El océano Austral es aquel que rodea el continente antártico. Está conformado por diferentes subáreas marinas, entre ellas, la 48.1 y la 48.2, cerca de la península antártica. Foto: CCRVMA

El evento reunirá a equipos científicos, administradores de recursos, representantes de la industria pesquera y ONGs. Tiene como objetivo fortalecer el conocimiento científico disponible sobre la Subárea 48.2, una extensa región del océano Austral.

Desde el 22 al 26 de junio de 2026, la ciudad de Hazyview, en Sudáfrica, será sede de un encuentro científico internacional dedicado a la gestión y conservación de los ecosistemas marinos antárticos. Se trata del Taller sobre la Armonización y Planificación Espacial en la Subárea 48.2 de la Convención para la Conservación de los Recursos Vivos Marinos Antárticos (CCRVMA o CCAMLR, por sus siglas en inglés), instancia que reunirá a equipos científicos, representantes de la industria pesquera y especialistas en monitoreo de ecosistemas provenientes de distintos países.

El encuentro está siendo coordinado por Francisco Santa Cruz, investigador del Instituto Antártico Chileno (INACH) y doctorante de la Universidad de Magallanes (UMAG) adscrito al Instituto Milenio BASE y por el Dr. Andrew Lowther, investigador del Instituto Polar Noruego. Entre las expertas, se contará con la Dra. Andrea Piñones, académica de la Facultad de Ciencias de la Universidad Austral de Chile (UACH) e investigadora del Instituto Milenio BASE y del COPAS Coastal. También estará presente el Dr. César Cárdenas (INACH-BASE), desde su rol de presidente del Comité Científico de la CCRVMA. 

De izquierda a derecha: Francisco Santa Cruz, Andrea Piñones y César Cárdenas. Fotos: I. Milenio BASE

La actividad tiene como objetivo organizar y fortalecer el conocimiento científico disponible sobre la Subárea 48.2 (islas Orcadas del Sur), una extensa región del océano Austral donde opera la pesquería de kril antártico (Euphausia superba), una especie clave para el ecosistema marino de la Antártica y fuente de alimento para numerosas especies, entre ellas ballenas, focas y pingüinos.

Uno de los principales resultados esperados del taller será recopilar y organizar la información científica disponible aportada por los distintos países miembros de la CCRVMA en un conjunto de metadatos que permita futuros análisis. Además, los participantes evaluarán si las herramientas de gestión utilizadas actualmente en la Subárea 48.1 (península Antártica) pueden aplicarse en la Subárea 48.2 o si es necesario desarrollar enfoques alternativos adaptados a las características de esta región.

La CCRVMA (CCAMLR, por sus siglas en inglés) trabaja por conservar la flora y fauna marina del océano Austral. Foto: I. Milenio BASE

El encuentro también servirá como espacio de diálogo entre equipos científicos, administradores de recursos, representantes de la industria pesquera, organizaciones no gubernamentales y observadores de la CCRVMA. A través de estas discusiones se buscará avanzar en temas como los límites precautorios de captura del kril, el conocimiento actual sobre sus poblaciones y desplazamientos, y la armonización de distintas iniciativas de conservación marina propuestas para el área, incluida la propuesta de establecimiento del Área Marina Protegida en el Dominio 1 (AMPD1).

Entre las participantes se encuentra la oceanógrafa Dra. Andrea Piñones, académica de la Facultad de Ciencias UACH e investigadora adjunta al Instituto Milenio BASE, quien fue invitada como experta para contribuir a las discusiones científicas del taller. “El objetivo de esta labor es poder generar un plan de trabajo que permita identificar dónde es necesario enfocar los esfuerzos científicos y qué recomendaciones pueden entregarse a la CCRVMA para apoyar la toma de decisiones”, explica la Dra. Piñones.

El equipo del LaPAB UACH, trabajó en un Workin Paper que será presentado en el encuentro en Sudáfrica. Foto: I. Milenio BASE

Como parte de la preparación para esta instancia internacional, el equipo del Laboratorio de Procesos Acoplados Biofísicos (LaPAB) de la UACH, liderado por la Dra. Piñones, desarrolló un documento científico de trabajo (Working Paper), que detalla los procesos oceanográficos, dinámica de hielo marino y patrones de circulación oceánica, que modulan la productividad y conectividad poblacional del kril en la región de las islas Orcadas del Sur, el cual será presentado durante el encuentro. En esta labor participaron  Juan Höfer, académico de la Pontificia Universidad Católica de Valparaíso; Ángela Bahamonde, investigadora adscrita del Instituto Milenio BASE; Juan Manuel Sayol, académico de la Universidad de Alicante; y Paula Amador y Octavio Mercado- Peña, ambos investigadores jóvenes del LaPAB. Este estudio se une a otros documentos preparados por los proponentes chileno/argentinos de la AMPD1.

Francisco Santa Cruz destaca que “esta instancia representa una oportunidad para fortalecer el conocimiento científico sobre una región que, por las dificultades logísticas, ha sido comparativamente poco estudiada, pero paradójicamente sostiene las mayores capturas de kril del océano Austral. El taller buscará identificar información disponible, brechas de conocimiento y prioridades de investigación para una mejor conservación y manejo sustentable de este ecosistema”.

El kril antártico (Euphausia superba) es una especie de crustáceo malacostráceo del orden Euphausiacea. Foto: Adobe Stock

“Asimismo, valora la participación de Chile en la coordinación de este encuentro internacional, y destaca la participación de la Dra. Andrea Piñones y el Dr. Juan Höfer, especialistas de renombre internacional referentes en el estudio de la conectividad oceanográfica y los procesos biofísicos que estructuran los ecosistemas marinos antárticos”, agrega el coordinador del evento. 

Por su parte, el Dr. César Cárdenas, indica que “este tipo de talleres son importantes ya que permiten invitar a expertos que no participan normalmente en las reuniones, permitiendo aunar esfuerzos y expertises para planificar de mejor manera el manejo espacial y el uso sostenible de los recursos. Así lo que sale de este tipo de talleres posteriormente es analizado por los grupos de trabajo y luego se transforman en recomendaciones que son discutidas en el Comité Científico y luego en la Comisión para que tome decisiones”.

Los resultados de este taller contribuirán al trabajo futuro del Comité Científico de la CCRVMA, organismo encargado de asesorar a los países miembros sobre medidas de conservación y manejo sostenible de los recursos marinos antárticos, asegurando que las decisiones se basen en la mejor evidencia científica disponible.

 

 

Por: Constanza Barrientos Soto

Foto portada: INACH / Harry Díaz

La presentación del libro en Punta Arenas, tuvo lugar en el INACH. Foto: H. Díaz

El libro “Educación Antártica en Chile: Experiencias, aprendizajes y proyecciones”, reúne más de 40 testimonios de docentes, equipos de investigación y comunidades educativas vinculadas al continente blanco. La presentación se realizó el lunes 6 de abril, a las 16:30 horas, en dependencias del Instituto Antártico Chileno (INACH), con participación de autores, instituciones científicas y profesores de la región de Magallanes. 

En un esfuerzo colaborativo por destacar el valor estratégico, ecológico y pedagógico del continente helado en el ámbito de la educación chilena, aportando una mirada integral que trascienda lo disciplinar y promueva una conciencia antártica activa desde las aulas, el libro “Educación Antártica en Chile: Experiencias, aprendizajes y proyecciones”, se presentó en Punta Arenas junto a tomadores de decisiones, el mundo académico, divulgativo, y actores del sistema escolar.

La publicación reúne experiencias de docentes de Puerto Williams, Punta Arenas, Valdivia, Concepción y Santiago. Foto: I. Milenio BASE / N. Politis

La publicación gratuita, y conjunta entre el Instituto Milenio BASE y la Fundación Coalición de Jóvenes Antárticos, busca fortalecer el vínculo entre ciencia, educación y territorio en torno a la enseñanza y divulgación antártica: “Este libro busca compartir nuestros aprendizajes colectivos, así como reflejar el creciente interés nacional por fortalecer la presencia de la Antártica en los contenidos escolares y en las políticas educativas”, destaca el Dr. Elie Poulin, director del Instituto Milenio BASE de ciencia antártica.

Compuesto por tres capítulos y más de 40 artículos, sumando casi 60 autoras y autores a nivel nacional, el libro busca dar a conocer el trabajo sostenido y transversal que se ha impulsado en ciudades como Puerto Williams, Punta Arenas, Valdivia, Concepción y Santiago en torno a temáticas antárticas. Experiencias, reflexiones y propuestas en torno a cómo la educación puede contribuir a una ciudadanía antártica informada y comprometida: “Queremos contribuir a la inclusión de nuevas generaciones en la conversación antártica. Que niñas, niños y jóvenes sientan el continente blanco como suyo y conozcan cómo nuestro país contribuye a su estudio”, señala Constanza Barrientos, presidenta de la Fundación Coalición de Jóvenes Antárticos. 

Profesoras, profesor y directiva de la Coalición de Jóvenes Antárticos de Punta Arenas. Foto: V. Cárdenas

Uno de los aportes destacados corresponde al capítulo del Instituto Antártico Chileno, que revisa iniciativas como la Feria Antártica Escolar (FAE) y la Expedición Antártica Escolar (EAE). Reflexiones que se suman a un momento de especial relevancia, ya que hasta el 29 de mayo se desarrollarán las postulaciones a una nueva versión de la FAE 2026: “La educación es un pilar estratégico para fortalecer el vínculo de Chile con la Antártica. Publicaciones como esta permiten sistematizar experiencias, ampliar su alcance y seguir conectando a nuevas generaciones con este territorio desde el conocimiento y la participación”, afirma Gino Casassa, director del Instituto Antártico Chileno (INACH).

A los testimonios, se suman experiencias docentes desde instituciones como: la Escuela Pedro Pablo Lemaitre, el Liceo Luis Alberto Barrera, el Jardín Infantil Sara Braun, el Colegio Luterano e INACAP de Punta Arenas. Al igual que experiencias desde la formación y divulgación con el PAR Explora Magallanes, la Fundación Antártica21 y la Asociación de Jóvenes Científicos Polares (APECS Chile), reforzando una red regional que articula ciencia, educación y territorio. El libro también cuenta con el apoyo de la Oficina Regional para América Latina y el Caribe, UNESCO Santiago, y el CIAE del Instituto de Estudios Avanzados en Educación de la Universidad de Chile.

El libro “Educación Antártica en Chile: Experiencias, aprendizajes y proyecciones” también se puede descargar, de forma gratuita, en: https://institutobase.cl/libros/ 

Fotografías: Instituto Milenio BASE

El kril antártico es fundamental en la cadena trófica del ecosistema del sexto continente. Foto: INACH

A través del análisis de dos décadas de datos en la península Antártica, el equipo científico sugiere medidas para actualizar estrategias utilizadas actualmente, generando un  nuevo modelo que permita ajustar las capturas en tiempo real según la variabilidad ambiental de cada zona.

El kril antártico —denominado científicamente Euphasia superba— es una especie de crustáceo malacostráceo perteneciente al orden Euphausiacea, habitante de las heladas aguas de la Antártica en el océano Austral. Este pequeño organismo constituye un eslabón fundamental en la cadena trófica del ecosistema antártico, siendo la principal fuente de alimento para peces, pingüinos, ballenas, focas y diversas aves marinas como los albatros.

Con una esperanza de vida de hasta seis años, el kril puede alcanzar los 6 centímetros de longitud y un peso de 2 gramos. Destaca por formar cardúmenes de alta densidad —llegando a los 30.000 ejemplares por metro cúbico— y por su rol ecológico al transferir la energía solar fijada por el fitoplancton hacia niveles superiores de la red trófica del Continente blanco.

En este contexto de relevancia ecológica, Mauricio Mardones, estudiante de doctorado en Ciencias Antárticas y subantárticas de la Universidad de Magallanes, publicó el estudio titulado “Estimaciones dispares de la productividad intrínseca del kril antártico a lo largo de pequeñas escalas espaciales bajo un océano que cambia rápidamente”.

Este trabajo contó con la guía de su tutor, el biólogo marino e investigador del Instituto Antártico Chileno (INACH) y del Instituto Milenio BASE, el Dr. César Cárdenas, junto a la colaboración del Dr. George Watters y la Dra. Erica Jarvis Mason, de la División de Investigación del Ecosistema Antártico, Centro de Ciencias Pesqueras del Suroeste, NOAA, La Jolla, California, Estados Unidos, y el Dr. (c) Francisco Santa Cruz, biólogo marino e investigador del INACH y del Instituto Milenio BASE.

Mauricio Mardones, investigador doctoral de la Universidad de Magallanes y del Instituto Milenio BASE. Foto: I. Milenio BASE / C. Barrientos

El impacto ambiental en las zonas de manejo

El estudio analiza dos décadas de datos sobre la composición de tallas del kril antártico, obtenidos mediante el monitoreo de la actividad pesquera. A partir de esta información, se estimó la productividad intrínseca de la especie utilizando el indicador de potencial reproductivo. La investigación se centró en la Subárea 48.1 (península Antártica), bajo los estándares de la Comisión para la Conservación de Recursos Vivos Marinos Antárticos (CCRVMA o CCAMLR por su sigla en inglés), y evaluó cinco zonas (unidades de manejo): el estrecho de Bransfield, la isla Elefante, el estrecho de Gerlache, la isla Joinville y las islas Shetland del Sur sudoccidental.

El equipo de investigación buscó determinar si la dinámica poblacional del kril es uniforme en toda la península o si presenta variaciones espaciales significativas. El estudio se centró en cuantificar cómo varía, tanto en el tiempo como en el espacio, la capacidad reproductiva activa del recurso, evaluando si existen diferencias relevantes entre zonas de pesca a pequeña escala o ‘unidades de manejo’ como son llamadas.

Al respecto, Mauricio Mardones, también investigador doctoral del Instituto Milenio BASE, señala que, “encontramos una marcada heterogeneidad espacial. Algunas áreas presentan niveles de productividad consistentemente bajos, incluso por debajo de niveles recomendables, mientras que otras muestran mayor resiliencia. Esto se debe, principalmente, a que en algunas áreas, se identifica una mayor proporción de individuos juveniles de kril, que son permanentes y residentes en algunas de estas zonas”.

La investigación de Mardones demostró que variables ambientales, como la temperatura del agua y la concentración de clorofila, influyen directamente en las tasas de crecimiento y, por ende, en el potencial reproductivo del kril.

El equipo de investigación estuvo constituido por científicos y científicas nacionales e internacionales, entre ellos, Francisco Santa Cruz. Foto: M. Mardones

Umbrales de riesgo y realidad

Esta variante se mide a través del indicador SPR (Spawning Potential Ratio o Relación de Potencial de Desove), que funciona como un termómetro biológico: mide la capacidad de una población —en este caso el kril— para producir huevos bajo condiciones de presión —ya sea la actividad pesquera o el estrés ambiental— en comparación con su capacidad en un estado natural virgen, es decir, sin explotación.

En esta escala, un 100 % representa una población intacta y sin explotación, mientras que un 0 % indicaría una población que ha perdido su capacidad de reproducción, por ejemplo, debido a la captura excesiva de hembras o individuos en edad reproductiva. Para evaluar la salud reproductiva de la población, el estudio utiliza el método de Índice de Potencial del Desove Basado en la Longitud (LBSPR), que analiza la distribución de tamaños de los ejemplares capturados.

Dado que el kril es una especie de crecimiento rápido y de alta productividad, requiere de una estrategia de manejo con rangos de seguridad más estrictos que otros recursos marinos para no colapsar. Bajo este modelo, la investigación definió los siguientes escenarios: un 75 % (SPR 75 %) como nivel ideal para garantizar la sostenibilidad de pesca y suficiente alimento para los depredadores dependientes. Asimismo, si el valor cae por debajo del 20 % (SPR 20 %), la población se considera en riesgo crítico y la captura permitida debiese ser cero, con el objetivo de proteger la recuperación poblacional.

Aunque la productividad se muestra estable, el análisis de toda la zona estudiada revela que los valores de SPR se mantienen bajos, generalmente en torno al 25 %. Esto sitúa a la población de la península Antártica cerca del límite de riesgo, sin que se observen señales de mejora significativa para toda la subárea en conjunto.

El trabajo contó con la guía de su tutor, el biólogo marino e investigador INACH y del Instituto Milenio BASE, Dr. César Cárdenas. Foto: H. Díaz

Estrategias dinámicas frente al cambio climático

La investigación cobra especial relevancia en el contexto actual de crisis climática. El Dr. César Cárdenas mencionó que este estudio se vincula directamente con la Antártica al analizar un recurso pesquero cuya dinámica poblacional ya está siendo afectada y “será aún más significativa en las próximas décadas”. Según el experto, “es vital entender cómo los factores ambientales afectan a la productividad del kril para poder entender y predecir su futuro”.

El trabajo de Mardones propone un cambio de paradigma en la gestión pesquera: transitar desde la estrategia actual estática de la CCAMLR, hacia un manejo dinámico y precautorio. Este enfoque permite ajustar las cuotas de capturas en tiempo real según los cambios ambientales observados, asegurando que la actividad humana pueda continuar sin comprometer la base de la cadena trófica ni la estabilidad del ecosistema antártico.

La utilidad de este enfoque radica en su capacidad para aplicarse a unidades espaciales de pequeña escala. Según advierte el Dr. Cárdenas, “en los últimos años ya han aumentado los niveles de captura y, por tanto, se espera que el próximo año vaya a aumentar más el interés por este recurso”.

El equipo propone transitar desde la estrategia actual estática de la CCAMLR, hacia un manejo dinámico y precautorio. Foto: M. Mardones

Conservación marina

En el ámbito de la conservación de los océanos, el INACH desempeña un rol importante mediante el Programa de Áreas Marinas Protegidas (AMP), una iniciativa clave para la gestión sustentable de la biodiversidad, hábitats, especies y procesos ecológicos marinos. Según la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza (UICN), estas áreas son espacios geográficos definidos y gestionados por medios legales para asegurar la conservación de la naturaleza, sus servicios ecosistémicos y sus valores culturales.

Bajo este marco, desde el 2012, Chile —por medio del INACH— ha trabajado en conjunto con Argentina en una propuesta para establecer una AMP en la zona de la península Antártica e islas Orcadas del Sur. Este trabajo incluye colaboración científica con instituciones nacionales e internacionales, además del apoyo en negociaciones diplomáticas dentro de foros como la CCAMLR.

Una AMP no necesariamente apunta a prohibir la pesca, más bien, depende de los objetivos de conservación definidos para un área determinada. En muchos casos, estas medidas pueden incluso proteger zonas reproductivas de kril, con beneficios directos para la sostenibilidad de las pesquerías, explicó Francisco Santa Cruz. La propuesta de AMP de Chile-Argentina destaca el liderazgo científico y la colaboración científica en el proceso de planificación espacial, buscando asegurar el uso racional de recursos en el Océano Austral. El objetivo es fortalecer los ecosistemas más frágiles ante las presiones combinadas del cambio climático y la actividad humana.

Con una esperanza de vida de hasta seis años, el kril puede alcanzar los 6 centímetros de longitud y un peso de 2 gramos. Foto: I. Milenio BASE / N. Politis

Un futuro sostenible

El éxito de esta investigación es también un reflejo de la importancia del apoyo institucional. Mauricio Mardones fue beneficiario del sistema de becas científicas de la CCAMLR, un programa que busca fortalecer la formación de nuevos investigadores e investigadoras jóvenes, lo que le permitió viajar y participar activamente en distintas reuniones técnicas durante 2 años.

Estas instancias son fundamentales para la creación de capital humano avanzado, permitiendo que nuevas experticias se integren a las discusiones globales y realicen aportes significativos que aseguren la protección y el manejo responsable del continente blanco.

La relevancia de este estudio es vital: el kril no es solo un recurso pesquero, es la base trófica del ecosistema antártico. Al estar directamente influenciado por las condiciones climáticas, cualquier fluctuación en su población resuena en toda la cadena. Comprender cómo varía su productividad, ya sea en el tiempo y el espacio, permite anticipar riesgos críticos. Pero lo más importante es que entrega las herramientas necesarias para modernizar las estrategias de la CCAMLR —organización que vela por el manejo y uso sustentable del kril antártico—, asegurando que las pesquerías no sobrepasen los límites que la naturaleza impone en este frágil ecosistema.

 

Por: Instituto Antártico Chileno (INACH)

Foto portada: Adobe Stock

 

Microcámaras con GPS instaladas sobre el lomo de pingüinos barbijo permitieron registrar su increíble nado, muy similar a un vuelo, desde la perspectiva de las propias aves, cómo se desplazan y buscan alimento en el océano Austral, revelando escenas submarinas que normalmente permanecen ocultas bajo la superficie. Los videos muestran fragmentos de nado, buceos y acercamientos a cardúmenes de kril, entregando una mirada única al comportamiento de estas aves en su hábitat natural.

El registro fue obtenido por el equipo del Dr. Lucas Krüger, científico del Instituto Antártico Chileno (INACH) y del Instituto Milenio BASE, en la Zona Antártica Especialmente Protegida de punta Armonía, en la isla Nelson. Allí desarrollan un estudio para entender con mayor detalle cómo buscan alimento los pingüinos y cómo explotan el kril en distintos puntos de la Península. Este trabajo se inserta en el programa de Áreas Marinas Protegidas del INACH y aporta información al programa de monitoreo ecosistémico de la Comisión para la Conservación de los Recursos Vivos Marinos de la Antártica (CCRVMA).

Cómo se grabó el nado del pingüino

Para obtener estas imágenes, el equipo fijó una microcámara sobre las plumas del pingüino, utilizando un método ya probado en otros estudios de rastreo. “Las cámaras, como hemos hecho con otros dispositivos de rastreo que hemos trabajado en el pasado, van pegadas a las plumas con cinta y pegamento”, explica Krüger.

El dispositivo se coloca solo por un viaje de alimentación: se instala en un ejemplar que está en etapa de reproducción y se retira cuando vuelve al nido. “Durante este período los animales que están activamente reproduciéndose tienen un nido con pichones. Entonces salen a alimentarse al mar y tienen que volver para traer comida a los pichones. Entonces ponemos la cámara en uno de estos animales, él va a salir al mar y va a volver, y cuando vuelve sacamos la cámara. Esto es un máximo de dos días en un animal”, detalla.

Estos equipos no solo registran video, sino que también integran sensores de profundidad y acelerómetros. Según explica Krüger, esto permite “examinar exactamente el comportamiento de los pingüinos durante el buceo, la aceleración y movimientos que el pingüino hace, y relacionar estas señales durante el buceo con lo que el animal está haciendo a través de la imagen de la cámara”.

El valor de estas cámaras, según el investigador, está en que permiten entender con mucho más detalle cómo los pingüinos buscan su alimento, en particular el kril, que es su principal recurso en la zona. Gracias a que los dispositivos registran datos de inmersión y movimiento, el equipo puede examinar el comportamiento durante el buceo y relacionar esas señales con lo que muestra la imagen, clasificando si el animal se alimenta en cardúmenes densos o en kril aislado, a distintas profundidades, horarios y niveles de esfuerzo, además de estimar la distancia que recorre en cada salida al mar.

Un área protegida para estudiar aves marinas

Punta Armonía es una Zona Antártica Especialmente Protegida cuyo valor central es su ecosistema. “Uno de los valores biológicos que esta área está protegiendo son las aves marinas. Primero porque acá hay un número bastante importante de especies que se reproducen acá en una área relativamente pequeña”, explica Krüger.

Entre ellas destaca una colonia de pingüinos barbijo que ha experimentado cambios importantes en las últimas décadas. “En los años 80 eran más de 100.000 nidos, en los años 90 eso bajó a 90.000 nidos y ahora tenemos como 40.000 nidos. Aún así, es un número bastante importante para la especie, ya que es una colonia representativa de la población de pingüinos barbijo de la península Antártica y del sur”, detalla.

En este escenario, las microcámaras permiten seguir el viaje completo de un pingüino en tiempos de reproducción: abandona su nido con pichones pequeños, se desplaza hacia las zonas de alimentación, bucea a distintas profundidades durante la noche y regresa al día siguiente. “Ahí tenemos algunos ejemplos de que salieron en grupo a alimentarse y estuvieron buceando a profundidades de 30 metros durante el período nocturno”, describe el científico.

Lo que revela el nado sobre un océano en cambio

Los registros también muestran cómo se organizan las aves marinas en el espacio y con qué otras especies comparten las rutas hacia las áreas de alimentación. “En algunos de los videos que hemos obtenido vemos, por ejemplo, los pingüinos barbijo, que durante el tránsito a las zonas de alimentación han estado en grupos poliespecíficos donde hay pingüinos papúa también. Hemos visto ballenas jorobadas y ballenas fin junto con los pingüinos moviéndose hacia las zonas de alimentación”, relata Krüger.

Asimismo, añade, “este año se han movido, por lo menos, una o dos horas antes de empezar a intentar capturar kril. Y también hemos visto que están alimentándose principalmente durante la noche, algo que no siempre es así”.

Detrás de cada uno de estos videos hay un esfuerzo logístico y humano considerable, pero para el investigador ese desgaste se justifica por lo que aportan las imágenes al conocimiento del ecosistema. “Pero todo esto es válido una vez que los resultados que esperamos obtener, específicamente de estas cámaras, nos va a permitir tener un mejor entendimiento de algunos parámetros de cómo los pingüinos buscan su alimento, específicamente el kril, que es su principal alimento acá”, afirma.

Además de evidenciar patrones de convivencia con otras especies, los datos ayudan a entender cómo distintos factores, como cambios en la disponibilidad de kril, competencia con otras aves o recuperación de poblaciones de ballenas, se suman a las presiones que enfrentan colonias como la de punta Armonía. En ese contexto, cada buceo registrado se convierte en información válida para comprender el funcionamiento del ecosistema y para dimensionar los desafíos que enfrentan los pingüinos para seguir encontrando alimento en el océano Austral.

Cambios en la temporada de cría

Krüger señala que los nuevos antecedentes sobre el comportamiento en el mar se dan en un contexto en que varias colonias de pingüinos en la Antártica han adelantado su período de reproducción, algo que “es coherente con los cambios climáticos que se han visto”. A su juicio, esto se explicaría porque “las condiciones de anidación han cambiado probablemente por el derretimiento más temprano de la nieve en las colonias, que es el principal limitante durante la llegada de los pingüinos en el período de reproducción”.

Este adelanto podría generar desajustes entre la crianza de los pichones y la disponibilidad máxima de kril, así como mayor competencia por alimento entre las tres especies de pingüinos pigoscélidos de la península Antártica y las islas Shetland del Sur. “Si ahora los barbijo empiezan a reproducirse más temprano, puede ser que eso coincida con la necesidad de alimentación de los papúa, por ejemplo, que son mucho más eficientes que los barbijo, entonces eso podría sí afectar la disponibilidad de alimento”, advierte el investigador, quien añade que este fenómeno se suma a otros factores como cambios en la biomasa de kril, aumento de las lluvias, recuperación de ballenas y el incremento de la pesquería de este pequeño crustáceo en la región.

El Instituto Antártico Chileno (INACH) es un organismo técnico del Ministerio de Relaciones Exteriores con plena autonomía en todo lo relacionado con asuntos antárticos de carácter científico, tecnológico y de difusión. El INACH cumple con la Política Antártica Nacional incentivando el desarrollo de la investigación de excelencia, participando efectivamente en el Sistema del Tratado Antártico y foros relacionados, fortaleciendo a Magallanes como puerta de entrada al Continente Blanco y realizando acciones de divulgación del conocimiento antártico en la ciudadanía. El INACH organiza el Programa Nacional de Ciencia Antártica (PROCIEN).

Haz click en la foto y conoce a los “pingüinos voladores”:

Imagen desde el lomo de un pingüino barbijo

Fuente: Instituto Antártico Chileno.

El workshop contó con autoridades nacionales y regionales, además de representantes de centros de excelencia. Foto: de izquierda a derecha Ginno Casassa, Verónica Vallejos, Léa Cabrol, Jorge Flies y Alejandro Maass. Por I. Milenio BASE / C. Barrientos

El evento contó con la presencia de autoridades internacionales, nacionales y regionales, así como con presentaciones de organizaciones y centros de excelencia dedicados al desarrollo de la ciencia antártica, entre ellos el Instituto Milenio Biodiversidad de Ecosistemas Antárticos y Subantárticos (BASE).

Entre el 8 y el 10 de enero de 2026, la ciudad de Punta Arenas fue sede del encuentro internacional “Fostering Antarctic and Southern Ocean Research and Policy Actions” (“Promoviendo la investigación y la acción en políticas públicas para la Antártica y el océano Austral”), una instancia de alto nivel que reúne a actores clave del mundo científico, institucional y diplomático para avanzar en nuevas alianzas de investigación y acciones de política pública en torno a la Antártica y el océano Austral.

El encuentro se desarrolló en las instalaciones del Instituto Antártico Chileno (INACH) y cuenta con la presencia de la Seremi de Ciencia, Tecnología, Conocimiento e Innovación, el Gobernador Regional de Magallanes y de la Antártica Chilena, el director nacional del INACH, así como directoras y directores de centros de excelencia de investigación a nivel nacional. Asimismo, destaca la participación de la Embajada del Reino Unido en Chile, junto a la presencia de la Embajadora del Reino Unido en Chile, reforzando el carácter internacional del encuentro y el compromiso conjunto por fortalecer la cooperación científica en territorios australes.

La Dra. Léa Cabrol es investigadora adjunta del Instituto Milenio BASE y también investigadora del Instituto Mediterráneo de Oceanografía de Francia. Foto: I. Milenio BASE / C. Barrientos

Entre los centros de excelencia que formaron parte del encuentro estuvo el Instituto Milenio Biodiversidad de Ecosistemas Antárticos y Subantárticos, también conocido como Instituto Milenio BASE. La presentación estuvo a cargo de la Dra. Léa Carbol, investigadora del Instituto Mediterráneo de Oceanografía (MIO) de Francia, quien se refirió al trabajo que realizan los equipos en el estudio de los efectos del cambio climático en la biodiversidad polar.

El evento es fruto de la cooperación internacional entre la Fondation Tara Océan y el proyecto PlanktEco, desarrollado junto a la Universidad de Chile a través del Centro de Modelamiento Matemático y el Instituto Milenio Centro de Regulación del Genoma, y surge a partir de la experiencia de la expedición Misión Microbioma – CEODOS, realizada en Chile en 2021.

Al evento también se sumó el investigador doctoral de la Universidad de Magallanes, INACH e Instituto Milenio BASE, Francisco Santa Cruz. Foto: I. Milenio BASE / C. Barrientos

Nuevas oportunidades de colaboración científica y monitoreo antártico

La jornada inaugural, realizada el jueves 8 de enero, estuvo dedicada a la ciencia y se centró en el tema “New Opportunities for Antarctic Collaboration / Upcoming InSync Program”. La sesión convocó a investigadoras e investigadores, centros de excelencia y representantes de iniciativas internacionales vinculadas al estudio del océano Austral.

Entre los principales objetivos del encuentro se encuentran:

● Sentar las bases para alianzas estratégicas con grupos de investigación chilenos, especialmente en el uso de datos generados por Tara Ocean, incluidos aquellos obtenidos durante el crucero al Mar de Weddell.
● Explorar oportunidades de colaboración científica de cara a la próxima expedición antártica de Tara, programada para el período 2028–2030.
● Presentar y discutir las colaboraciones planificadas del programa InSync, orientadas a la integración de ciencia, monitoreo y conservación.
● Compartir avances de la herramienta Key Ocean Planktonic Areas (KOPAs), diseñada para apoyar la conservación y el monitoreo de la biodiversidad oceánica.
● Analizar los desafíos y necesidades para el desarrollo de nuevas herramientas de monitoreo oceánico en el océano Austral, en el contexto de iniciativas como áreas marinas protegidas en la Península Antártica y zonas subantárticas.

La sesión combinó presentaciones científicas y un panel de discusión, fomentando el intercambio directo y la construcción de colaboraciones concretas.

Con visita al buque británico RRS Sir David Attenborough finalizó el workshop desarrollado en la ciudad antártica de Punta Arenas. Foto: Isabel Giménez

Ciencia, cooperación internacional y proyección estratégica

El encuentro “Fostering Antarctic and Southern Ocean Research and Policy Actions” articula ciencia de vanguardia, cooperación internacional y toma de decisiones, en un escenario marcado por el cambio climático y la urgencia de contar con información robusta para la conservación de ecosistemas polares y subpolares.

Durante los días siguientes, el programa continúa abordando la relación entre ciencia y políticas públicas, e incluye actividades orientadas a conocer capacidades internacionales de investigación antártica, reforzando el rol de Punta Arenas y de Chile como un nodo estratégico global para la investigación, el monitoreo y la protección del océano Austral y la Antártica.

 

Fuente: Instituto Milenio CRG

Editado por: Instituto Milenio BASE

Foto portada: I. Milenio BASE / Constanza Barrientos

 

Equipo integrado por la Dra. Juliana Vianna, Claudia Ulloa, Eduardo Pizarro y Dyess Harp, navegó por mar de Weddell a bordo de PONANT. Foto: PONANT

Más de diez equipos de investigación de Puerto Williams, Punta Arenas, Valdivia, Puerto Montt, Concepción y Santiago, viajarán al continente helado para desarrollar estudios en biodiversidad, junto con vigilancia sanitaria de aves y mamíferos marinos. Investigaciones clave para comprender el impacto del cambio climático en los ecosistemas.

Con el inicio del verano austral, el Instituto Milenio Biodiversidad de Ecosistemas Antárticos y Subantárticos (Instituto Milenio BASE) inicia una nueva temporada de expediciones que ampliará su presencia en uno de los territorios más sensibles del planeta. Entre bases, campamentos y plataformas marítimas coordinadas junto al Instituto Antártico Chileno (INACH), las y los investigadores desplegarán proyectos que abordan desde la salud de aves marinas frente a amenazas emergentes —como la influenza aviar— hasta estudios de genética, microbiología y cambio ambiental en ecosistemas costeros, marinos y terrestres. 

Durante 60 días, el Dr. Lucas Krüger, Gaspar Mejías, Eduardo Pizarro, Kinga Hoszek-Mandera y Esther Wilhelm, estarán acampando en Punta Armonía, Antártica. Foto: L. Krüger

“En esta temporada antártica 2025-2026 nuevamente tendremos un importante despliegue de equipos de investigación en terreno. Este trabajo refleja importantes esfuerzos por construir colaboraciones interdisciplinarias e internacionales con el objetivo de estudiar la biodiversidad y los impactos del cambio climático en la biota”, señala el Dr. Elie Poulin, director del Instituto Milenio BASE y académico de la Facultad de Ciencias de la Universidad de Chile (UChile).

Una continuidad a una agenda científica que abarca biodiversidad marina, ecología de peces, microbiología ambiental, aves, plantas e invertebrados: “Desde el análisis genético hasta el seguimiento de especies clave frente al cambio climático. Las campañas integran disciplinas para comprender la resiliencia de los ecosistemas antárticos con un sello BASE: investigación de frontera y participación activa de investigadoras e investigadores jóvenes”, puntualiza la Dra. Julieta Orlando, directora alterna del Instituto Milenio BASE, académica de la Facultad de Ciencias UChile y presidenta de la SOMICH.

El Dr. Elie Poulin, Dr. Alejandro Pérez Matus, Dr. Javier Nareto e Ignacio Garrido, integran el equipo de buzos científicos que navega por el océano Austral. Foto: PONANT

El despliegue en terreno también considera un trabajo internacional con la empresa francesa PONANT, esencial para acceder a zonas remotas del continente. Investigadoras e investigadores del Instituto Milenio BASE participarán en estudios de metano, biología marina, documentación científica y ecología de aves, ampliando la escala de observación y reforzando redes globales de colaboración. Estas campañas abarcan itinerarios desde el Círculo Polar hasta islas subantárticas.

De forma paralela, se desplegarán múltiples proyectos de la Expedición Científica Antártica (ECA) en su versión n°62, coordinadas por INACH, con un trabajo en bases, penínsulas e islas. Los equipos recolectarán muestras de suelo, plantas, aves y organismos marinos bajo estrictos protocolos de bioseguridad, aportando datos esenciales para evaluar cambios ambientales acelerados. 

En el marco de una colaboración con el Instituto Polar Noruego, la Dra. Fabiola León, Dr. Andrew Lowther y Rafaela Mella, salen desde Ushuaia rumbo a la Antártica para levantar campamento. Foto: F. León

Estas investigaciones se realizan en un momento clave para la ciencia antártica. En los últimos años, equipos del Instituto Milenio BASE han encabezado estudios pioneros que incluyen la detección de influenza aviar H5N1 en aves de la península, el monitoreo de cambios en la biodiversidad marina y terrestre, y análisis sobre la respuesta de especies y ecosistemas al calentamiento acelerado.

El Instituto Milenio Biodiversidad de Ecosistemas Antárticos y Subantárticos, conocido también como Instituto Milenio BASE, busca generar conocimiento científico de frontera y formar jóvenes investigadores en torno a la biodiversidad de los ecosistemas antárticos y subantárticos, con el fin de comprender, evaluar y predecir los efectos del cambio climático sobre la biota. Esto con el objetivo de proponer políticas de conservación y gobernanza para la Antártica, el océano Austral y las regiones subantárticas, así como sensibilizar y comunicar a un público amplio sobre las amenazas que enfrentan estos ecosistemas.

El Instituto Milenio BASE pertenece a la Iniciativa Científica Milenio, un programa de la Agencia Nacional de Investigación y Desarrollo (ANID), perteneciente al Ministerio de Ciencia, Tecnología, Conocimiento e Innovación de Chile. Más información en https://www.institutobase.cl 

 

Por: Instituto Milenio BASE

Fotografía portada: Productora OxitoCine / Jota Loyola

El Dr. César Cárdenas fue reelegido para presidir el Comité Científico de la CCRVMA durante el periodo 2026-2027, tras una votación en Hobart, Australia. Foto: I. Milenio BASE / N. Politis

El Dr. César Cárdenas, presidente del Comité Científico de la Comisión para la Conservación de los Recursos Vivos Marinos Antárticos (SC-CAMLR/CCRVMA), investigador del INACH y del Instituto Milenio BASE, expuso en la Asamblea de Parlamentarios Antárticos junto a representantes internacionales.

Con la participación de Australia, Argentina, China, Dinamarca, Italia, Nueva Zelanda, Noruega, Pakistán, Sudáfrica, Suiza, Ucrania y Uruguay, Chile se sumó a la Asamblea de Parlamentarios Antárticos en Nueva Zelanda. Una jornada que contó con la presencia de legisladores de los países firmantes del Antártico, con el fin de discutir el fortalecimiento de la gobernanza del continente blanco y la visibilidad de los valores de paz, ciencia, cooperación y conservación que sustentan este acuerdo internacional. 

La Asamblea contó con participación de Australia, Argentina, Chile, China, Dinamarca, Italia, Nueva Zelanda, Noruega, Pakistán, Sudáfrica, Suiza, Ucrania y Uruguay.

En la sesión “Por qué importa la Antártica: cooperación científica internacional”, el Dr. Cárdenas participó como panelista en la asamblea. La instancia abordó los desafíos globales en torno a la ciencia polar y el rol que los parlamentos pueden asumir en la promoción de la cooperación internacional en materia de investigación. La sesión, moderada por el profesor Gary Wilson, presidente del Comité Científico para la Investigación Antártica (SCAR por sus siglas en inglés), contó con expertos de distintos países.

En el panel llamado: “Cooperación científica internacional en la Antártica: El impacto y la respuesta de la Antártica en un sistema global cambiante. La necesidad y la oportunidad de una respuesta internacional coordinada”, el Dr. César Cárdenas reflexionó sobre desafíos globales en torno a la ciencia polar y cómo los comités actúan en función al conocimiento y respuestas en sistemas biológicos, desarrollando colaboración internacional y oportunidades e informando al proceso para la toma de decisiones. El espacio contó con la participación de Michelle Rogan-Finnemore, secretaria ejecutiva de la COMNAP (Consejo de Administradores de Programas Antárticos Nacionales) y Florence Colleoni del Instituto Nacional de Oceanografía y Geofísica Aplicada de Trieste, Italia.

El Dr. César Cárdenas participó en el panel sobre “Cooperación científica internacional en la Antártica”.

“Poder participar en estas instancias donde uno tiene acceso a discutir con los tomadores de decisiones de cómo fortalecer el trabajo que estamos haciendo en el Tratado Antártico, y cómo abordar los desafíos que se vienen, es una tremenda oportunidad”, señaló Cárdenas desde Nueva Zelanda.

El doctor en en Biología Marina también enfatizó la importancia de poder exponer los desafíos, desde el punto de vista de la Ciencia, en la instancia, junto con y la importancia de comunicar sobre el rol de la cooperación y la realización de recomendaciones científicas para los tomadores de decisiones: “Es importante que sea un camino de dos vías, que no sean solo las necesidades de los tomadores de decisiones, sino que también de lo que necesitan los científicos para fortalecer el Tratado Antártico que es catalogado como tal vez el Tratado más importante en la historia de la humanidad”, puntualizó.

La Asamblea se desarrolló en un formato de “preguntas y respuestas”, con debates moderados tras las presentaciones de los ponentes del panel. La instancia también contó con la participación de representantes diplomáticos residentes observadores de Alemania, India, Estados Unidos, Emiratos Árabes Unidos y Chile, con la presencia de Mariana Koffmann, Cónsul de la Sección Consular de Chile en Wellington, Nueva Zelanda.

El investigador INACH y del Instituto Milenio BASE junto al resto de participantes del panel “Cooperación científica internacional”.

 

La primera Asamblea de Parlamentarios Antárticos se realizó en Londres en 2019, organizada por el Grupo Parlamentario Multipartidista para las Regiones Polares de Reino Unido. Mientras que en 2021 se desarrolló una segunda Asamblea en línea, organizada nuevamente por Reino Unido con el objetivo de destacar el rol científico y social de la Antártica, junto con entregar información del Sistema del Tratado Antártico a los parlamentarios y autoridades diplomáticas.

 

Fuente: Instituto Milenio BASE e INACH

Un reciente artículo con participación de investigadoras e investigadores nacionales plantea un marco de gestión precautorio para proteger los ecosistemas del océano Austral, en línea con estudios internacionales que alertan sobre la urgencia de mejorar la sostenibilidad de esta pesquería.

El kril antártico es un eslabón clave en la trama trófica del océano Austral al ser fuente de alimento para especies de ballenas, focas, pingüinos y peces. Sin embargo, el cambio climático y la actividad pesquera podrían amenazar estos ecosistemas, haciendo urgente una gestión más cuidadosa.

El artículo titulado “Ajustando la gestión de la pesquería de kril antártico frente a los desafíos del siglo XXI”, publicado en la revista Proceedings of the National Academy of Sciences (PNAS), aborda este contexto y plantea una estrategia de manejo más sostenible y adaptada a los desafíos actuales.

El trabajo fue liderado por la profesora Bettina Meyer, del Alfred Wegener Institute (AWI) de Alemania, y contó con la participación de 19 expertos internacionales, quienes analizaron la situación de la pesquería de kril y los desafíos de establecer un marco de gestión precautorio para proteger los ecosistemas del océano Austral.

Entre los investigadores nacionales que contribuyeron al estudio destacan César Cárdenas (Instituto Antártico Chileno, INACH, e Instituto Milenio BASE), Andrea Piñones (Instituto Milenio BASE, Universidad Austral de Chile y COPAS Coastal) y Javier Arata (Association of Responsible Krill Harvesting Companies, ARK).

El Dr. César Cárdenas es investigador del INACH y del Instituto Milenio BASE. Foto: C. Barrientos

Cárdenas señala que este artículo “analiza la situación de la pesquería del kril y los desafíos para establecer una nueva estrategia de manejo de la pesquería del kril que sea precautoria para proteger los ecosistemas del océano Austral, el cual se ve enfrentado a cambios. Para ello, proponemos un marco de gestión que integra la variabilidad en el reclutamiento de kril y las vías clave entre las áreas de desove y crianza (una hipótesis de stock de kril) para fundamentar las decisiones sobre los límites de captura y las medidas de conservación. Esto es algo que la comunidad científica ha estado discutiendo en los últimos años, pero que acá lo abordamos con un poco de perspectiva ante los nuevos escenarios que enfrenta la Comisión para la Conservación de los Recursos Vivos Marinos Antárticos, CCRVMA”. 

El estudio también destaca cómo buques pesqueros y otras plataformas de oportunidad pueden transformarse en aliados de la investigación, recolectando datos que apoyen una gestión sostenible. “Uno de los mayores desafíos es asegurar financiamiento a largo plazo para la obtención de datos. Por eso recalcamos la importancia de que la industria participe como plataforma de investigación, junto con aprovechar las oportunidades que ofrecen los Programas Antárticos Nacionales para financiar la ciencia necesaria en esta nueva estrategia”, agrega el investigador del INACH.

La Dra. Andrea Piñones es académica de la Universidad Austral de Chile e investigadora del Instituto Milenio BASE y del COPAS Costal. Foto: N. Politis

La publicación coincide con un momento crítico: en 2024, la CCRVMA no logró renovar los límites espaciales de captura de kril, lo que, según los autores, evidencia la urgencia de avanzar hacia un enfoque precautorio y resiliente frente al cambio climático. A esto se suma que en esta temporada se alcanzó por primera vez en la historia de la Comisión el límite de 620.000 toneladas de kril.

El estudio, además, subraya la relevancia ecológica del kril en el océano Austral. Su disminución podría generar un efecto dominó en los depredadores marinos y en los servicios ecosistémicos a nivel global. Por ello, se propone una estrategia de gestión colaborativa internacional que permita desarrollar de mejor manera la nueva estrategia de manejo de la pesquería que ha estado en desarrollo desde 2019. Esta busca anticipar este escenario y asegurar la conservación de la biodiversidad, junto con la sostenibilidad de una de las pesquerías más importantes del mundo.

 

Por: Camila Buvinic, INACH

Foto de portada: Nadia Politis

Desde Bretaña hasta el extremo sur de Chile, la investigadora francesa Morgane Durand ha recorrido un camino marcado por el mar. Estudiante de doctorado en el Museo Nacional de Historia Natural de París, colabora con el Instituto Milenio BASE y el Laboratorio de Ecosistemas Antárticos y Subantárticos (LEMAS) de la Universidad de Magallanes (UMAG).

En esta crónica, Morgane comparte su experiencia como parte de la Expedición Científica Antártica N°61 del Instituto Antártico Chileno (INACH), donde participó en el estudio de la criptofauna bentónica, biodiversidad que habita el fondo marino. Su relato combina la rigurosidad del trabajo científico con la vivencia de explorar uno de los lugares más extremos del planeta.

Por: Morgane Durand

Morgane participó de la Expedición Científica Antártica (ECA) N° 61 del Instituto Antártico Chileno (INACH), con la Dra. Karin Gérard del Instituto Milenio BASE. Foto: Morgane Durand

Soy francesa e investigadora de doctorado en el Museo Nacional de Historia Natural (MNHN) de París. Vengo de Concarneau, una ciudad bretona volcada hacia el océano. Es un puerto vivo, rodeado de murallas y atravesado por la luz cambiante del Atlántico. Allí, el mar no es un paisaje de fondo sino una presencia cotidiana: moldea los gestos, los oficios, las imaginaciones. Es en ese escenario de mareas, pesca y algas es donde crecí.

Fue gracias a mi directora de tesis, la doctora Karin Gérard, que conocí Punta Arenas. Ella vive y trabaja desde allá, y es debido a ese hilo y vínculo científico que esta ciudad apareció en mi mapa mental: un puerto en el fin del mundo, pero también un cruce de investigadores, una puerta abierta hacia el sur helado.

Mi tesis busca entender la diversidad de pequeños animales que viven escondidos en las rocas y arrecifes del fondo marino antártico. A este grupo lo llamamos “criptofauna bentónica”. Para estudiarlo utilizamos unas estructuras llamadas “Estructuras autónomas de monitoreo de arrecifes” o ARMS por sus siglas en inglés (Autonomous Reef Monitoring Structures), que permiten observar de forma similar, en distintos lugares y tiempos. Qué especies llegan a habitar el fondo del océano.

Trabajo en colaboración con el Instituto Milenio BASE y el Laboratorio de Ecosistemas Antárticos y Subantárticos (LEMAS) de la Universidad de Magallanes (UMAG) en Punta Arenas, junto a mi supervisora la Dra. Karin Gérard, y con el Dr. Cyril Gallut de la Universidad de la Sorbona, en Francia. Con ellos participé de la Expedición Científica Antártica (ECA) N°61 organizada por el Instituto Antártico Chileno (INACH). En febrero de 2025 estuvimos en la base Profesor Julio Escudero, en isla Rey Jorge, ubicada en la península Antártica.

Morgane desarrolla su tesis de doctorado junto a la Dra. Karin Gerard y el Dr. Cyril Gallut. Foto: Morgane Durand

Durante un mes, realizamos inmersiones submarinas para recuperar los ARMS que llevaban sumergidos más de un año y desplegar otros nuevos para los años venideros. En el marco de otro proyecto, también dirigido por la Dra. Karin Gérard, nos embarcamos en la nave RS Karpuj de INACH para realizar una campaña oceanográfica en bahía Fildes. Tomamos muestras de megafauna bentónica con redes de arrastre desplegadas a unos 300 metros de profundidad, y recogimos zooplancton y fitoplancton con redes bongo.

Navegar en la Karpuj fue una gran experiencia, donde la investigación científica se escribe primero en el terreno, lejos de la seguridad del laboratorio. Los logísticos, con su experiencia del viento y de las olas, fueron esenciales para que cada muestreo, cada red lanzada, se realizara de manera correcta. El mar impone su ritmo y sus imprevistos: hay que observar, anticipar, adaptarse. Era un recordatorio constante de que la ciencia no existe solo en los datos, sino también en la acción, en la atención al mundo real y en la capacidad de responder a lo inesperado.

Una vez recuperados los ARMS, establecimos los protocolos de procesamiento: clasificación de organismos fijos y móviles, toma de fotografías, conservación en etanol, formol o congelación. La preparación para el análisis molecular se dividió en dos enfoques: El primero, el barcoding, que consiste en aislar organismos individuales para extraer su ADN y, a continuación, amplificar fragmentos genéticos específicos para secuenciarlos y compararlos con bases de datos de referencia. La segunda, el metabarcoding, examina toda la comunidad presente en una muestra compleja (por ejemplo, un conjunto de especímenes raspados de una placa de ARMS).

En el océano Austral, la temperatura del agua puede llegar hasta los -2° C. Foto: Morgane Durand

La primera etapa – la extracción del ADN – se realizó directamente en el laboratorio de la base Profesor Julio Escudero de INACH. Esta experiencia, en la Antártica, fue sin duda una de las más memorables. Todo era más intenso: el frío, la luz, el silencio, la fatiga, la belleza. Nos sumergimos en la ciencia, pero también en todo.

En las aguas frías, literalmente cortantes, cada inmersión era tanto una prueba física como un momento de gracia. Sentir cómo se contrae el cuerpo al contacto con el agua, cómo sube la adrenalina. Controlar la respiración, mantener la calma, controlar los movimientos a pesar de los dedos entumecidos, el peso del equipo y a veces la corriente. Y luego ver… ver el fondo marino como si se abriera un libro que ningún ojo ha leído todavía. Observar, anotar, tomar muestras. El cuerpo se pone a prueba. Y luego está la mente, constantemente desafiada: por los datos que hay que organizar, los protocolos que hay que seguir, los imprevistos que hay que gestionar, las decisiones que hay que tomar, a veces con rapidez.

Cuando está en Punta Arenas, Morgane trabaja en el Laboratorio de Ecosistemas Marinos Antárticos y Subantárticos (LEMAS) en el Instituto de la Patagonia, Universidad de Magallanes (UMAG). Foto: Constanza Barrientos

De vuelta en Punta Arenas, continué mi trabajo durante un mes en el LEMAS de la UMAG. Durante este período, realicé los análisis de las muestras extraídas, concentrándome en el aspecto del barcoding. También realicé PCR en cada una de las muestras, con el objetivo de amplificar el ADN de los organismos presentes y permitir su secuenciación en Francia, en el otro laboratorio donde trabajo en Concarneau.

El tiempo que pasé en Punta Arenas me ofreció una nueva faceta de la investigación. Nuevas herramientas, nuevos colegas, nuevas formas de hacer las cosas. Trabajar en otro idioma, pensar de forma diferente, aprender de nuevo. Comprender que los métodos difieren, que los puntos de vista cambian según las culturas científicas.

Esos dos meses pude superar mis límites, cuestionar mis rutinas y enriquecer mi práctica. Explorar de verdad. No sólo el entorno marino polar, sino también las distintas formas de ser investigadora: sobre el terreno, en el laboratorio, con los demás.

 

Foto de portada: Morgane Durand en LEMAS- UMAG / I. Milenio BASE / C. Barrientos.

Gaspar Mejías es un joven estudiante de magíster con raíces chileno-holandesas que, a inicios de 2024, llegó al Laboratorio de Ecología Molecular (LEM) de la Universidad de Chile en Santiago para realizar una pasantía. Lo que comenzó como una experiencia en el laboratorio, pronto se transformó en una travesía inolvidable: dos meses acampando en isla Nelson, estudiando aves marinas y pingüinos en uno de los ecosistemas más extremos del planeta. En esta crónica, Gaspar nos comparte -con mirada curiosa- cómo fue hacer ciencia en la Antártica siendo parte de una expedición internacional.

El equipo científico que acampó en isla Nelson, estuvo liderado por el Dr. Lucas Krüger, y contó con Gaspar Mejías, Eduardo Pizarro, Francine Cezar Bandeira Timm y Miguel Leonetti Corrêa.

Hola, soy Gaspar, y esta es mi aventura científica en el continente blanco. Mi padre es chileno y mi madre holandesa. Crecí en Velserbroek, un hermoso pueblo en los Países Bajos. Gracias al Instituto Milenio BASE, tuve la oportunidad de estar más cerca de mi familia en Chile y realizar una pasantía en el Laboratorio de Ecología Molecular (LEM) de la Facultad de Ciencias de la Universidad de Chile en Santiago, bajo la supervisión de la Dra. Léa Cabrol y la Dra. Julieta Orlando.

Mi primera experiencia en el Instituto consistió en investigar cómo las variaciones de temperatura afectan el microbioma de erizos de mar, como parte del proyecto de doctorado de Melanie Delleuze. Fue un trabajo desafiante pero enriquecedor, me permitió hacer grandes amistades dentro del laboratorio y participar en el Congreso Científico Antártico SCAR, realizado en Pucón en agosto de 2024. ¡Qué paisajes tan impresionantes tiene el sur de Chile!

En la foto, Gaspar Mejías junto a sus compañeras y compañeros del Laboratorio de Ecología Molecular (LEM) y Laboratorio de Ecología Microbiana (LEMi) de la Facultad de Ciencias de la Universidad de Chile.

Esa primera etapa llegó a su fin, pero yo aún no había terminado con el Instituto Milenio BASE. Como parte de mis estudios, debía realizar una segunda investigación, y esta vez el foco estaría en uno de los animales más icónicos del continente antártico: los pingüinos.

En noviembre de 2024 partí rumbo a Punta Arenas, punto de partida de nuestra expedición a la Antártica. El equipo, liderado por el Dr. Lucas Krüger– investigador del Instituto Antártico Chileno (INACH) y del Instituto Milenio BASE- también estaba compuesto por Eduardo Pizarro, Francine Cezar Bandeira Timm y Miguel Leonetti Corrêa. Acampamos durante dos meses en isla Nelson, específicamente en Punta Armonía. La travesía comenzó a bordo del buque Aquiles de la Armada de Chile, navegando por el temido paso Drake, considerado uno de los mares más peligrosos del mundo. Las olas alcanzaban los cinco metros y las tormentas eran intensas. Al cuarto día despertamos rodeados de icebergs e islas completamente cubiertas de nieve: estábamos en la Antártica.

Desde el barco, un helicóptero nos trasladó hasta el sector oeste de la isla Nelson, donde nos esperaba un antiguo refugio argentino. Éramos las únicas personas en toda la isla. Nuestra carga —carpas, comida y equipamiento— fue dejada en una playa lejana, y nos tomó una semana trasladarla hasta el campamento. La primera noche dormimos en el refugio con lo esencial, bajo una fuerte tormenta de nieve. Con el paso de los días y a pesar del mal clima, logramos montar todo el campamento.

Una vez instalados, comenzamos el trabajo científico. Inicialmente estudiamos a los petreles gigantes y mapeamos la zona de Punta Armonía con drones. Cuando los polluelos de pingüino estuvieron lo suficientemente crecidos, trabajamos con las colonias de pingüinos papúa y barbijo. Permanecer dos meses en ese entorno fue una experiencia transformadora. Nunca me había sentido tan inmerso en la naturaleza. Nuestro campamento estaba al lado de las colonias de pingüinos, rodeado de lobos y elefantes marinos, aves imponentes y, en muchas ocasiones, ballenas que podíamos observar desde la puerta de la carpa.

Desde noviembre de 2024 hasta enero de 2025, el equipo científico estuvo acampando en Punta Armonía, isla Nelson, Antártica.

Creo que en una expedición como esta es fundamental con quién compartes la experiencia. Tuvimos un grupo increíble: nos apoyamos, cocinamos juntos, compartimos historias y muchas risas. Celebrar Navidad y Año Nuevo rodeados de nieve y vida silvestre fue algo que nunca olvidaré.

Convivir con esta fauna día a día te permite comprender lo inteligentes, cariñosos y frágiles que son estos animales. Pudimos observar cómo los petreles gigantes y los pingüinos cuidaban de sus crías desde el huevo hasta su adolescencia. Esa conexión profunda con la vida silvestre me dejó una fuerte convicción sobre la importancia de proteger estos ecosistemas.

Después de tantos días en la isla Nelson, la despedida fue difícil. Partimos a bordo del buque Karpuj del INACH rumbo a Villa Las Estrellas, donde descansamos unos días antes de regresar al continente. Me voy con una inmensa gratitud por las personas que conocí, las experiencias vividas y los paisajes que me acompañarán siempre. Ahora, la investigación continúa en Santiago. ¡Hasta pronto Antártica!

Por Gaspar Mejías.

Estudiante de magíster de la Universidad Libre de Ámsterdam y de la Universidad de Chile, también afiliado al Instituto Milenio BASE.

 

Foto portada: I. Milenio BASE / Constanza Barrientos