

El primer CIMAR Antártico

El programa de Cruceros de Investigación Marina en Áreas Remotas (CIMAR) se inició en 1995 como una iniciativa del Comité Oceanográfico Nacional (CONA) y del Servicio Hidrográfico y Oceanográfico de la Armada (SHOA). Desde entonces, ha recorrido fiordos y canales australes, además de territorios insulares como Isla de Pascua y el Archipiélago Juan Fernández, con el propósito de ampliar el conocimiento científico sobre zonas oceánicas de difícil acceso para el país. Este 2026, el programa marca un nuevo hito al realizar, por primera vez, una expedición dirigida al sexto continente.

Por medio de rosetas, colectan muestras de agua a profundidades de 200, 100 y 50 metros, para ADN ambiental y estudio de kril. En la foto, la Dra. Angie Díaz con Patricia Álvares, asesora científica.

El jefe de crucero CIMAR 1 Antártica, teniente primero Alejandro Maraboli-Quezada, indica que el principal objetivo de esta comisión es “poner a prueba las capacidades del buque para realizar investigaciones en la Antártica, lo que representa un gran desafío. Al ser su primera misión, queremos observar cómo se comporta, cómo responde la dotación y si cumple con las expectativas de los científicos y sus proyectos”. Esta expedición marca el estreno del rompehielos con fines científicos, el cual cuenta con amplios espacios, laboratorios especializados y equipamiento para el desarrollo de investigación en terreno. 

Desde la Armada de Chile, el comandante en jefe de la Tercera Zona Naval, Juan Soto Herrera, expresa el compromiso de la institución con la ciencia: “Esta comisión, particularmente, lleva un grupo bien variado de científicos y académicos de distintas universidades de nuestro país, que van a llevar adelante aproximadamente nueve proyectos diferentes en relación con química, física, geografía y geología del mar y del fondo marino. Todo eso para conocer aún más todo nuestro territorio antártico y cimentar nuevos antecedentes para la proyección del área protegida”, comenta.

Los equipos científicos utilizan los laboratorios y tecnologías del buque para la mantención y análisis de las muestras a bordo.

Una expedición interdisciplinaria y colaborativa

La expedición tendrá una duración aproximada de dos semanas y se encuentra recorriendo distintos puntos del estrecho de Bransfield, incluidos dos montes submarinos. El Dr. Leonardo Castro Cifuentes, académico de la Universidad de Concepción, está a cargo como jefe del grupo científico del CIMAR, integrado por cerca de una veintena de investigadores e investigadoras provenientes de distintas instituciones y áreas del conocimiento.

Desde su experiencia, la colaboración es una práctica habitual en el ámbito científico: “En oceanografía, normalmente debemos trabajar en colaboración con otras instituciones, porque no todos contamos con los mismos equipos y la experticia varía entre cada institución. Una variedad de miradas que enriquece el trabajo en terreno”, señala. En la Antártica, agrega, donde aún son pocos los equipos que desarrollan investigación, resulta clave compartir los resultados con la comunidad científica internacional y así contribuir a consolidar la presencia de Chile en el territorio.

El comandante en jefe de la Tercera Zona Naval, Juan Soto Herrera, se hizo presente antes del zarpe para dirigir unas palabras al equipo científico.

Por su parte, el jefe de la Tercera Zona Naval destaca el nivel de colaboración que implica la expedición: “En la Marina creemos profundamente en el trabajo en equipo y en el esfuerzo interagencial. Ninguna iniciativa de esta magnitud, a nivel estatal, es posible con un solo actor. En ese sentido, consideramos a este amplio equipo de científicos como parte de nuestra dotación: intercambiaremos apreciaciones, evaluaremos reacciones y propondremos mejoras al proyecto, con el objetivo de fortalecer la presencia soberana de nuestro país en la Antártica desde la ciencia”.

La iniciativa CIMAR es fruto del esfuerzo mancomunado entre el SHOA, el CONA, la comunidad científica y distintos organismos del Estado, como el Ministerio de Defensa Nacional, el Ministerio de Ciencia, Tecnología, Conocimiento e Innovación, el Instituto Antártico Chileno y la Agencia Nacional de Investigación y Desarrollo, con el objetivo de contribuir al conocimiento oceánico. 

 

Por: Antonieta Mackenzie, Instituto Milenio BASE

Fotografías: Instituto Milenio BASE / Constanza Barrientos 

A una década del mayor evento de mortalidad registrado de la especie Balaenoptera borealis, equipos científicos mantienen expediciones colaborativas en el área para analizar muestras biológicas y profundizar en la estructura poblacional y ecológica de la ballena sei.

Restos óseos de ballena varada en golfo de Penas. Foto: Francisca Rodríguez, investigadora doctoral de la U. Chile, Instituto Milenio BASE y co-investigadora en estudios realizados en la zona.

El golfo de Penas, en la región de Aysén, se ha convertido en un territorio estratégico para la investigación de cetáceos en el sur de Chile. El hallazgo, en 2015, de más de 300 ballenas sei (Balaenoptera borealis) varadas en sus alrededores- el mayor evento de mortalidad de ballenas registrado a nivel mundial– ha permitido acceder a muestras biológicas que, en condiciones normales, son extremadamente difíciles de obtener, abriendo nuevas oportunidades para la investigación científica.

A raíz de este evento, diversos equipos llegaron al golfo de Penas con el propósito de investigar el varamiento masivo formulando preguntas sobre la biología, ecología y estructura poblacional de los cetáceos de la zona. Desde entonces, el trabajo en el área se ha caracterizado por la colaboración interdisciplinaria entre instituciones nacionales e internacionales, como Patagonia Projects, Universidad de Chile (U. Chile), Instituto Milenio BASE, Centro de Estudios Avanzados en Zonas Áridas (CEAZA), Universidad Austral de Chile, Instituto de Fomento Pesquero, Universidad de Giessen, Universidad de Erlangen, entre otras, consolidando al golfo como un verdadero laboratorio natural. 

La Dra. María José Pérez Álvarez es académica de la Facultad de Ciencias U. Chile e investigadora del Instituto Milenio BASE y del Centro de Investigación Eutropia.

“Cuando ocurrió el varamiento masivo trabajamos con muestras de los tejidos de los cadáveres para identificar la especie, en el Laboratorio de Ecología Molecular liderado por el Dr. Elie Poulin en la Universidad de Chile”, señala la Dra. María José Pérez Álvarez, directora del Laboratorio de Ecología y Conservación de Mamíferos Marinos (LECOMM) de la Facultad de Ciencias de la U. Chile. “Posteriormente nos dedicamos a estudios filogeográficos, comparando cómo estas poblaciones se relacionan con otras poblaciones de ballenas sei en el mundo”, agrega la también investigadora del Instituto Milenio BASE y el Centro de Investigación Eutropia.

“Hoy, junto a Patagonia Projects, CEAZA y otras instituciones, llevamos años colaborando en nuestras investigaciones”, dice la Dra. María José Pérez Álvarez. “El objetivo de nuestro laboratorio y del Instituto Milenio BASE es monitorear nuevas mortalidades y, en caso de ocurrir, tomar muestras de piel y hueso para análisis genéticos. Esto permite identificar especies y evaluar la estructura social y el parentesco entre individuos”.

Durante un mes y medio, Fernando Moya, investigador doctoral U. Chile e Instituto Milenio BASE, se embarcó junto a Patagonia Projects en el golfo de Penas. Foto: Fernando Moya

Una de las más recientes expediciones al golfo de Penas se realizó a finales de 2025 y contó con la participación del investigador doctoral de la Facultad de Ciencias U. Chile y del Instituto Milenio BASE, Fernando Moya. Durante un mes y medio, se embarcó junto a Patagonia Projects con el fin de obtener piel y grasa de las ballenas varadas para análisis genético e identificación, muestrear soplos de ballenas mediante drones para posteriores análisis de microbioma, y realizar monitoreo con equipos ROV. Estos son robots submarinos que permiten visualizar el fondo marino y ayudan a rescatar hidrófonos, aparatos importantes que registran las vocalizaciones de estos cetáceos.

“Navegar por el golfo de Penas es, sin duda, todo un desafío: vientos persistentes, un clima extremo y un mar que pone a prueba cada investigación. Un lugar de fuertes corrientes y olas de más de tres metros, pero también de un inmenso valor para comprender y proteger la biodiversidad”, expresa Fernando Moya tras su participación en la expedición. 

Colaboración e interdisciplina 

El golfo de Penas se ha consolidado como un ejemplo de investigación colaborativa y de largo plazo. Según el Dr. Carlos Olavarría, director ejecutivo de CEAZA, “este programa comenzó tras el varamiento y mortandad más grande registrado de ballenas en el mundo, cuando más de 300 individuos de ballena sei fueron encontrados en las costas del golfo. Este evento gatilló diversas investigaciones que dieron inicio a Patagonia Projects, un programa que busca comprender mejor la relación entre las ballenas y el ecosistema del sector mediante distintas metodologías y técnicas”.

Desde Patagonia Projects ofrecen sus plataformas de forma gratuita para la ciencia que se desarrolla en la zona. Foto: Fernando Moya

El monitoreo en el golfo se realiza de manera periódica, con visitas aproximadamente dos veces al año, combinando observaciones visuales, seguimiento de vocalizaciones mediante hidrófonos y análisis de muestras biológicas de animales fallecidos. “Nuestro objetivo es entender la dinámica de las poblaciones de cetáceos, registrar la presencia de distintas especies y relacionar esta información con el ecosistema del golfo de Penas”, agrega Olavarría.

En este contexto, la Dra. Vreni Häussermann, académica de la Pontificia Universidad Católica de Valparaíso (PUCV), destaca que el golfo es un lugar excepcional para el estudio de grandes cetáceos, “no solo por la presencia de varias especies, sino porque cada año se congregan allí en gran número. Gracias a la colaboración con Patagonia Project y otras instituciones, hemos recolectado datos de largo plazo que siguen creciendo, fomentando la participación de nuevos científicos y asegurando que la información sea compartida y utilizada con fines de conservación”.

Un enfoque interdisciplinario que permite investigar las ballenas desde diferentes perspectivas-  estudios genéticos, biológicos y ecológicos-, promoviendo la cooperación entre instituciones y la formación de nuevos científicos y científicas. El golfo de Penas se consolida como un laboratorio natural de referencia para la investigación de estos grandes cetáceos.

 

Por: Antonieta Mackenzie y Constanza Barrientos

Foto portada: Mette Hesselholt Henne Hansen. Puedes acceder a la fotografía en INaturalist aquí.  

 

 

Un importante hito para la comuna de Cabo de Hornos se dio con la inauguración del Equipamiento Científico del Laboratorio de Marea Roja del Centro Internacional Cabo de Hornos (CHIC), presente en las dependencias del Centro Subantártico Cabo de Hornos, de la Universidad de Magallanes (UMAG), en Puerto Williams.

En una ceremonia realizada junto a autoridades provinciales, universitarias, investigadores y la comunidad local, se dio cuenta del equipamiento instalado, sus aplicaciones científicas y el trabajo que el CHIC ha desarrollado para mejorar la vigilancia y respuesta frente a eventos de marea roja en la zona.

El Dr. Máximo Frangopulos Rivera, investigador UMAG y director alterno CHIC, e investigador adjunto del Instituto Milenio BASE, destacó el gran valor del acontecimiento, siendo un significativo paso para fortalecer las capacidades locales en investigación y monitoreo de floraciones algales nocivas (FAN) en la región subantártica.

Una iniciativa que apunta a otorgar mayor autonomía en materia de salud pública a la comuna más austral del mundo. Foto: Dr. Máximo Frangopulos, por I. Milenio BASE / C. Barrientos

Por fin se visibiliza y se da sentido de pertenencia a Cabo de Hornos, que era la única comuna sin un laboratorio de análisis de toxinas. Es un derecho que tiene la comunidad hacia el futuro volver a la extracción de sus recursos naturales de manera segura. Eso es lo que ganamos con esto, es un trabajo de mucho tiempo, de investigadores, entidades públicas y privadas, el CHIC y la UMAG, hace justicia con la comuna de Cabo de Hornos, porque habían sido postergados. Por ejemplo, cuando sacaban mariscos debían enviar las muestras a Punta Arenas para su análisis, dilatándose sus tiempos y plazos”, señaló.

Como encargada de este laboratorio, se encuentra Vanessa Monge Carrillanca, bióloga e investigadora magíster del CHIC e Instituto Milenio BASE, detalló que el espacio ya se utiliza a nivel investigativo. Además, entregó detalles de su equipamiento y funcionamiento.

Contamos actualmente en nuestras instalaciones con un equipo HPLC, el cual es un cromatógrafo líquido de alta resolución acoplado a detectores de arreglo de diodos y fluorescencia, más equipamientos periféricos utilizados para la preparación de reactivos y muestras. Este equipamiento permite realizar la detección de toxinas amnésicas y paralizantes”, comentó.

La ceremonia recibió la participación de autoridades y representantes de organizaciones de la sociedad civil. Foto: CHIC

De momento, Monge y Frangopulos resaltan la instancia como el puntapié inicial de un proceso de largo aliento, orientado no solo a fortalecer la capacidad local para enfrentar eventos de marea roja en Cabo de Hornos, sino también a avanzar hacia la acreditación formal del laboratorio. Este camino busca que el espacio sea reconocido por la autoridad sanitaria, bajo estándares técnicos y de calidad, mediante un trabajo cooperativo ya en marcha con las instituciones competentes. En el mediano y largo plazo, esta iniciativa apunta a otorgar mayor autonomía en materia de salud pública a la comuna más austral del mundo.

El Dr. Máximo Frangópulos y la investigadora de magister a cargo del nuevo laboratorio de marea roja, Vanessa Monge. Foto: CHIC

Cabe destacar que en la ceremonia estuvo presente la delegada Presidencial Provincial Antártica, Constanza Calisto; Carlos Martín, encargado oficina provincial de la Seremi de Salud, el alcalde de Cabo de Hornos, Patricio Fernández, la directora del Campus Universitario Cabo de Hornos UMAG, Francisca Massardo y representantes de la Asociación Gremial de Pescadores y Armadores Artesanales de Puerto Williams.

Fuente: Centro Internacional Cabo de Hornos.

Microcámaras con GPS instaladas sobre el lomo de pingüinos barbijo permitieron registrar su increíble nado, muy similar a un vuelo, desde la perspectiva de las propias aves, cómo se desplazan y buscan alimento en el océano Austral, revelando escenas submarinas que normalmente permanecen ocultas bajo la superficie. Los videos muestran fragmentos de nado, buceos y acercamientos a cardúmenes de kril, entregando una mirada única al comportamiento de estas aves en su hábitat natural.

El registro fue obtenido por el equipo del Dr. Lucas Krüger, científico del Instituto Antártico Chileno (INACH) y del Instituto Milenio BASE, en la Zona Antártica Especialmente Protegida de punta Armonía, en la isla Nelson. Allí desarrollan un estudio para entender con mayor detalle cómo buscan alimento los pingüinos y cómo explotan el kril en distintos puntos de la Península. Este trabajo se inserta en el programa de Áreas Marinas Protegidas del INACH y aporta información al programa de monitoreo ecosistémico de la Comisión para la Conservación de los Recursos Vivos Marinos de la Antártica (CCRVMA).

Cómo se grabó el nado del pingüino

Para obtener estas imágenes, el equipo fijó una microcámara sobre las plumas del pingüino, utilizando un método ya probado en otros estudios de rastreo. “Las cámaras, como hemos hecho con otros dispositivos de rastreo que hemos trabajado en el pasado, van pegadas a las plumas con cinta y pegamento”, explica Krüger.

El dispositivo se coloca solo por un viaje de alimentación: se instala en un ejemplar que está en etapa de reproducción y se retira cuando vuelve al nido. “Durante este período los animales que están activamente reproduciéndose tienen un nido con pichones. Entonces salen a alimentarse al mar y tienen que volver para traer comida a los pichones. Entonces ponemos la cámara en uno de estos animales, él va a salir al mar y va a volver, y cuando vuelve sacamos la cámara. Esto es un máximo de dos días en un animal”, detalla.

Estos equipos no solo registran video, sino que también integran sensores de profundidad y acelerómetros. Según explica Krüger, esto permite “examinar exactamente el comportamiento de los pingüinos durante el buceo, la aceleración y movimientos que el pingüino hace, y relacionar estas señales durante el buceo con lo que el animal está haciendo a través de la imagen de la cámara”.

El valor de estas cámaras, según el investigador, está en que permiten entender con mucho más detalle cómo los pingüinos buscan su alimento, en particular el kril, que es su principal recurso en la zona. Gracias a que los dispositivos registran datos de inmersión y movimiento, el equipo puede examinar el comportamiento durante el buceo y relacionar esas señales con lo que muestra la imagen, clasificando si el animal se alimenta en cardúmenes densos o en kril aislado, a distintas profundidades, horarios y niveles de esfuerzo, además de estimar la distancia que recorre en cada salida al mar.

Un área protegida para estudiar aves marinas

Punta Armonía es una Zona Antártica Especialmente Protegida cuyo valor central es su ecosistema. “Uno de los valores biológicos que esta área está protegiendo son las aves marinas. Primero porque acá hay un número bastante importante de especies que se reproducen acá en una área relativamente pequeña”, explica Krüger.

Entre ellas destaca una colonia de pingüinos barbijo que ha experimentado cambios importantes en las últimas décadas. “En los años 80 eran más de 100.000 nidos, en los años 90 eso bajó a 90.000 nidos y ahora tenemos como 40.000 nidos. Aún así, es un número bastante importante para la especie, ya que es una colonia representativa de la población de pingüinos barbijo de la península Antártica y del sur”, detalla.

En este escenario, las microcámaras permiten seguir el viaje completo de un pingüino en tiempos de reproducción: abandona su nido con pichones pequeños, se desplaza hacia las zonas de alimentación, bucea a distintas profundidades durante la noche y regresa al día siguiente. “Ahí tenemos algunos ejemplos de que salieron en grupo a alimentarse y estuvieron buceando a profundidades de 30 metros durante el período nocturno”, describe el científico.

Lo que revela el nado sobre un océano en cambio

Los registros también muestran cómo se organizan las aves marinas en el espacio y con qué otras especies comparten las rutas hacia las áreas de alimentación. “En algunos de los videos que hemos obtenido vemos, por ejemplo, los pingüinos barbijo, que durante el tránsito a las zonas de alimentación han estado en grupos poliespecíficos donde hay pingüinos papúa también. Hemos visto ballenas jorobadas y ballenas fin junto con los pingüinos moviéndose hacia las zonas de alimentación”, relata Krüger.

Asimismo, añade, “este año se han movido, por lo menos, una o dos horas antes de empezar a intentar capturar kril. Y también hemos visto que están alimentándose principalmente durante la noche, algo que no siempre es así”.

Detrás de cada uno de estos videos hay un esfuerzo logístico y humano considerable, pero para el investigador ese desgaste se justifica por lo que aportan las imágenes al conocimiento del ecosistema. “Pero todo esto es válido una vez que los resultados que esperamos obtener, específicamente de estas cámaras, nos va a permitir tener un mejor entendimiento de algunos parámetros de cómo los pingüinos buscan su alimento, específicamente el kril, que es su principal alimento acá”, afirma.

Además de evidenciar patrones de convivencia con otras especies, los datos ayudan a entender cómo distintos factores, como cambios en la disponibilidad de kril, competencia con otras aves o recuperación de poblaciones de ballenas, se suman a las presiones que enfrentan colonias como la de punta Armonía. En ese contexto, cada buceo registrado se convierte en información válida para comprender el funcionamiento del ecosistema y para dimensionar los desafíos que enfrentan los pingüinos para seguir encontrando alimento en el océano Austral.

Cambios en la temporada de cría

Krüger señala que los nuevos antecedentes sobre el comportamiento en el mar se dan en un contexto en que varias colonias de pingüinos en la Antártica han adelantado su período de reproducción, algo que “es coherente con los cambios climáticos que se han visto”. A su juicio, esto se explicaría porque “las condiciones de anidación han cambiado probablemente por el derretimiento más temprano de la nieve en las colonias, que es el principal limitante durante la llegada de los pingüinos en el período de reproducción”.

Este adelanto podría generar desajustes entre la crianza de los pichones y la disponibilidad máxima de kril, así como mayor competencia por alimento entre las tres especies de pingüinos pigoscélidos de la península Antártica y las islas Shetland del Sur. “Si ahora los barbijo empiezan a reproducirse más temprano, puede ser que eso coincida con la necesidad de alimentación de los papúa, por ejemplo, que son mucho más eficientes que los barbijo, entonces eso podría sí afectar la disponibilidad de alimento”, advierte el investigador, quien añade que este fenómeno se suma a otros factores como cambios en la biomasa de kril, aumento de las lluvias, recuperación de ballenas y el incremento de la pesquería de este pequeño crustáceo en la región.

El Instituto Antártico Chileno (INACH) es un organismo técnico del Ministerio de Relaciones Exteriores con plena autonomía en todo lo relacionado con asuntos antárticos de carácter científico, tecnológico y de difusión. El INACH cumple con la Política Antártica Nacional incentivando el desarrollo de la investigación de excelencia, participando efectivamente en el Sistema del Tratado Antártico y foros relacionados, fortaleciendo a Magallanes como puerta de entrada al Continente Blanco y realizando acciones de divulgación del conocimiento antártico en la ciudadanía. El INACH organiza el Programa Nacional de Ciencia Antártica (PROCIEN).

Haz click en la foto y conoce a los “pingüinos voladores”:

Imagen desde el lomo de un pingüino barbijo

Fuente: Instituto Antártico Chileno.

El workshop contó con autoridades nacionales y regionales, además de representantes de centros de excelencia. Foto: de izquierda a derecha Ginno Casassa, Verónica Vallejos, Léa Cabrol, Jorge Flies y Alejandro Maass. Por I. Milenio BASE / C. Barrientos

El evento contó con la presencia de autoridades internacionales, nacionales y regionales, así como con presentaciones de organizaciones y centros de excelencia dedicados al desarrollo de la ciencia antártica, entre ellos el Instituto Milenio Biodiversidad de Ecosistemas Antárticos y Subantárticos (BASE).

Entre el 8 y el 10 de enero de 2026, la ciudad de Punta Arenas fue sede del encuentro internacional “Fostering Antarctic and Southern Ocean Research and Policy Actions” (“Promoviendo la investigación y la acción en políticas públicas para la Antártica y el océano Austral”), una instancia de alto nivel que reúne a actores clave del mundo científico, institucional y diplomático para avanzar en nuevas alianzas de investigación y acciones de política pública en torno a la Antártica y el océano Austral.

El encuentro se desarrolló en las instalaciones del Instituto Antártico Chileno (INACH) y cuenta con la presencia de la Seremi de Ciencia, Tecnología, Conocimiento e Innovación, el Gobernador Regional de Magallanes y de la Antártica Chilena, el director nacional del INACH, así como directoras y directores de centros de excelencia de investigación a nivel nacional. Asimismo, destaca la participación de la Embajada del Reino Unido en Chile, junto a la presencia de la Embajadora del Reino Unido en Chile, reforzando el carácter internacional del encuentro y el compromiso conjunto por fortalecer la cooperación científica en territorios australes.

La Dra. Léa Cabrol es investigadora adjunta del Instituto Milenio BASE y también investigadora del Instituto Mediterráneo de Oceanografía de Francia. Foto: I. Milenio BASE / C. Barrientos

Entre los centros de excelencia que formaron parte del encuentro estuvo el Instituto Milenio Biodiversidad de Ecosistemas Antárticos y Subantárticos, también conocido como Instituto Milenio BASE. La presentación estuvo a cargo de la Dra. Léa Carbol, investigadora del Instituto Mediterráneo de Oceanografía (MIO) de Francia, quien se refirió al trabajo que realizan los equipos en el estudio de los efectos del cambio climático en la biodiversidad polar.

El evento es fruto de la cooperación internacional entre la Fondation Tara Océan y el proyecto PlanktEco, desarrollado junto a la Universidad de Chile a través del Centro de Modelamiento Matemático y el Instituto Milenio Centro de Regulación del Genoma, y surge a partir de la experiencia de la expedición Misión Microbioma – CEODOS, realizada en Chile en 2021.

Al evento también se sumó el investigador doctoral de la Universidad de Magallanes, INACH e Instituto Milenio BASE, Francisco Santa Cruz. Foto: I. Milenio BASE / C. Barrientos

Nuevas oportunidades de colaboración científica y monitoreo antártico

La jornada inaugural, realizada el jueves 8 de enero, estuvo dedicada a la ciencia y se centró en el tema “New Opportunities for Antarctic Collaboration / Upcoming InSync Program”. La sesión convocó a investigadoras e investigadores, centros de excelencia y representantes de iniciativas internacionales vinculadas al estudio del océano Austral.

Entre los principales objetivos del encuentro se encuentran:

● Sentar las bases para alianzas estratégicas con grupos de investigación chilenos, especialmente en el uso de datos generados por Tara Ocean, incluidos aquellos obtenidos durante el crucero al Mar de Weddell.
● Explorar oportunidades de colaboración científica de cara a la próxima expedición antártica de Tara, programada para el período 2028–2030.
● Presentar y discutir las colaboraciones planificadas del programa InSync, orientadas a la integración de ciencia, monitoreo y conservación.
● Compartir avances de la herramienta Key Ocean Planktonic Areas (KOPAs), diseñada para apoyar la conservación y el monitoreo de la biodiversidad oceánica.
● Analizar los desafíos y necesidades para el desarrollo de nuevas herramientas de monitoreo oceánico en el océano Austral, en el contexto de iniciativas como áreas marinas protegidas en la Península Antártica y zonas subantárticas.

La sesión combinó presentaciones científicas y un panel de discusión, fomentando el intercambio directo y la construcción de colaboraciones concretas.

Con visita al buque británico RRS Sir David Attenborough finalizó el workshop desarrollado en la ciudad antártica de Punta Arenas. Foto: Isabel Giménez

Ciencia, cooperación internacional y proyección estratégica

El encuentro “Fostering Antarctic and Southern Ocean Research and Policy Actions” articula ciencia de vanguardia, cooperación internacional y toma de decisiones, en un escenario marcado por el cambio climático y la urgencia de contar con información robusta para la conservación de ecosistemas polares y subpolares.

Durante los días siguientes, el programa continúa abordando la relación entre ciencia y políticas públicas, e incluye actividades orientadas a conocer capacidades internacionales de investigación antártica, reforzando el rol de Punta Arenas y de Chile como un nodo estratégico global para la investigación, el monitoreo y la protección del océano Austral y la Antártica.

 

Fuente: Instituto Milenio CRG

Editado por: Instituto Milenio BASE

Foto portada: I. Milenio BASE / Constanza Barrientos

 

Fachada del Museo Nacional de Ciencias Naturales (MNCN) de Madrid, España. Foto: L. Morales

 Financiada por la IAATO y con el objetivo de vincular genética y cambio climático para predecir el futuro de especies polares, la candidata a doctora de la UNAB y del Instituto Milenio BASE, Lucila Morales, realizó una pasantía en el MNCN de Madrid en España. 

La investigadora doctoral de la Universidad Andrés Bello (UNAB) y del Instituto Milenio BASE, Lucila Morales, durante tres meses, permaneció en el Museo Nacional de Ciencias Naturales de Madrid (MNCN) en España. Financiada por la Beca Antártica de la Asociación Internacional de Operadores Turísticos de la Antártida (IAATO por sus siglas en inglés), se integró al Departamento de Biogeografía y Cambio Climático para colaborar con expertos en el estudio y protección de la fauna antártica. 

El trabajo de Lucila vincula la genómica con modelos de distribución de especies, analizando cómo el clima del pasado ha influido en la adaptación de las skuas, ave marina robusta de la familia Stercorariidae. Su investigación busca relacionar la diversidad genética con nichos ecológicos específicos con el objetivo de proyectar futuros escenarios de cambio climático y el impacto que estos tendrían en las especies.

Junto a estudiantes del Dr. Luis R. Pertierra, Lucila Morales, se unió a actividades de divulgación científica. Foto: L. Morales

En Chile, su proyecto doctoral es tutelado por la Dra. Juliana Vianna, académica UNAB e investigadora del Instituto Milenio BASE y del Instituto Milenio CRG. En España, el trabajo desarrollado durante la pasantía fue guiado por el Dr. Luis R. Pertierra, académico de la Universidad de Pretoria en Sudáfrica e investigador del MNCN.

“En lo profesional fue muy enriquecedor. La genómica, al ser algo nuevo, me dió la posibilidad de poder visibilizar en lo que me estoy especializando y hacer ver mis aptitudes como investigadora. Se crearon posibilidades de colaboraciones y de seguir trabajando”, señala la también estudiante doctoral del Instituto Milenio CRG.

Durante su estancia en Madrid, la investigadora del Laboratorio de Biodiversidad Molecular, participó en actividades de divulgación organizadas por el MNCN: “La Noche de los Investigadores”, una instancia dirigida a las familias de la ciudad, y “Charlas de Círculos Polares”, un seminario para presentar investigaciones y generar redes con la comunidad científica internacional.

Durante tres meses, la investigadora doctoral permaneció en el MNCN de Madrid. Foto: L. Morales

Beca Antártica de la IAATO

La Beca Antártica es una oportunidad impulsada por la IAATO cuyo objetivo principal es apoyar a investigadoras e investigadores de carrera temprana. La iniciativa cuenta con el apoyo del Consejo de Administradores de Programas Antárticos Nacionales (COMNAP), el Comité Científico de Investigación Antártica (SCAR) y la Comisión para la Conservación de los Recursos Vivos Marinos Antárticos (CCRVMA). 

“Gracias a la beca pude concluir con mi último objetivo de tesis doctoral de manera presencial junto al Dr. Luis R. Pertierra. También me permitió establecer redes, vincularme con gente del área, mostrarles mi trabajo y recibir sus comentarios”, indicó Lucila Morales.

Por su parte, la Dra. Juliana Vianna, destaca que “experiencias como estas refuerzan el valor de la cooperación científica internacional para avanzar en el conocimiento y la conservación de la biodiversidad antártica. Este tipo de instancias son fundamentales para la formación, ya que permiten desarrollar ciencia en espacios de excelencia como el MNCN, fortalecer capacidades y proyectar investigaciones con impacto global”.

¿Quieres saber más de la Beca Antártica de la IAATO? Ingresa a  https://iaato.org/supporting-science/the-iaato-antarctic-fellowship 

 

Por: Patricio Huerta y Constanza Barrientos

Fotografías: Lucila Morales 

El Dr. Hugo Benítez es académico UNAB, presidente de la SOCEVOL e investigador Instituto Milenio BASE y Centro CHIC. Foto: El Dr. Hubo Benítez tomando muestras en Antártica

Hugo Benítez, doctor en Biología Evolutiva de la Universidad de Manchester, Reino Unido, académico UNAB e investigador del Instituto Milenio BASE y Centro CHIC, fue seleccionado entre cientos de científicos a nivel mundial para asesorar a países del Tratado Antártico, en torno a uno de los mayores riesgos ambientales del continente blanco: las invasiones biológicas terrestres y sus consecuencias.

Las invasiones biológicas terrestres en la Antártica se producen cuando especies no nativas, transportadas principalmente por la actividad humana, llegan y logran establecerse en el continente. Aunque la Antártica parece un ambiente extremo, el aumento de las temperaturas facilita su supervivencia y expansión. Estas especies pueden alterar ecosistemas únicos y muy frágiles, desplazando organismos nativos y cambiando procesos naturales. Por eso, su prevención es clave para proteger uno de los últimos territorios prístinos del planeta.

Por ello, y con el objetivo de contribuir en espacios clave de decisión sobre el futuro de la Antártica, en materia de invasiones biológicas terrestres, el académico de la Universidad Andrés Bello (UNAB) e investigador del Instituto Milenio BASE (Biodiversidad de Ecosistemas Antárticos y Subantárticos) y CHIC (Centro Internacional Cabo de Hornos), Dr. Hugo Benítez, fue seleccionado como becario internacional del programa Ant-ICON / SC-ATS (Antarctic Integrated Conservation/ Standing Committee on the Antarctic Treaty System) Science Policy Fellowship 2026 como expositor científico para los encuentros internacionales.

Como fellow, el Dr. Benítez aportará evidencia científica en reuniones del Tratado Antártico, especialmente en temas de protección ambiental. Su rol busca que las políticas del continente se basen en conocimiento científico sólido. “Ha sido una noticia muy sorpresiva y satisfactoria ya que avala el esfuerzo de años de trabajo, y esto marca un importante nuevo paso donde busco junto con mi equipo e investigación ser un aporte real e importante en la protección de Antártica a nivel internacional”,  señala el biólogo y también presidente de la Sociedad Chilena de Evolución (SOCEVOL).

El investigador chileno fue seleccionado para asesorar a países del Tratado Antártico en torno a invasiones biológicas. Foto: El Dr. Hugo Benítez en terreno antártico junto a su equipo del EME Lab

La beca forma parte de una iniciativa del Comité Científico para la Investigación en la Antártica, o SCAR por sus siglas en inglés (Scientific Committee on Antarctic Research) orientada a fortalecer el diálogo entre la investigación científica y las políticas públicas que rigen la Antártica. Los investigadores e investigadoras seleccionados trabajan directamente con delegaciones internacionales, ayudando a decodificar evidencia científica en recomendaciones concretas para la protección ambiental del continente.

“Es muy relevante la participación del Dr. Benítez en estas instancias, debido a que posiciona a Chile como un actor científico de primer nivel en una de las problemáticas actuales más críticas para la Antártica”, señala Andrés López, Subdirector Técnico de INACH.

En este rol, el Dr. Hugo Benítez representará al SCAR en Japón durante la “Reunión Consultiva del Tratado Antártico”, en mayo de 2026, además de participar en el “Comité de Protección Ambiental”. Estas instancias reúnen a los países que toman decisiones sobre conservación, regulación de actividades humanas y resguardo de los frágiles ecosistemas antárticos.

Invasiones biológicas: amenaza silenciosa para la Antártica

La línea de investigación del Dr. Benítez se centra en las invasiones biológicas terrestres, es decir, la llegada y establecimiento de especies no nativas transportadas principalmente por la actividad humana. En un ecosistema extremo y altamente sensible como la Antártica, estas especies pueden alterar de forma irreversible los equilibrios ecológicos, afectando su biodiversidad única.

A través de su trabajo en el Laboratorio de Ecología y Morfometría Evolutiva (EME Lab) del Instituto One Health, de la Facultad de Ciencias de la Vida de la Universidad Andrés Bello (UNAB) realiza investigaciones vinculadas a ecología evolutiva, morfometría geométrica, entomología, biología de invasiones, biología sistemática y evolución. A su vez, desarrolla proyectos en el marco de las Expediciones Científicas Antárticas (o ECAs) realizadas por el Instituto Antártico Chileno (INACH). La beca Ant-ICON / SC-ATS Science-Policy Fellowship SCAR reconoce a Benítez como asesor internacional en temas antárticos, para acercar la ciencia a las decisiones que afectan al continente.

La línea de investigación del Dr. Benítez se centra en las invasiones biológicas terrestres. Foto: El Dr. Hubo Benítez Benítez trabajando en la Antártica junto a la Dra. Tamara Contador

SCAR y Antártica

El Comité Científico para la Investigación en la Antártica, SCAR, es el principal organismo científico internacional dedicado a coordinar, promover y asesorar la investigación en la Antártica y el océano Austral. Desde 1958, reúne a equipos científicos y programas nacionales de distintos países para generar conocimiento sobre el funcionamiento del sistema antártico y sus ecosistemas, y entregar asesoría científica independiente a los países que integran el Tratado Antártico. 

Chile participa en el SCAR desde su creación en 1958 como miembro activo y mantiene un rol estratégico en la coordinación científica internacional. En noviembre de 2025, el doctor en Biología Marina, César Cárdenas (INACH/Instituto Milenio BASE) fue reelegido para presidir el Comité Científico de la Comisión para la Conservación de los Recursos Vivos Marinos Antárticos (CCRVMA), mientras que en 2024, la Conferencia Científica Abierta SCAR 2024 (11th SCAR Open Science Conference) «Ciencia Antártica: Encrucijadas para una Nueva Esperanza», se realizó en Pucón, región de Araucanía, reuniendo a más de 1.300 personas vinculadas a la investigación polar, procedentes de más de 60 países. En tanto que, en 2022, el Paleobiólogo y doctor en Ciencias Biológicas, Marcelo Leppe (U. Mayor) fue elegido como vicepresidente del SCAR, en Goa, India.

El rol del SCAR es clave para que las decisiones sobre conservación ambiental, actividades humanas y gobernanza del continente se basen en evidencia científica sólida, especialmente frente a amenazas como el cambio climático y las invasiones biológicas. A su vez, busca que las decisiones políticas sobre el continente se basen en conocimiento científico sólido, independiente y actualizado, especialmente frente a desafíos globales como el cambio climático y la creciente presión humana.

 

Por: Nadia Politis

Fotos: Hugo Benítez

 

El encuentro, realizado por primera vez en Chile, reunió a expertos y expertas de 14 países diferentes. Foto: R. Mackenzie

La región de Magallanes y la Antártica Chilena fue el foco de reunión del Grupo Internacional para la Conservación de Turberas (IMCG, por sus siglas en inglés). Desde el 1 al 9 de diciembre, este grupo de especialistas de 14 países, recorrieron las turberas de Tierra del Fuego, Punta Arenas y Última Esperanza, con el objetivo de promover el conocimiento, conservación y restauración de estos paisajes.

Esta iniciativa, que por primera vez se realizó en Chile, fue organizada por el IMCG y la Universidad Nacional de Tierra del Fuego, Argentina, y contó con la participación de la profesional Paula Otth, del Ministerio de Medio Ambiente. La logística en terreno fue organizada en colaboración con la WCS Chile, el Instituto de la Patagonia de la Universidad de Magallanes, la Fundación Planeta Agua, el Centro Internacional Cabo de Hornos (CHIC) y el Instituto Milenio BASE.

Viaje por las turberas de Magallanes

Con más de 20 expertos y expertas se dio inicio a la expedición desde la provincia de Tierra del Fuego. Allí, conocieron y recorrieron la situación de las turberas del Parque Natural Karukinka, en el Lote 10 y en el valle La Paciencia, acompañados por Bárbara Saavedra, directora senior de Conservación Efectiva y Nicole Püschel, encargada de Cambio Climático y Biodiversidad, ambas, parte del equipo de WCS Chile, quien administra el parque.

Los especialistas recorrieron turberas de la región de Magallanes. Foto: R. Mackenzie

Fue importante compartir con otros colegas el trabajo que estamos haciendo, desde WCS Chile hace más de 20 años, en torno a las turberas: salvaguardándolas y fomentando su reconocimiento y protección, en Karukinka y en otras latitudes. Por otra parte, estas instancias son cruciales para generar redes, que finalmente es lo que permite que la conservación de las turberas sea efectiva en Chile y el mundo”, señaló Püschel.

El Dr. Roy Mackenzie Calderón, investigador del CHIC y del Instituto Milenio BASE, destacó que la comitiva recalcó que estas grandes extensiones de turberas se encuentran en un excelente estado de conservación. A su vez, la profesora de la Universidad Nacional de Tierra del Fuego, Argentina y miembro del IMCG, Adriana Urciuolo valoró esta oportunidad de recorrer las turberas en Chile.

Fue hermoso realmente, todos encantados con la visita a las turberas del Parque Karukinka, y para ellos ver estas turberas prístinas en Tierra del Fuego fue fantástico, porque son muy diferentes a las turberas ya degradadas de Europa o Canadá, se quedaron realmente impresionados, les encantó la diversidad de turberas y la intensidad de actividades que hicimos alrededor del viaje”, detalló Urciuolo.

Las turberas almacenan enormes reservas de carbono acumuladas durante más de diez mil años. Foto: R. Mackenzie

Durante este recorrido, los especialistas se interiorizaron en la problemática del castor canadiense en Karukinka, siendo una de las amenazas que fue apuntada por la declaratoria del IMCG 2025. En ese sentido, Mackenzie explicó que las turberas prístinas de Tierra del Fuego poseen un valor ecológico y climático excepcional.

Almacenan enormes reservas de carbono acumuladas durante más de diez mil años, funcionando como sumideros naturales que ayudan a mitigar el cambio climático al mantener el carbono fuera del ciclo atmosférico. Además, regulan el ciclo hídrico al retener y liberar agua lentamente, estabilizando caudales y previniendo inundaciones. Su estado intacto las convierte en archivos paleoambientales que conservan información sobre la historia climática y ecológica de Tierra del Fuego y de la región, mientras sostienen una biodiversidad nativa adaptada a condiciones de extremo anegamiento. También representan paisajes de alto valor cultural y escénico, con un enorme potencial para el ecoturismo sustentable, como muy bien lo representa el trabajo que realiza la WCS”, añadió.

Posteriormente, el grupo se trasladó hasta Punta Arenas, donde los participantes visitaron el sector de San Juan, a 40 km al sur de la capital regional, comprendiendo la labor de INIA Kampenaike, que monitorea hace más de una década el estado de las turberas explotadas para su extracción. Junto a profesionales del Ministerio de Medio Ambiente, se observó el abundante crecimiento de la Murtilla (Empetrum rubrum) en las áreas explotadas, y se discutió la estrategia de restauración por rehumedecimiento mediante el bloqueo de las zanjas que aún permanecen abiertas en el sector afectado de la turbera, y de esta manera recuperar su vegetación esfagnosa y la biodiversidad nativa característica de este tipo de humedales. 

Las actividades continuaron en el sector de Seno Obstrucción, Última Esperanza, cuando la Fundación Planeta Agua recibió a la comitiva para visitar y dialogar con una familia de recolectores del musgo pompón (Sphagnum magellanicum). En el lugar, los anfitriones dieron cuenta del conocimiento empírico que han acumulado desde hace 20 años sobre el crecimiento del musgo en esa área, además de observar especies endémicas del cono sudamericano como la planta carnívora rocío de sol (Drosera uniflora) y el ciprés de las guaitecas (Pilgerodendron uviferum).

Posterior a los terrenos por Magallanes, el equipo de expertos y expertas se reunió en Punta Arenas. Foto: I. Milenio BASE / C. Barrientos

Simposio IMCG

Desde las dependencias del Servicio de Evaluación Ambiental (SEA) en Punta Arenas, los expertos se reunieron para presentar sus investigaciones y dialogar en torno a lo experimentado durante esta semana en Magallanes. Dentro de la jornada, se presentó Claudia Mansilla, profesora del Instituto de la Patagonia, quien conversó sobre las turberas y su relación con los cambios ambientales y culturales.

Muy agradecidos que se haya hecho el contacto con Chile, porque es un grupo internacional, que todos los años busca diversos países para evaluar la situación actual y pasada de las turberas. Agradecer que hayan elegido al país, fue una tremenda oportunidad que puedan venir a evaluar el estado actual de conservación, ese es uno de los objetivos”, resaltó Mansilla.

Los investigadores respaldaron las acciones de protección ambiental logradas en Chile, como la Ley de Protección de Turberas y la integración de Chile con la Contribución Determinada de Carbono (NDC). Foto: Equipo organizador del evento, por I. Milenio BASE / C. Barrientos

Palabras que comparte el Dr. Mackenzie, indicando como este encuentro permitió destacar a nivel internacional la singularidad y el estado prístino de las turberas de la austral región, consideradas entre los ecosistemas más relevantes del hemisferio sur. Además, los especialistas entregaron un fuerte respaldo a las acciones de protección ambiental que se han logrado en Chile durante los últimos años, como lo es la Ley de Protección de Turberas y la integración de estos ecosistemas en el compromiso de Chile con la Contribución Determinada de Carbono (NDC).

Este escenario ofreció a los expertos la oportunidad de observar directamente paisajes de alta integridad ecológica y discutir estrategias de conservación priorizando sus amenazas locales, en un territorio clave para el estudio de la evolución de estos ecosistemas por sus aportes en la mitigación del cambio climático global. Además, se fortaleció la colaboración científica y política, posicionando a Chile como referente en la protección de turberas en el hemisferio sur”, concluyó el ecólogo. 

 

Por: Pedro Andrade

Foto de portada: I. Milenio BASE / Constanza Barrientos