Desde Hiroshima, los investigadores Hugo Benítez y César Cárdenas representan a Chile en dos encuentros científicos clave para la gobernanza antártica y la protección de los ecosistemas polares. Las reuniones convocan a expertos y delegaciones internacionales en medio de crecientes alertas por cambio climático, biodiversidad y conservación marina en el continente blanco.

Dr. Hugo Benítez en Reunión Consultiva del Tratado Antártico, representando al Comité Científico de Investigación Antártica (SCAR) Crédito: Instituto Milenio BASE.

La ciudad de Hiroshima, en Japón, se transformó esta semana en uno de los principales centros mundiales de discusión sobre el futuro de la Antártica. Hasta allí llegaron delegaciones científicas y diplomáticas de distintos países para participar en la 48.ª Reunión Consultiva del Tratado Antártico (RCTA) y la 28.ª reunión del Comité para la Protección del Medio Ambiente (CPA), instancias donde gobiernos y equipos científicos discuten medidas sobre conservación, biodiversidad y cambio climático en el continente blanco.

Mientras el Dr. Hugo Benítez, académico de la Universidad Andrés Bello (UNAB), investigador del Proyecto Anillo PIC², Centro Internacional Cabo de Hornos (CHIC) e Instituto Milenio BASE (Biodiversidad de Ecosistemas Antárticos y Subantárticos), participa como delegado del Scientific Committee on Antarctic Research (SCAR) en discusiones vinculadas a biodiversidad terrestre y especies invasoras en ambientes antárticos, el Dr. César Cárdenas, investigador del Instituto Antártico Chileno (INACH) e Instituto Milenio BASE, aporta su experiencia en conservación marina y gobernanza internacional de los recursos vivos del océano Austral, en momentos en que la comunidad científica advierte sobre la creciente presión ambiental que enfrenta el continente blanco.

Exposición de Dr. César Cárdenas sobre los principales resultados de la última reunión del CC en relación los temas de mutuo interés. Crédito: Instituto Milenio BASE.

“La investigación no termina en los datos ni en los papers”, señala Benítez. “La evidencia científica también debe estar presente en los espacios donde se discuten medidas de protección ambiental, conservación y gobernanza para la Antártica”. En las sesiones de Hiroshima, desarrolladas en el marco de la Antarctic Treaty Consultative Meeting, el doctor en Biología Evolutiva a investigador de los proyectos BASE, CHIC y PIC2, participa en la revisión y discusión de antecedentes científicos vinculados a biodiversidad terrestre, bioseguridad y monitoreo de especies invasoras en ecosistemas antárticos, como parte del trabajo científico desarrollado por el SCAR, organismo asesor del Sistema del Tratado Antártico.

“Siempre es importante participar en estas instancias ya que tanto CPA como SC CAMLRr tienen mandatos y formas de trabajar distintas, lo cual plantea desafío para avanzar en los temas comunes”, afirma Cárdenas, investigador INACH y BASE, en el marco de su rol la Comisión para la Conservación de los Recursos Vivos Marinos Antárticos, de la cual también es presidente del comité científico. “Esta es una instancia muy importante, especialmente este año, ya que tanto se ha desarrollado un taller conjunto entre el CPA y SC-CAMLR para discutir cómo avanzar en materias relacionadas con el cambio climático y el monitoreo del ecosistema antártico”, puntualiza el doctor en Biología Marina en torno a la instancia encargada de entregar recomendaciones técnicas a los Estados miembros.

 

Hugo Benítez y el monitoreo de especies invasoras en la Antártica

El investigador del Instituto Milenio BASE y académico de la Universidad Andrés Bello, Hugo Benítez, participa en las sesiones dedicadas a biodiversidad terrestre y subantártica, con énfasis en el monitoreo de especies no nativas y sus efectos sobre ecosistemas polares. Su trabajo se vincula al análisis de insectos plaga y su expansión en escenarios de cambio climático, línea desarrollada en el Proyecto Anillo PIC², que estudia la relación entre clima, dispersión biológica y alteración de hábitats.

Científicos César Cárdenas y Hugo Benítez en Hiroshima, Japón. Crédito: Instituto Milenio BASE.

En paralelo, su investigación en el Centro Internacional Cabo de Hornos (CHIC) se enfoca en la dinámica de los ecosistemas australes y su conectividad con ambientes subantárticos, aportando evidencia sobre la vulnerabilidad de estos sistemas frente a cambios ambientales recientes. En el marco de las reuniones en Hiroshima, estas líneas de trabajo se insertan en discusiones técnicas sobre bioseguridad, conservación preventiva y vigilancia ecológica en territorios antárticos.

 

César Cárdenas y la regulación de los recursos marinos del océano Austral

El investigador del Instituto Antártico Chileno (INACH) y del Instituto Milenio BASE, César Cárdenas, centra su participación en las instancias vinculadas a la gestión y conservación de los recursos vivos marinos del océano Austral, en el marco de la Comisión para la Conservación de los Recursos Vivos Marinos Antárticos.

Las discusiones abordan la regulación de la pesca en aguas antárticas, el seguimiento de especies clave como el kril y otras poblaciones marinas, y la evaluación de medidas de conservación en un contexto de presión ambiental creciente sobre los ecosistemas polares. Cárdenas es el actual presidente del comité científico 2026–2027, instancia encargada de elaborar recomendaciones técnicas que sirven de base para las decisiones adoptadas por los Estados miembros en materia de conservación de los recursos marinos vivos del océano Austral.

De acuerdo con reportes del Panel Intergubernamental sobre Cambio Climático (IPCC), la Antártica ha registrado un aumento sostenido de temperaturas en las últimas décadas, con la península Antártica destacando como una de las zonas de mayor calentamiento del planeta. Estudios publicados en revistas como Nature y Science han documentado la pérdida acelerada de masa en plataformas de hielo del oeste antártico, con incrementos relevantes al aumento del nivel del mar. En el ámbito marino, la Comisión para la Conservación de los Recursos Vivos Marinos Antárticos ha señalado variaciones en la disponibilidad de kril antártico en sectores del océano Austral, especie clave en la cadena trófica del ecosistema. Investigaciones han reportado desplazamientos en la distribución de fauna marina asociados a cambios en temperatura superficial del océano y reducción del hielo marino estacional.

 

 

Fuente: Comunicado Instituto Milenio BASE

Fotografías: Hugo Benítez y César Cárdenas

Un reciente estudio genómico de gran escala, muestra que lo que creíamos como “una sola especie” podría ser en realidad cuatro linajes distintos, cada uno adaptado a su propio ambiente. La investigación tiene consecuencias directas para su conservación frente al cambio climático.

Pingüino papúa (Pygoscelis papua) alimentando a su cría en la Antártica. Foto: Constanza Barrientos.

Durante más de un siglo, los pingüinos papúa fueron tratados como una sola especie distribuida a lo largo del océano Austral, pero un nuevo estudio viene a cambiar esa visión. Un equipo internacional de investigadores, con participación de la Universidad de Los Lagos, la Universidad Andrés Bello, los Institutos Milenio CRG, BASE, y la Universidad de Chile, en asociación con la Universidad de California, Berkeley, analizó el genoma completo de 64 ejemplares provenientes de diez colonias en distintos puntos del hemisferio sur — desde las islas Malvinas hasta las cercanías de la Antártica, pasando por las islas Kerguelen, Crozet y Macquarie. Lo que encontraron transforma nuestra comprensión de estas aves: el ADN revela la existencia de cuatro linajes profundamente divergentes, cada uno con huellas genéticas propias, que reflejan su adaptación al ambiente donde vive y que representan etapas avanzadas del proceso de especiación.

De este modo, el océano Austral — que rodea la Antártica — no es un ambiente del todo homogéneo. Sus temperaturas, su cubierta de hielo marino, su salinidad y la cantidad de alimento disponible varían enormemente de una zona a otra. Diferencias ambientales que durante millones de años, fueron dejando una “marca” en el ADN de los pingüinos que habitaban cada región. “El ambiente no es solo el escenario donde viven los organismos, también es una fuerza que moldea su ADN a través del tiempo, dejando huellas en su genoma”, señala la Dra. Daly Noll, académica de la Universidad de Los Lagos e investigadora adscrita de los Institutos Milenios BASE y al CRG y autora del estudio.

“En el océano Austral, estas diferencias ambientales han impulsado que los pingüinos papúa sigan caminos evolutivos distintos e independientes, evidenciando un proceso de especiación”, afirma la doctora en Ecología y Evolución.

 

Dra. Daly Noll, académica U. Lagos e investigadora institutos Milenio CRG y BASE en la Antártica. Foto: Daly Noll.

Las diferencias no están en todo el ADN, sino en partes clave

Para llegar a estos resultados, las y los investigadores procesaron más de nueve millones de variantes genéticas. No se trata de diferencias al azar, advierten. Las divergencias más significativas se destacan en regiones del genoma asociadas a funciones claves, como la regulación de la temperatura corporal, el metabolismo energético y la comunicación.

Este último punto fue uno de los hallazgos más inesperados: varios grupos muestran cambios en genes relacionados con el aprendizaje vocal, lo que sugiere que las diferencias en las vocalizaciones podrían estar contribuyendo al aislamiento reproductivo entre ellos.

“En esta investigación pudimos delimitar las cuatro especies de pingüinos papua, y hacer la descripción formal completa de una de ellas, utilizando datos genómicos con varias otras aproximaciones”, señala la Dra. Juliana Vianna, académica UNAB y directora alterna del Instituto Milenio CRG. “Además nuestro estudio utiliza modelos de distribución de especies a futuro con el cambio climático, y vimos que cada una de ellas responderá de forma diferente, algunas con mayor grado de amenaza que otras”, puntualiza la también investigadora del Instituto Milenio BASE.

La magnitud de las diferencias genéticas entre los cuatro grupos es comparable a la que se observa en otras aves que ya son reconocidas como especies distintas. Por eso, el estudio propone que estos linajes sean considerados cuatro especies independientes, respaldando esa propuesta con evidencia genómica, morfológica y ecológica. Una de ellas — el pingüino papúa de las islas Kerguelen, es descrita formalmente como especie nueva para la ciencia.

 

Una advertencia para el cambio climático

“Una sola especie” podría ser cuatro linajes distintos: cada uno adaptado a su propio ambiente. Foto: Claudia Ulloa.

El hallazgo tiene implicaciones que van más allá de la taxonomía, subrayan los equipos internacionales de investigación. “Hasta ahora, todos los pingüinos papúa eran evaluados como una sola unidad de conservación, dominada en número por el grupo de la península Antártica. Eso hacía que los demás grupos, mucho menos numerosos y más vulnerables, quedarán invisibles en los registros globales”, indican.

Las proyecciones del estudio muestran que, bajo los escenarios climáticos esperados para 2050, tres de los cuatro grupos podrían perder una parte significativa de su hábitat marino. “Algunos ya están en retroceso: las colonias monitoreadas en la Isla Macquarie han perdido el 50% de sus parejas reproductivas en las últimas tres generaciones”, señala el equipo.

“Este estudio muestra que incluso en organismos muy conocidos todavía puede existir diversidad biológica no reconocida, y que identificarla correctamente es un paso fundamental para cualquier evaluación seria de conservación”, concluye el Dr. Elie Poulin, académico de la Universidad de Chile y director del Instituto Milenio BASE.

Esta investigación internacional —advierten— es también una demostración del poder de la genómica de nueva generación aplicada a preguntas ecológicas y evolutivas. Usando tecnología

“No se trata solo de leer el ADN, sino de saber dónde mirar”, indica la Dra. Daly Noll. Foto: Claudia Ulloa.

de secuenciación de alto rendimiento, fue posible reconstruir la historia evolutiva de estas aves con una resolución antes imposible y conectar esa historia con el ambiente que la moldeó. “No se trata solo de leer el ADN, sino de saber dónde mirar”, indica la Dra. Daly Noll. “La genómica nos permite identificar con precisión qué regiones del genoma contribuyen a la divergencia entre linajes, y cómo estas reflejan la adaptación a distintos ambientes”, sostiene.

 

El estudio contó con la participación de los Institutos Milenio Centro de Regulación del Genoma (CRG) y Biodiversidad de Ecosistemas Antárticos y Subantárticos (BASE), la Universidad de Los Lagos y la Universidad de Chile, junto a instituciones de Australia, Reino Unido, Francia, Sudáfrica, Argentina, España, Mónaco, Venezuela y Estados Unidos. Se enmarca además en la tesis doctoral de Daly Noll en el Programa de Doctorado en Ciencias, mención Ecología y Biología Evolutiva, de la Universidad de Chile, bajo la cotutoría de la Dra. Juliana Vianna y del Dr. Elie Poulin y el proyecto Fondecyt de Postdoctorado ANID.

 

Comunicado: Instituto Milenio CRG y BASE
Fotografías: Claudia Ulloa

Cada 25 de abril se conmemora el “Día Mundial del Pingüino”, una fecha que busca generar conciencia sobre la conservación de estas carismáticas especies. Desde Chile, equipos científicos advierten que su estado actual no solo evidencia amenazas locales, sino también impactos globales del cambio climático.

Dra. Juliana Vianna y Dra. Fabiola León durante estudio de pingüino emperador en la Antártica. Foto: Nadia Politis

El estado de conservación de los pingüinos se ha convertido en una señal de alerta sobre la salud de los ecosistemas marinos a nivel global. Así lo plantea la académica de la Universidad Andrés Bello e investigadora del Instituto Milenio BASE e Instituto Milenio CRG, Dra. Juliana Vianna. La doctora en Ciencias Biológicas mención Ecología, advierte que la importancia del estudio de estas especies se debe a su rol clave como indicadores del equilibrio oceánico.

“Los pingüinos son centinelas del océano: cuando sus poblaciones disminuyen, lo que estamos viendo es un desequilibrio mayor en los ecosistemas marinos. No es solo la pérdida de una especie, es una señal de alerta sobre el estado del planeta. Su conservación es, en el fondo, una decisión sobre nuestro propio futuro”, afirma la coordinadora científica del proyecto 1000Genomas.

Preocupación por conservación de pingüino de Humboldt y pingüino emperador. Fotos: jmclatchie y Claudio González-Wevar.

En Chile, el pingüino de Humboldt (Spheniscus humboldti) enfrenta crecientes presiones debido a la coexistencia de su hábitat con proyectos industriales en la zona norte del país. “Esta situación ha instalado un debate público sobre los límites entre desarrollo económico y conservación ambiental, evidenciando la fragilidad de uno de los ecosistemas marinos más productivos del planeta”, advierte desde Noruega la científica Dra. Fabiola León.

La investigadora advierte que la disminución de estas poblaciones no es un fenómeno aislado. “Los pingüinos cumplen funciones esenciales en las cadenas tróficas y en el transporte de nutrientes, por lo que su deterioro tiene efectos en cascada sobre los sistemas naturales y, eventualmente, sobre actividades económicas vinculadas al océano”, sostiene.

 

Una preocupación global

A nivel internacional, el caso del pingüino emperador (Aptenodytes forsteri) ha generado especial preocupación. “Esta especie depende del hielo marino antártico para su reproducción, un entorno que se ha visto alterado por el calentamiento global”, señala Eduardo Pizarro, investigador doctoral del Instituto Milenio BASE. “Estudios recientes han documentado pérdidas masivas de crías debido al quiebre anticipado del hielo, afectando directamente su supervivencia”, señala.

Dra. Juliana Vianna, Claudia Ulloa y Eduardo Pizarro durante expedición antártica mar de Weddell para estudio de pingüino emperador. Foto: Juliana Vianna.

En este contexto, la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza (UICN) actualizó su estado de conservación a “en peligro de extinción”, reflejando el riesgo creciente que enfrenta la especie. Para Claudia Ulloa, investigadora doctoral UC y del Instituto Milenio BASE, estos antecedentes confirman que la crisis ya no es sólo local, sino global. “La protección de los pingüinos se vincula directamente con la necesidad de resguardar las condiciones que sostienen la vida en el planeta”, puntualiza.

El caso del pingüino de Humboldt (Spheniscus humboldti) y del pingüino emperador (Aptenodytes forsteri) muestran con claridad que, aunque habitan ecosistemas distintos, ambos enfrentan amenazas que ya están documentadas por la ciencia, reflexiona la Dra. Juliana Vianna quien además dirige el Laboratorio de Biodiversidad Molecular en la Universidad Andrés Bello.

Estudios cuantitativos recientes revelan que la vulnerabilidad del género Pygoscelis varía según cada colonia, con tendencias críticas para P. adeliae y P. antarcticus en la península Antártica, especialmente donde coexisten con P. papua. “El análisis de la dinámica poblacional es clave para anticipar riesgos de extinción local”, afirma la estudiante de Magíster en Ciencias Biológicas de la Universidad de Chile, Aline Ubilla Mussa. La investigadora del Laboratorio de Biodiversidad Molecular UNAB del Instituto One Health, enfatiza que integrar modelos matemáticos y estocasticidad ambiental permite diseñar estrategias de conservación personalizadas. Estos hallazgos nos recuerdan que cada colonia es un mundo y si queremos generar estrategias de conservación efectivas, nuestras acciones deben adaptarse a la realidad particular que cada grupo de pingüinos enfrenta.

 

Fortalecimiento de vigilancia y monitoreo

Junto al Dr. Lucas Krüger, del Instituto Antártico Chileno (INACH) desde 2023 que ha encabezado expediciones estratégicas de contingencia para estudiar la gripe aviar en la Antártica, que ha afectado a pingüinos, pero también a cormoranes y skuas. “En marzo de 2024 Chile dio a conocer la detección de casos positivos de Influenza Aviar de Alta Patogenicidad (H5N1) en la Antártica, durante la LX Expedición Científica Antártica (ECA 60) organizada por el INACH”, recuerda Krüger.

Dr. Lucas Krüger y Eduardo Pizarro en expedición antártica para estudio de aves y gripe aviar. Foto: Eduardo Pizarro.

Desde el inicio del monitoreo del virus altamente patógeno de la influenza aviar en ejemplares de aves en la Antártica, el Comité Científico para la Investigación en la Antártica (SCAR por sus siglas en inglés) ha realizado el seguimiento del virus en los territorios antárticos y subantárticos. “Un trabajo que desde Chile se está realizando de forma continua y sistemática”, reflexiona el doctor en biología e investigador del Instituto Milenio BASE.

Investigaciones han mostrado que, bajo escenarios actuales de emisiones, hasta un 80% de las colonias de pingüino emperador (Aptenodytes forsteri) podrían desaparecer hacia fines de siglo debido a la pérdida de hielo marino. A esto se suman eventos recientes donde colonias completas han, muy probablemente, perdido un número importante de crías por el quiebre anticipado del hielo. En paralelo, el pingüino de Humboldt (Spheniscus humboldti) mantiene una población estimada de menos de 35 mil individuos, enfrentando presiones constantes en su hábitat costero en Chile y Perú.

 

Por: Nadia Politis

Fotografía de portada: Eduardo Pizarro

Vanessa Monge, se encuentra asociada al Centro Internacional Cabo de Hornos (CHIC) y al Instituto Milenio BASE. Foto: V. Monge

La localidad de Pijnacker-Nootdorp, en Países Bajos, fue el escenario del curso Basic Analytical Chemistry Course for Women Chemists, que se realizó entre el 24 y el 27 de marzo desde el Centro ChemTech de la Organización para la Prohibición de las Armas Químicas (OPCW, en inglés).

Allí estuvo presente Vanessa Monge Carrillanca, bióloga e investigadora magíster del Centro Internacional Cabo de Hornos (CHIC) e Instituto Milenio BASE, quien representó a Chile como parte de este curso de formación especializada dirigido a mujeres químicas a nivel mundial.

“El curso estuvo enfocado en el fortalecimiento de capacidades en química analítica y sistemas de gestión de calidad, abordando herramientas clave para el análisis químico en contextos regulatorios y de verificación internacional. Esta instancia contribuye al fortalecimiento de las capacidades técnicas del Laboratorio de Marea Roja CHIC y a la proyección internacional del Centro”, señaló.

Cabe destacar que Monge es la encargada del Laboratorio de Marea Roja CHIC, ubicado en el Centro Subantártico Cabo de Hornos, de la Universidad de Magallanes, en Puerto Williams, y que en el presente año inauguró su equipamiento científico, dando un importante paso que fortalece las capacidades locales en investigación y monitoreo de floraciones algales nocivas (FAN) para la región subantártica.

El curso tuvo lugar en el Centro ChemTech de la Organización para la Prohibición de las Armas Químicas. Foto: V. Monge

Ante ello, la joven investigadora valoró la oportunidad de participar de este encuentro, para  el aprendizaje y fortalecimiento de sus capacidades junto a mujeres químicas de todo el mundo, y que se enmarcó en un proceso de selección internacional liderado por la Secretaría Técnica de la OPCW y el Gobierno de los Países Bajos.

“Participar en este curso junto a otras mujeres químicas fue una experiencia muy enriquecedora, no solo en lo profesional, sino también en lo personal. Compartir con científicas de distintos países, con realidades y trayectorias tan diversas, me permitió darme cuenta de que, a pesar de las diferencias, muchas enfrentamos desafíos similares dentro de la ciencia. Se generó un espacio muy cercano, de confianza, donde pudimos intercambiar experiencias, apoyarnos y aprender unas de otras. Sin duda, este tipo de instancias fortalece redes, motiva y reafirma la importancia de seguir impulsando la participación de mujeres en áreas científicas, avanzando hacia una ciencia más equitativa, inclusiva y representativa”, manifestó Monge.

Este curso forma parte de las iniciativas de la Organización para la Prohibición de las Armas Químicas (OPCW, en inglés), entidad encargada de la aplicación internacional de la Convención sobre Armas Químicas, de abril de 1997, y que cuenta con 193 países miembros, entre ellos, Chile.

 

Por: Pedro Andrade / CHIC

Fotografías: Vanessa Monge

85 metros cuadrados de nuevo espacio científico, se suman al LEMAS-UMAG. Foto: C. Barrientos

A 15 años de su fundación, el Laboratorio de Ecosistemas Marinos Antárticos y Subantárticos (LEMAS) de la Universidad de Magallanes (UMAG) refuerza su rol como espacio de colaboración y formación científica junto al Instituto Milenio BASE.

Ochenta y cinco metros cuadrados de espacio científico, se suman a la infraestructura del Laboratorio de Ecosistemas Marinos Antárticos y Subantárticos (LEMAS) de la Universidad de Magallanes (UMAG), por medio de un convenio de colaboración firmado con el Instituto Milenio Biodiversidad de Ecosistemas Antárticos y Subantárticos (Instituto Milenio BASE) que busca fortalecer la ciencia polar desde la región de Magallanes, promoviendo la colaboración y la formación de capital humano.

Ciencia que se construye 

Impulsado por el Dr. Andrés Mansilla, el LEMAS nace en 2010, tras la necesidad de contar con un espacio para el desarrollo de investigación básica y aplicada en el campo de las macroalgas antárticas y subantárticas. Construido con el apoyo institucional de la UMAG y del Instituto de Ecología y Biodiversidad (IEB), su equipamiento científico y logístico fue financiado a través de proyectos concursables de organismos estatales como el Fondo de Fomento al Desarrollo Científico y Tecnológico (FONDEF), el Fondo Nacional de Desarrollo Científico y Tecnológico (FONDECYT), el Instituto Antártico Chileno (INACH) y la Corporación de Fomento de la Producción (CORFO).

“Cuando comenzamos éramos cuatro personas en el laboratorio, incluyendo estudiantes de pregrado y magíster. En esos años la carrera de biología marina recién se había comenzado a impartir en la universidad”, comentó el Dr. Andrés Mansilla, también investigador principal del Centro Internacional Cabo de Hornos (CHIC). Después, con la llegada de estudiantes de postgrado y doctorado, el laboratorio experimentó una expansión estratégica: de una dedicación exclusiva a macroalgas, evolucionó hacia un enfoque integral de ecosistemas marinos.

La ampliación del LEMAS-UMAG coincide con su año 15 de existencia. Foto: C. Barrientos

A medida que el LEMAS se expandía, se incorporaron investigadores como la Dra. Karin Gérard, especializada en evolución de biodiversidad subantártica y antártica, y el Dr. Máximo Frangopulos, experto en Floraciones Algales Nocivas (FAN). “La región de Magallanes es un lugar privilegiado para hacer ciencia, por su conexión con la Antártica y por las oportunidades que ofrece para desarrollar investigación colaborativa con equipos científicos que llegan de todas partes de Chile y del mundo”, señaló la Dra. Karin Gérard, investigadora del Instituto Milenio BASE, quien llegó desde Francia hace diecisiete años y que- desde hace diez- forma parte del laboratorio. 

“En estos 15 años de existencia, hemos contado constantemente con la visita de investigadores y estudiantes nacionales e internacionales. Hemos impulsado proyectos de relevancia para la región e involucrado en instancias de toma de decisiones. Hoy, contando con un equipo de más de diez estudiantes e investigadores de pregrado, magíster, doctorado y postdoctorado, la inversión en infraestructura impulsada junto al Instituto Milenio BASE y la UMAG, viene a potenciar este trabajo y nos permite continuar proyectándonos”, expresó el Dr. Andrés Mansilla. 

Colaboración que fortalece

Como parte del fortalecimiento de sus capacidades científicas y territoriales, el Instituto Milenio BASE se involucró en la expansión del LEMAS, ubicado en el Instituto de la Patagonia de la UMAG, una de sus instituciones asociadas en la región de Magallanes. Este hito se desarrolló en el marco del convenio de colaboración vigente firmado entre ambas instituciones en 2025.

LEMAS-UMAG y el Instituto Milenio BASE colaboran en instancias de divulgación del conocimiento. Foto: C. Barrientos

El proyecto contempló la instalación de seis módulos anexos a la infraestructura existente del laboratorio, incorporando ochenta y cinco metros cuadrados adicionales de espacio científico. Esta ampliación incluye un laboratorio destinado al estudio de fitoplancton tóxico, un espacio para investigaciones en ecofisiología marina, además de oficinas para académicos y estudiantes. Asimismo, considera infraestructura de apoyo, como baño y cocina.

Al respecto, el director del Instituto Milenio BASE, Dr. Elie Poulin, comentó que “más allá de su dimensión infraestructural, esta expansión tiene un valor estratégico significativo para el instituto. Este aporte fortalece nuestra relación con la UMAG y nuestra presencia territorial en Magallanes, una región clave para la investigación polar, facilitando el acceso, la coordinación de campañas científicas y el desarrollo de investigaciones a largo plazo en los ecosistemas antárticos y subantárticos”.

Por su parte, el decano de la Facultad de Ciencias de la UMAG, Gustavo Poblete, señaló que “la ampliación del LEMAS representa un impulso significativo para la facultad. Este nuevo espacio, donde convergen instituciones de relevancia regional y nacional, como el Instituto Milenio BASE y el Centro Internacional Cabo de Hornos, potencia la colaboración científica y la articulación de capacidades en torno a los ecosistemas antárticos y subantárticos. Asimismo, amplía las oportunidades de formación para estudiantes en todos los niveles. Desde Magallanes, proyectamos investigación de excelencia con impacto global”.

Con esta ampliación, el LEMAS reafirma su rol como un nodo estratégico para el desarrollo de ciencia en el extremo sur de Chile, articulando capacidades locales e internacionales en torno a los ecosistemas antárticos y subantárticos. Con infraestructura clave para la investigación, consolida la colaboración entre la Universidad de Magallanes, el Instituto Milenio BASE y el Centro Internacional Cabo de Hornos.

 

 

Por: Constanza Barrientos Soto

Más de 100 personas participaron en la segunda sesión de Encuentros SBAP, donde la bióloga marina y doctora en Ciencias María José Pérez Álvarez abordó cómo las herramientas genéticas y el trabajo interdisciplinario están ampliando el conocimiento sobre poblaciones, varamientos, amenazas y estrategias de conservación de cetáceos en Chile.

La genética se ha convertido en una herramienta cada vez más decisiva para comprender mejor a los cetáceos y fortalecer su conservación en Chile. Ese fue el principal mensaje de la segunda sesión de Encuentros SBAP, realizada el viernes 27 de marzo e impulsada por el Servicio de Biodiversidad y Áreas Protegidas. La instancia reunió a más de 100 personas, entre asistentes presenciales en el auditorio institucional, y funcionarias, funcionarios y ciudadanía conectados en línea desde todo del país.

Más de 100 personas participaron en la charla dictada por la Dra. María José Pérez Álvarez. Foto: I. Milenio BASE / N. Politis

La charla “Herramientas genéticas y esfuerzos interdisciplinarios para la conservación de cetáceos en Chile” estuvo a cargo de María José Pérez Álvarez, bióloga marina, doctora en Ciencias y especialista en genética para la conservación de mamíferos marinos en Chile, con foco en cetáceos. Actualmente, María José es académica de la Universidad de Chile, investigadora del Instituto Milenio BASE y del Centro de Investigación Eutropia. Además, es asesora científica de la Subsecretaría de Pesca y Acuicultura y de la Comisión Permanente del Pacífico Sur (CPPS).

Durante su exposición, la investigadora mostró cómo la información genética, combinada con otras disciplinas e instituciones, ha permitido avanzar en estudios aplicados en distintas especies de cetáceos en Chile. Entre otros hallazgos, explicó que estas herramientas ayudan a complementar registros de varamientos, identificar o corregir especies, determinar su sexo, conocer mejor la estructura de las poblaciones y aportar evidencia útil para el diseño de estrategias de manejo y conservación de estos mamíferos marinos.

La presentación también relevó el valor de los enfoques colaborativos y transdisciplinarios para estudiar especies marinas de difícil acceso y generar conocimiento que sirva para la toma de decisiones. En ese sentido, la actividad permitió acercar evidencia científica de alto nivel al trabajo cotidiano del Servicio, reforzando el vínculo entre ciencia, gestión pública y protección de la biodiversidad marina.

Durante su presentación, la experta indicó que las herramientas genéticas están permitiendo responder preguntas que hace algunos años eran mucho más difíciles de abordar en cetáceos, desde la identificación de especies hasta el estudio de poblaciones, amenazas y procesos ecológicos: “Cuando ese conocimiento se integra con otras disciplinas y con el trabajo de distintas instituciones, se vuelve mucho más útil para la conservación”.

Un evento impulsado por la Unidad de Educación y Formación Continua del Departamento de Comunicaciones, Ciudadanía y Educación del SBAP. Foto: I. Milenio BASE / N. Politis

Al finalizar, la jefa de la División de Biodiversidad del SBAP, Contanza Troppa, valoró la instancia. “Para el SBAP, generar este tipo de espacios es muy valioso, porque acerca conocimiento científico de frontera al quehacer institucional. La conservación de la biodiversidad marina exige fortalecer capacidades, dialogar con la evidencia y avanzar con una base técnica sólida para una mejor toma de decisiones”, apuntó.

Organizado por la Unidad de Educación y Formación Continua del Departamento de Comunicaciones, Ciudadanía y Educación, el ciclo Encuentros SBAP busca consolidarse como un espacio permanente de aprendizaje, actualización y vinculación, orientado a fortalecer las capacidades institucionales en materias misionales.

 

Fuente: SNBAP

El Dr. Jaime Ojeda es investigador del Laboratorio LEMAS de la UMAG, del CHIC y del Instituto Milenio BASE.

Cada año la Sociedad Ecológica Británica (British Ecological Society), la más antigua del mundo, otorga el Premio Rachel Carson al mejor artículo de la Revista People and Nature, escrito por un investigador o investigadora joven.

Con más de 90 postulaciones, se eligieron a los ocho mejores artículos de esta revista de ciencias socio ecológicas, siendo dos veces nominado el Dr. Jaime Ojeda Villarroel, del Centro Internacional Cabo de Hornos (CHIC), del Laboratorio de Ecosistemas Marinos Antárticos y Subantárticos (LEMAS) de la Universidad de Magallanes (UMAG) y del Instituto Milenio BASE.

Una de estas corresponde al artículo “Dos lentes para explorar las relaciones entre aves marinas y pescadores: revelando contribuciones recíprocas”, realizado desde la región de Magallanes. Esta investigación detalló el vínculo entre pescadores de merluza y aves marinas como albatros y petreles, los beneficios de esta relación y la problemática de la pesca artesanal en la zona austral.

“Es un honor al trabajo y a los colaboradores que han participado, ya que se trata de un reconocimiento no solo a mí, sino que también a las personas que realizan este oficio que se está extinguiendo”, indicó Ojeda.

En tanto, el académico de la UMAG, también fue nominado por el artículo “Contribuciones recíprocas en la gestión indígena marina: el caso de la recolección de abulón Haida”. Desde la isla Haida Gwaii, en Canadá, esta investigación dio cuenta de los esfuerzos de esta primera nación, para recuperar al abalón, caracol marino que come algas, y de gran trayectoria histórica para la comunidad.

Por su trabajo con pescadores en la región de Magallanes y con la Nación Haida de Canadá, el Dr. Jaime Ojeda fue nominado dos veces al Premio Rachel Carson.

Conocer de este vínculo, tanto por las personas mayores y los jóvenes de este pueblo originario, resultó de gran relevancia para Ojeda, quién desarrolló este artículo mientras realizaba su Doctorado en la Universidad de Victoria, en el país norteamericano.

“Los dos artículos se conectan de alguna forma entre los vínculos interhemisféricos. Estos artículos están enmarcados a las contribuciones recíprocas de las personas a la naturaleza, que fue un concepto desarrollado con los autores, para entender cuáles son los esfuerzos que las personas han hecho o como han contribuido, desde su perspectiva, al entorno natural o los oficios que practican. Muchas veces se habla desde los impactos, que está bien indagarlo, pero las personas piensan y pueden tener acciones de contribución a su entorno natural”, reflexionó.

Rachel Carson fue una bióloga estadounidense, destacada escritora del libro “La Primavera Silenciosa”, publicado en 1962, representando un texto pionero en la ética ambiental y que propició la prohibición de pesticidas como el DDT en Estados Unidos por sus daños al medio ambiente y la salud humana.

“Es un honor obtener esta nominación a un premio de revistas muy reputadas de las ciencias socio ecológicas, y con un premio que tenga su nombre”, comentó Ojeda.

 

Fotografías: Alex García, Lynn Lee y Katrine Payne

Nota de prensa: Pedro Andrade, CHIC

 

El muestreo buscó dar con plantas del género Deschampsia (izquierda) y Baccharis (derecha). 

La expedición subantártica tuvo como objetivo dar con dos géneros de plantas que juegan un rol ecológico importante y que son fundamentales para el estudio del cambio climático en ambientes australes: Deschampsia y Baccharis.

Liderada por el Dr. Pablo Guerrero, académico de la Universidad de Concepción (UdeC) e investigador del Instituto Milenio BASE y del Instituto de Ecología y Biodiversidad (IEB), y por el Dr. Gastón Carvallo de la Pontificia Universidad Católica de Valparaíso (PUCV) y del IEB, la exploración subantártica abarcó los alrededores de la comuna de Torres de Paine, isla Grande de Tierra del Fuego y cerro Mirador en la ciudad de Punta Arenas.

“Se suele creer que lugares de climas extremos, como la región de Magallanes, tienen poca diversidad de plantas, pero no es así, la flora de la zona es muy heterogénea y se encuentra distribuida en diversos ambientes”, señaló el Dr. Pablo Guerrero. Durante siete días, los académicos buscaron especies del pasto Deschampsia y del arbusto Baccharis, dos plantas cuyo rol es clave para entender el impacto que el cambio global tiene sobre los ecosistemas subantárticos.

Torres del Paine, isla Tierra del Fuego y cerro Mirador en Punta Arenas, fueron los principales puntos de muestreo.

El recorrido partió desde la comuna de Torres del Paine en la provincia de Última Esperanza, continuó por la Reserva Karukinka y alrededores en isla Grande Tierra del Fuego y finalizó en el cerro Mirador de Punta Arenas. Con más de 200 puntos de muestreo, las especies Deschampsia antarctica y Baccharis magellanica fueron la más importantes dentro de sus respectivos géneros, dentro de la región monitoreada.

“Parece un pasto común de la región de Magallanes, pero si miras con detalle notarás que sus hojas son más finas y alborotadas”, explicó el Dr. Pablo Guerrero, al referirse a la apariencia del llamado pasto antártico, D.  antarctica. Este puede ser encontrado desde la región de Magallanes hasta la península del continente helado; creciendo en zonas de deshielo y suelos rocosos, está adaptada para sobrevivir en condiciones de frío extremo, tolerando temperaturas incluso debajo de los -20° C.

“El ambiente subantártico se caracteriza por poseer una gran extensión en términos de superficie con bastante heterogeneidad de ambientes, dentro de los cuales destaca el de alta montaña que se asemeja bastante a las condiciones de la Antártica marítima. Es en este ambiente de alta montaña donde encontramos D. antarctica”, señala el director del Laboratorio de Biogeografía, Macro-evolución y Sistemática (BIOMAS), Dr. Pablo Guerrero.

D. antarctica, conocida como pasto antártico, puede encontrarse desde la región de Magallanes hasta la península del continente helado.

Tras la recolección de ejemplares de D. antarctica, el equipo estudiará cómo estas plantas reaccionan a nivel molecular frente a los cambios del ambiente, mediante la caracterización de su ARN, una molécula que permite inferir qué está ocurriendo dentro de la planta y qué genes están activos en ese momento. De manera complementaria, en terreno se realizó la caracterización fenológica de las distintas poblaciones muestreadas, con el fin de determinar la etapa de desarrollo en la que se encontraban al momento del muestreo y así interpretar adecuadamente los resultados.

Este trabajo se fortalece con el trabajo que desarrollan estudiantes de pregrado, magíster y doctorado del laboratorio BIOMAS de la UdeC.

En el caso de la especie B. magellanica, su distribución en Chile continental es mucho más amplia que D. antarctica, abarcando desde la región del Maule hasta la región de Magallanes. Este arbusto, usualmente es encontrado en sectores expuestos al viento, puede medir desde los 30 centímetros hasta 1 metro de alto.

La recolección de muestras de B. magellanica complementa el trabajo que desarrolla el estudiante de doctorado, Arón Cádiz Véliz, junto al Dr. Pablo Guerrero, en el Laboratorio BIOMAS de la Facultad de Ciencias Naturales y Oceanográficas de la UdeC. Este estudio busca analizar el efecto de los hábitats fríos y áridos sobre la expansión biogeográfica, la diversificación y la evolución de los rasgos funcionales en el género Baccharis (Asteraceae).

 En coordinación con las campañas desarrolladas en la región de Magallanes, las estudiantes de la UdeC y del Instituto Milenio BASE, Javiera Madariaga (Biología) y Catalina Escobar (Magíster) realizaron muestreos sincrónicos en diversas islas de la Península Antártica. Este enfoque comparativo, implementado bajo un marco espacial y temporal equivalente, permite evaluar diferencias en los genotipos y en las respuestas biológicas de D. antarctica entre poblaciones subantárticas y antárticas.

El Dr. Pablo Guerreo (derecha) y el Dr. Gastón Carvallo (izquierda) han trabajo de forma colaborativa durante más de diez años.

Deschampsia antarctica, un trabajo interdisciplinario

La colaboración entre el Dr. Pablo Guerrero y el Dr. Gastón Carvallo es de larga data, más de diez años trabajando en conjunto en estudios sobre ecología y evolución de plantas a lo largo de Chile. “Nuestros primeros trabajos fueron en el Atacama y ahora en la zona subantártica, centrándonos en entender procesos evolutivos y reproductivos”, indica el experto en reproducción vegetal, Dr. Gastón Carvallo.

“Uno de los factores más importantes para entender la evolución y la distribución de las plantas tiene que ver con su sistema de reproducción. Nuestro objetivo es conocer cómo se reproduce Deschampsia antarctica en el continente, ya que podría presentar una estrategia de reproducción muy distinta a la que presenta en la Antártica donde las condiciones son más severas”, agrega el Dr. Carvallo.

En la expedición se desarrollaron más de 200 puntos de muestreo.

El trabajo con D. antarctica se enmarca en el modelo de investigación que el Dr. Pablo Guerrero dirige en el Instituto Milenio BASE, en la línea “Desplazamiento en la distribución y riesgo de extinción en la biota antártica y subantártica”. Según señala el académico UdeC, en colaboración con la Dra. Julieta Orlando, microbióloga de la Facultad de Ciencias de la Universidad de Chile e investigadora del Instituto Milenio BASE, este trabajo también considerará análisis del microbioma de D. antarctica.

 Con la reciente expedición, el equipo busca aportar nueva evidencia sobre cómo las plantas australes están respondiendo al cambio global, fortaleciendo el conocimiento científico generado desde la ecorregión subantártica de Magallanes. Los resultados permitirán comprender mejor los procesos ecológicos, reproductivos y evolutivos que ocurren en el extremo sur, un territorio clave para predecir el futuro de la biodiversidad.

 

Por: Constanza Barrientos Soto

Fotos: Constanza Barrientos y Pablo Guerreo

El kril antártico es fundamental en la cadena trófica del ecosistema del sexto continente. Foto: INACH

A través del análisis de dos décadas de datos en la península Antártica, el equipo científico sugiere medidas para actualizar estrategias utilizadas actualmente, generando un  nuevo modelo que permita ajustar las capturas en tiempo real según la variabilidad ambiental de cada zona.

El kril antártico —denominado científicamente Euphasia superba— es una especie de crustáceo malacostráceo perteneciente al orden Euphausiacea, habitante de las heladas aguas de la Antártica en el océano Austral. Este pequeño organismo constituye un eslabón fundamental en la cadena trófica del ecosistema antártico, siendo la principal fuente de alimento para peces, pingüinos, ballenas, focas y diversas aves marinas como los albatros.

Con una esperanza de vida de hasta seis años, el kril puede alcanzar los 6 centímetros de longitud y un peso de 2 gramos. Destaca por formar cardúmenes de alta densidad —llegando a los 30.000 ejemplares por metro cúbico— y por su rol ecológico al transferir la energía solar fijada por el fitoplancton hacia niveles superiores de la red trófica del Continente blanco.

En este contexto de relevancia ecológica, Mauricio Mardones, estudiante de doctorado en Ciencias Antárticas y subantárticas de la Universidad de Magallanes, publicó el estudio titulado “Estimaciones dispares de la productividad intrínseca del kril antártico a lo largo de pequeñas escalas espaciales bajo un océano que cambia rápidamente”.

Este trabajo contó con la guía de su tutor, el biólogo marino e investigador del Instituto Antártico Chileno (INACH) y del Instituto Milenio BASE, el Dr. César Cárdenas, junto a la colaboración del Dr. George Watters y la Dra. Erica Jarvis Mason, de la División de Investigación del Ecosistema Antártico, Centro de Ciencias Pesqueras del Suroeste, NOAA, La Jolla, California, Estados Unidos, y el Dr. (c) Francisco Santa Cruz, biólogo marino e investigador del INACH y del Instituto Milenio BASE.

Mauricio Mardones, investigador doctoral de la Universidad de Magallanes y del Instituto Milenio BASE. Foto: I. Milenio BASE / C. Barrientos

El impacto ambiental en las zonas de manejo

El estudio analiza dos décadas de datos sobre la composición de tallas del kril antártico, obtenidos mediante el monitoreo de la actividad pesquera. A partir de esta información, se estimó la productividad intrínseca de la especie utilizando el indicador de potencial reproductivo. La investigación se centró en la Subárea 48.1 (península Antártica), bajo los estándares de la Comisión para la Conservación de Recursos Vivos Marinos Antárticos (CCRVMA o CCAMLR por su sigla en inglés), y evaluó cinco zonas (unidades de manejo): el estrecho de Bransfield, la isla Elefante, el estrecho de Gerlache, la isla Joinville y las islas Shetland del Sur sudoccidental.

El equipo de investigación buscó determinar si la dinámica poblacional del kril es uniforme en toda la península o si presenta variaciones espaciales significativas. El estudio se centró en cuantificar cómo varía, tanto en el tiempo como en el espacio, la capacidad reproductiva activa del recurso, evaluando si existen diferencias relevantes entre zonas de pesca a pequeña escala o ‘unidades de manejo’ como son llamadas.

Al respecto, Mauricio Mardones, también investigador doctoral del Instituto Milenio BASE, señala que, “encontramos una marcada heterogeneidad espacial. Algunas áreas presentan niveles de productividad consistentemente bajos, incluso por debajo de niveles recomendables, mientras que otras muestran mayor resiliencia. Esto se debe, principalmente, a que en algunas áreas, se identifica una mayor proporción de individuos juveniles de kril, que son permanentes y residentes en algunas de estas zonas”.

La investigación de Mardones demostró que variables ambientales, como la temperatura del agua y la concentración de clorofila, influyen directamente en las tasas de crecimiento y, por ende, en el potencial reproductivo del kril.

El equipo de investigación estuvo constituido por científicos y científicas nacionales e internacionales, entre ellos, Francisco Santa Cruz. Foto: M. Mardones

Umbrales de riesgo y realidad

Esta variante se mide a través del indicador SPR (Spawning Potential Ratio o Relación de Potencial de Desove), que funciona como un termómetro biológico: mide la capacidad de una población —en este caso el kril— para producir huevos bajo condiciones de presión —ya sea la actividad pesquera o el estrés ambiental— en comparación con su capacidad en un estado natural virgen, es decir, sin explotación.

En esta escala, un 100 % representa una población intacta y sin explotación, mientras que un 0 % indicaría una población que ha perdido su capacidad de reproducción, por ejemplo, debido a la captura excesiva de hembras o individuos en edad reproductiva. Para evaluar la salud reproductiva de la población, el estudio utiliza el método de Índice de Potencial del Desove Basado en la Longitud (LBSPR), que analiza la distribución de tamaños de los ejemplares capturados.

Dado que el kril es una especie de crecimiento rápido y de alta productividad, requiere de una estrategia de manejo con rangos de seguridad más estrictos que otros recursos marinos para no colapsar. Bajo este modelo, la investigación definió los siguientes escenarios: un 75 % (SPR 75 %) como nivel ideal para garantizar la sostenibilidad de pesca y suficiente alimento para los depredadores dependientes. Asimismo, si el valor cae por debajo del 20 % (SPR 20 %), la población se considera en riesgo crítico y la captura permitida debiese ser cero, con el objetivo de proteger la recuperación poblacional.

Aunque la productividad se muestra estable, el análisis de toda la zona estudiada revela que los valores de SPR se mantienen bajos, generalmente en torno al 25 %. Esto sitúa a la población de la península Antártica cerca del límite de riesgo, sin que se observen señales de mejora significativa para toda la subárea en conjunto.

El trabajo contó con la guía de su tutor, el biólogo marino e investigador INACH y del Instituto Milenio BASE, Dr. César Cárdenas. Foto: H. Díaz

Estrategias dinámicas frente al cambio climático

La investigación cobra especial relevancia en el contexto actual de crisis climática. El Dr. César Cárdenas mencionó que este estudio se vincula directamente con la Antártica al analizar un recurso pesquero cuya dinámica poblacional ya está siendo afectada y “será aún más significativa en las próximas décadas”. Según el experto, “es vital entender cómo los factores ambientales afectan a la productividad del kril para poder entender y predecir su futuro”.

El trabajo de Mardones propone un cambio de paradigma en la gestión pesquera: transitar desde la estrategia actual estática de la CCAMLR, hacia un manejo dinámico y precautorio. Este enfoque permite ajustar las cuotas de capturas en tiempo real según los cambios ambientales observados, asegurando que la actividad humana pueda continuar sin comprometer la base de la cadena trófica ni la estabilidad del ecosistema antártico.

La utilidad de este enfoque radica en su capacidad para aplicarse a unidades espaciales de pequeña escala. Según advierte el Dr. Cárdenas, “en los últimos años ya han aumentado los niveles de captura y, por tanto, se espera que el próximo año vaya a aumentar más el interés por este recurso”.

El equipo propone transitar desde la estrategia actual estática de la CCAMLR, hacia un manejo dinámico y precautorio. Foto: M. Mardones

Conservación marina

En el ámbito de la conservación de los océanos, el INACH desempeña un rol importante mediante el Programa de Áreas Marinas Protegidas (AMP), una iniciativa clave para la gestión sustentable de la biodiversidad, hábitats, especies y procesos ecológicos marinos. Según la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza (UICN), estas áreas son espacios geográficos definidos y gestionados por medios legales para asegurar la conservación de la naturaleza, sus servicios ecosistémicos y sus valores culturales.

Bajo este marco, desde el 2012, Chile —por medio del INACH— ha trabajado en conjunto con Argentina en una propuesta para establecer una AMP en la zona de la península Antártica e islas Orcadas del Sur. Este trabajo incluye colaboración científica con instituciones nacionales e internacionales, además del apoyo en negociaciones diplomáticas dentro de foros como la CCAMLR.

Una AMP no necesariamente apunta a prohibir la pesca, más bien, depende de los objetivos de conservación definidos para un área determinada. En muchos casos, estas medidas pueden incluso proteger zonas reproductivas de kril, con beneficios directos para la sostenibilidad de las pesquerías, explicó Francisco Santa Cruz. La propuesta de AMP de Chile-Argentina destaca el liderazgo científico y la colaboración científica en el proceso de planificación espacial, buscando asegurar el uso racional de recursos en el Océano Austral. El objetivo es fortalecer los ecosistemas más frágiles ante las presiones combinadas del cambio climático y la actividad humana.

Con una esperanza de vida de hasta seis años, el kril puede alcanzar los 6 centímetros de longitud y un peso de 2 gramos. Foto: I. Milenio BASE / N. Politis

Un futuro sostenible

El éxito de esta investigación es también un reflejo de la importancia del apoyo institucional. Mauricio Mardones fue beneficiario del sistema de becas científicas de la CCAMLR, un programa que busca fortalecer la formación de nuevos investigadores e investigadoras jóvenes, lo que le permitió viajar y participar activamente en distintas reuniones técnicas durante 2 años.

Estas instancias son fundamentales para la creación de capital humano avanzado, permitiendo que nuevas experticias se integren a las discusiones globales y realicen aportes significativos que aseguren la protección y el manejo responsable del continente blanco.

La relevancia de este estudio es vital: el kril no es solo un recurso pesquero, es la base trófica del ecosistema antártico. Al estar directamente influenciado por las condiciones climáticas, cualquier fluctuación en su población resuena en toda la cadena. Comprender cómo varía su productividad, ya sea en el tiempo y el espacio, permite anticipar riesgos críticos. Pero lo más importante es que entrega las herramientas necesarias para modernizar las estrategias de la CCAMLR —organización que vela por el manejo y uso sustentable del kril antártico—, asegurando que las pesquerías no sobrepasen los límites que la naturaleza impone en este frágil ecosistema.

 

Por: Instituto Antártico Chileno (INACH)

Foto portada: Adobe Stock

 

La expedición del Crucero de Investigación Marina en Áreas Remotas 2026 (CIMAR 1 Antártica), a bordo del buque de la Armada de Chile, rompehielos Almirante Óscar Viel, explora el estrecho de Bransfield con alrededor de nueve proyectos a cargo de científicas y científicos de distintas áreas e instituciones.

Desde Punta Arenas zarpó el primer CIMAR rumbo a la Antártica, coincidiendo con el estreno del rompehielos Almirante Óscar Viel como plataforma científica. Proyectos en genómica, química, biología, oceanografía, entre otros, se estarán desarrollando durante las dos semanas de navegación por el estrecho de Bransfield. Una misión que cuenta con un equipo de la Facultad de Ciencias Naturales y Oceanográficas (FCNO) de la Universidad de Concepción (UdeC).

El equipo científico busca conocer la distribución y abundancia del kril en el estrecho de Bransfield. Foto: Angie Díaz, Ramiro Riquelme y Bárbara Riquelme.

El objetivo principal del trabajo que realiza el equipo del Departamento de Zoología de la FCNO es determinar la distribución y abundancia del kril antártico, (Euphausia superba). La investigación es liderada por el académico de la UdeC, el Dr. Ramiro Riquelme, con el apoyo de la asistente de investigación Bárbara Riquelme y la participación de la Dra. Angie Díaz, investigadora del Instituto Milenio BASE y académica de la misma casa de estudio.

Las muestras están siendo colectadas mediante tres metodologías complementarias: “Arrastre con redes; sensoramiento remoto a partir de acústica y por roseta. Esta última está a cargo de la Dra. Angie Díaz, responsable del análisis genómico y del ADN ambiental”, explica el jefe del proyecto, investigador de Núcleo Milenio para el Estudio de la Desoxigenación en el Océano Pacífico Sur Oriental (DEOXS) y del Anillo Antártico DIPOLE, Dr. Ramiro Riquelme.

Dra. Angie Díaz, investigadora principal del Instituto Milenio BASE con el rompehielos Almirante Óscar Viel de fondo.

“Parte de los objetivos principales del Instituto Milenio BASE es conocer y describir los ecosistemas que podemos encontrar en zona antártica y subantártica”, señala la Dra. Angie Díaz. Esta investigación se centra en una especie clave para la trama trófica del océano Austral, Euphausia superba. “En ese sentido, estamos incorporando un modelo de estudio a escala mundial que acopla la parte genómica con múltiples datos oceanográficos, lo que permitirá hacer una caracterización más fina de la especie y de sus variables ambientales”, agrega la investigadora.

El primer CIMAR Antártico

El programa de Cruceros de Investigación Marina en Áreas Remotas (CIMAR) se inició en 1995 como una iniciativa del Comité Oceanográfico Nacional (CONA) y del Servicio Hidrográfico y Oceanográfico de la Armada (SHOA). Desde entonces, ha recorrido fiordos y canales australes, además de territorios insulares como Isla de Pascua y el Archipiélago Juan Fernández, con el propósito de ampliar el conocimiento científico sobre zonas oceánicas de difícil acceso para el país. Este 2026, el programa marca un nuevo hito al realizar, por primera vez, una expedición dirigida al sexto continente.

Por medio de rosetas, colectan muestras de agua a profundidades de 200, 100 y 50 metros, para ADN ambiental y estudio de kril. En la foto, la Dra. Angie Díaz con Patricia Álvares, asesora científica.

El jefe de crucero CIMAR 1 Antártica, teniente primero Alejandro Maraboli-Quezada, indica que el principal objetivo de esta comisión es “poner a prueba las capacidades del buque para realizar investigaciones en la Antártica, lo que representa un gran desafío. Al ser su primera misión, queremos observar cómo se comporta, cómo responde la dotación y si cumple con las expectativas de los científicos y sus proyectos”. Esta expedición marca el estreno del rompehielos con fines científicos, el cual cuenta con amplios espacios, laboratorios especializados y equipamiento para el desarrollo de investigación en terreno. 

Desde la Armada de Chile, el comandante en jefe de la Tercera Zona Naval, Juan Soto Herrera, expresa el compromiso de la institución con la ciencia: “Esta comisión, particularmente, lleva un grupo bien variado de científicos y académicos de distintas universidades de nuestro país, que van a llevar adelante aproximadamente nueve proyectos diferentes en relación con química, física, geografía y geología del mar y del fondo marino. Todo eso para conocer aún más todo nuestro territorio antártico y cimentar nuevos antecedentes para la proyección del área protegida”, comenta.

Los equipos científicos utilizan los laboratorios y tecnologías del buque para la mantención y análisis de las muestras a bordo.

Una expedición interdisciplinaria y colaborativa

La expedición tendrá una duración aproximada de dos semanas y se encuentra recorriendo distintos puntos del estrecho de Bransfield, incluidos dos montes submarinos. El Dr. Leonardo Castro Cifuentes, académico de la Universidad de Concepción, está a cargo como jefe del grupo científico del CIMAR, integrado por cerca de una veintena de investigadores e investigadoras provenientes de distintas instituciones y áreas del conocimiento.

Desde su experiencia, la colaboración es una práctica habitual en el ámbito científico: “En oceanografía, normalmente debemos trabajar en colaboración con otras instituciones, porque no todos contamos con los mismos equipos y la experticia varía entre cada institución. Una variedad de miradas que enriquece el trabajo en terreno”, señala. En la Antártica, agrega, donde aún son pocos los equipos que desarrollan investigación, resulta clave compartir los resultados con la comunidad científica internacional y así contribuir a consolidar la presencia de Chile en el territorio.

El comandante en jefe de la Tercera Zona Naval, Juan Soto Herrera, se hizo presente antes del zarpe para dirigir unas palabras al equipo científico.

Por su parte, el jefe de la Tercera Zona Naval destaca el nivel de colaboración que implica la expedición: “En la Marina creemos profundamente en el trabajo en equipo y en el esfuerzo interagencial. Ninguna iniciativa de esta magnitud, a nivel estatal, es posible con un solo actor. En ese sentido, consideramos a este amplio equipo de científicos como parte de nuestra dotación: intercambiaremos apreciaciones, evaluaremos reacciones y propondremos mejoras al proyecto, con el objetivo de fortalecer la presencia soberana de nuestro país en la Antártica desde la ciencia”.

La iniciativa CIMAR es fruto del esfuerzo mancomunado entre el SHOA, el CONA, la comunidad científica y distintos organismos del Estado, como el Ministerio de Defensa Nacional, el Ministerio de Ciencia, Tecnología, Conocimiento e Innovación, el Instituto Antártico Chileno y la Agencia Nacional de Investigación y Desarrollo, con el objetivo de contribuir al conocimiento oceánico. 

 

Por: Antonieta Mackenzie, Instituto Milenio BASE

Fotografías: Instituto Milenio BASE / Constanza Barrientos