Un reciente estudio genómico de gran escala, muestra que lo que creíamos como “una sola especie” podría ser en realidad cuatro linajes distintos, cada uno adaptado a su propio ambiente. La investigación tiene consecuencias directas para su conservación frente al cambio climático.

Pingüino papúa (Pygoscelis papua) alimentando a su cría en la Antártica. Foto: Constanza Barrientos.

Durante más de un siglo, los pingüinos papúa fueron tratados como una sola especie distribuida a lo largo del océano Austral, pero un nuevo estudio viene a cambiar esa visión. Un equipo internacional de investigadores, con participación de la Universidad de Los Lagos, la Universidad Andrés Bello, los Institutos Milenio CRG, BASE, y la Universidad de Chile, en asociación con la Universidad de California, Berkeley, analizó el genoma completo de 64 ejemplares provenientes de diez colonias en distintos puntos del hemisferio sur — desde las islas Malvinas hasta las cercanías de la Antártica, pasando por las islas Kerguelen, Crozet y Macquarie. Lo que encontraron transforma nuestra comprensión de estas aves: el ADN revela la existencia de cuatro linajes profundamente divergentes, cada uno con huellas genéticas propias, que reflejan su adaptación al ambiente donde vive y que representan etapas avanzadas del proceso de especiación.

De este modo, el océano Austral — que rodea la Antártica — no es un ambiente del todo homogéneo. Sus temperaturas, su cubierta de hielo marino, su salinidad y la cantidad de alimento disponible varían enormemente de una zona a otra. Diferencias ambientales que durante millones de años, fueron dejando una “marca” en el ADN de los pingüinos que habitaban cada región. “El ambiente no es solo el escenario donde viven los organismos, también es una fuerza que moldea su ADN a través del tiempo, dejando huellas en su genoma”, señala la Dra. Daly Noll, académica de la Universidad de Los Lagos e investigadora adscrita de los Institutos Milenios BASE y al CRG y autora del estudio.

“En el océano Austral, estas diferencias ambientales han impulsado que los pingüinos papúa sigan caminos evolutivos distintos e independientes, evidenciando un proceso de especiación”, afirma la doctora en Ecología y Evolución.

 

Dra. Daly Noll, académica U. Lagos e investigadora institutos Milenio CRG y BASE en la Antártica. Foto: Daly Noll.

Las diferencias no están en todo el ADN, sino en partes clave

Para llegar a estos resultados, las y los investigadores procesaron más de nueve millones de variantes genéticas. No se trata de diferencias al azar, advierten. Las divergencias más significativas se destacan en regiones del genoma asociadas a funciones claves, como la regulación de la temperatura corporal, el metabolismo energético y la comunicación.

Este último punto fue uno de los hallazgos más inesperados: varios grupos muestran cambios en genes relacionados con el aprendizaje vocal, lo que sugiere que las diferencias en las vocalizaciones podrían estar contribuyendo al aislamiento reproductivo entre ellos.

“En esta investigación pudimos delimitar las cuatro especies de pingüinos papua, y hacer la descripción formal completa de una de ellas, utilizando datos genómicos con varias otras aproximaciones”, señala la Dra. Juliana Vianna, académica UNAB y directora alterna del Instituto Milenio CRG. “Además nuestro estudio utiliza modelos de distribución de especies a futuro con el cambio climático, y vimos que cada una de ellas responderá de forma diferente, algunas con mayor grado de amenaza que otras”, puntualiza la también investigadora del Instituto Milenio BASE.

La magnitud de las diferencias genéticas entre los cuatro grupos es comparable a la que se observa en otras aves que ya son reconocidas como especies distintas. Por eso, el estudio propone que estos linajes sean considerados cuatro especies independientes, respaldando esa propuesta con evidencia genómica, morfológica y ecológica. Una de ellas — el pingüino papúa de las islas Kerguelen, es descrita formalmente como especie nueva para la ciencia.

 

Una advertencia para el cambio climático

“Una sola especie” podría ser cuatro linajes distintos: cada uno adaptado a su propio ambiente. Foto: Claudia Ulloa.

El hallazgo tiene implicaciones que van más allá de la taxonomía, subrayan los equipos internacionales de investigación. “Hasta ahora, todos los pingüinos papúa eran evaluados como una sola unidad de conservación, dominada en número por el grupo de la península Antártica. Eso hacía que los demás grupos, mucho menos numerosos y más vulnerables, quedarán invisibles en los registros globales”, indican.

Las proyecciones del estudio muestran que, bajo los escenarios climáticos esperados para 2050, tres de los cuatro grupos podrían perder una parte significativa de su hábitat marino. “Algunos ya están en retroceso: las colonias monitoreadas en la Isla Macquarie han perdido el 50% de sus parejas reproductivas en las últimas tres generaciones”, señala el equipo.

“Este estudio muestra que incluso en organismos muy conocidos todavía puede existir diversidad biológica no reconocida, y que identificarla correctamente es un paso fundamental para cualquier evaluación seria de conservación”, concluye el Dr. Elie Poulin, académico de la Universidad de Chile y director del Instituto Milenio BASE.

Esta investigación internacional —advierten— es también una demostración del poder de la genómica de nueva generación aplicada a preguntas ecológicas y evolutivas. Usando tecnología

“No se trata solo de leer el ADN, sino de saber dónde mirar”, indica la Dra. Daly Noll. Foto: Claudia Ulloa.

de secuenciación de alto rendimiento, fue posible reconstruir la historia evolutiva de estas aves con una resolución antes imposible y conectar esa historia con el ambiente que la moldeó. “No se trata solo de leer el ADN, sino de saber dónde mirar”, indica la Dra. Daly Noll. “La genómica nos permite identificar con precisión qué regiones del genoma contribuyen a la divergencia entre linajes, y cómo estas reflejan la adaptación a distintos ambientes”, sostiene.

 

El estudio contó con la participación de los Institutos Milenio Centro de Regulación del Genoma (CRG) y Biodiversidad de Ecosistemas Antárticos y Subantárticos (BASE), la Universidad de Los Lagos y la Universidad de Chile, junto a instituciones de Australia, Reino Unido, Francia, Sudáfrica, Argentina, España, Mónaco, Venezuela y Estados Unidos. Se enmarca además en la tesis doctoral de Daly Noll en el Programa de Doctorado en Ciencias, mención Ecología y Biología Evolutiva, de la Universidad de Chile, bajo la cotutoría de la Dra. Juliana Vianna y del Dr. Elie Poulin y el proyecto Fondecyt de Postdoctorado ANID.

 

Comunicado: Instituto Milenio CRG y BASE
Fotografías: Claudia Ulloa

Una agenda de reuniones, colaboraciones y nuevas alianzas marcó la visita de la científica Camila Neder a la región de Magallanes. El recorrido evidenció cómo la investigación antártica se construye desde el trabajo conjunto entre instituciones, territorios y disciplinas. Desde biodiversidad hasta divulgación, las gestiones buscaron abrir nuevas rutas de cooperación. Un despliegue que busca ir más allá de la investigación individual.

Encuentro con integrantes de Laboratorio de Ecosistemas Marinos Antárticos y Subantárticos (LEMAS-UMAG). Foto: Camila Neder.

En el marco del fortalecimiento de la presencia territorial del Instituto Milenio BASE, la científica Dra. Camila Neder desarrolló una agenda de trabajo en Punta Arenas orientada a consolidar vínculos estratégicos y generar nuevas oportunidades de colaboración en ciencia antártica. Viajando desde Concepción, la visita permitió articular esfuerzos con instituciones clave y avanzar en líneas de investigación con impacto regional e internacional.

Uno de los ejes centrales del recorrido fue el trabajo conjunto con el Instituto Antártico Chileno (INACH), donde se reunieron con los investigadores César Cárdenas, Lucas Krüger, Francisco Santa Cruz y Magdalena Márquez, abordando nuevas ideas de investigación enmarcadas en la proposición del Área Marina Protegida del Dominio 1, sobre la distribución y uso de hábitat de depredadores tope en la Península Antártica. Asimismo, se profundizó la colaboración con el equipo de la red de sensores de INACH, proyectando la formalización del convenio BASE–INACH iniciado previamente junto a la Data Manager Catalina Marín (Instituto Milenio BASE).

Junto a speakers TEDx Punta Arenas: Pamela Ríos, Beatrix Schlarb-Ridley, Bernd Sierk, ⁠Leyla Cárdenas y Ximena Araya. Foto: Camila Neder

La agenda también incluyó encuentros con equipos de la Universidad de Magallanes (UMAG) y el Centro Internacional Cabo de Hornos (CHIC), donde se discutieron diseños experimentales enfocados en biodiversidad subantártica, particularmente en el estudio de moluscos. Estas iniciativas se vinculan a proyectos FONDECYT recientemente adjudicados y a la formación de estudiantes de postgrado, fortaleciendo el desarrollo científico desde la región.

En paralelo, la visita integró espacios de divulgación y vinculación internacional, como la participación en charlas TEDx Punta Arenas, con enfoque ciudadano sobre la perspectiva antártica, y reuniones con organizaciones como el British Antarctic Survey (BAS), Fundación Antártica21 y MAPBIOMAS. Estas instancias permitieron explorar colaboraciones en ciencia a bordo, cartografía antártica y comunicación científica con alcance global. Hubo gran interés en el desarrollo e impacto de los cuentos “Había una vez, un cuento científico”, proyecto al que la científica hace referencia en la reciente publicación del libro “Educación antártica en Chile: Experiencias aprendizajes y proyecciones”. 

Entrevista Dra. Camila Neder en canal ITV Patagonia. Crédito: ITV Patagonia.

Finalmente, el recorrido contempló encuentros con medios, como ITV Patagonia para relevar la importancia de la investigación interdisciplinaria en el territorio. En conjunto, desde experticias profesionales propias estas acciones consolidan una estrategia de vinculación amplia, posicionando al Instituto Milenio BASE como un actor clave en la articulación de ciencia, sociedad y cooperación internacional en torno a la Antártica.

Cada 25 de abril se conmemora el “Día Mundial del Pingüino”, una fecha que busca generar conciencia sobre la conservación de estas carismáticas especies. Desde Chile, equipos científicos advierten que su estado actual no solo evidencia amenazas locales, sino también impactos globales del cambio climático.

Dra. Juliana Vianna y Dra. Fabiola León durante estudio de pingüino emperador en la Antártica. Foto: Nadia Politis

El estado de conservación de los pingüinos se ha convertido en una señal de alerta sobre la salud de los ecosistemas marinos a nivel global. Así lo plantea la académica de la Universidad Andrés Bello e investigadora del Instituto Milenio BASE e Instituto Milenio CRG, Dra. Juliana Vianna. La doctora en Ciencias Biológicas mención Ecología, advierte que la importancia del estudio de estas especies se debe a su rol clave como indicadores del equilibrio oceánico.

“Los pingüinos son centinelas del océano: cuando sus poblaciones disminuyen, lo que estamos viendo es un desequilibrio mayor en los ecosistemas marinos. No es solo la pérdida de una especie, es una señal de alerta sobre el estado del planeta. Su conservación es, en el fondo, una decisión sobre nuestro propio futuro”, afirma la coordinadora científica del proyecto 1000Genomas.

Preocupación por conservación de pingüino de Humboldt y pingüino emperador. Fotos: jmclatchie y Claudio González-Wevar.

En Chile, el pingüino de Humboldt (Spheniscus humboldti) enfrenta crecientes presiones debido a la coexistencia de su hábitat con proyectos industriales en la zona norte del país. “Esta situación ha instalado un debate público sobre los límites entre desarrollo económico y conservación ambiental, evidenciando la fragilidad de uno de los ecosistemas marinos más productivos del planeta”, advierte desde Noruega la científica Dra. Fabiola León.

La investigadora advierte que la disminución de estas poblaciones no es un fenómeno aislado. “Los pingüinos cumplen funciones esenciales en las cadenas tróficas y en el transporte de nutrientes, por lo que su deterioro tiene efectos en cascada sobre los sistemas naturales y, eventualmente, sobre actividades económicas vinculadas al océano”, sostiene.

 

Una preocupación global

A nivel internacional, el caso del pingüino emperador (Aptenodytes forsteri) ha generado especial preocupación. “Esta especie depende del hielo marino antártico para su reproducción, un entorno que se ha visto alterado por el calentamiento global”, señala Eduardo Pizarro, investigador doctoral del Instituto Milenio BASE. “Estudios recientes han documentado pérdidas masivas de crías debido al quiebre anticipado del hielo, afectando directamente su supervivencia”, señala.

Dra. Juliana Vianna, Claudia Ulloa y Eduardo Pizarro durante expedición antártica mar de Weddell para estudio de pingüino emperador. Foto: Juliana Vianna.

En este contexto, la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza (UICN) actualizó su estado de conservación a “en peligro de extinción”, reflejando el riesgo creciente que enfrenta la especie. Para Claudia Ulloa, investigadora doctoral UC y del Instituto Milenio BASE, estos antecedentes confirman que la crisis ya no es sólo local, sino global. “La protección de los pingüinos se vincula directamente con la necesidad de resguardar las condiciones que sostienen la vida en el planeta”, puntualiza.

El caso del pingüino de Humboldt (Spheniscus humboldti) y del pingüino emperador (Aptenodytes forsteri) muestran con claridad que, aunque habitan ecosistemas distintos, ambos enfrentan amenazas que ya están documentadas por la ciencia, reflexiona la Dra. Juliana Vianna quien además dirige el Laboratorio de Biodiversidad Molecular en la Universidad Andrés Bello.

Estudios cuantitativos recientes revelan que la vulnerabilidad del género Pygoscelis varía según cada colonia, con tendencias críticas para P. adeliae y P. antarcticus en la península Antártica, especialmente donde coexisten con P. papua. “El análisis de la dinámica poblacional es clave para anticipar riesgos de extinción local”, afirma la estudiante de Magíster en Ciencias Biológicas de la Universidad de Chile, Aline Ubilla Mussa. La investigadora del Laboratorio de Biodiversidad Molecular UNAB del Instituto One Health, enfatiza que integrar modelos matemáticos y estocasticidad ambiental permite diseñar estrategias de conservación personalizadas. Estos hallazgos nos recuerdan que cada colonia es un mundo y si queremos generar estrategias de conservación efectivas, nuestras acciones deben adaptarse a la realidad particular que cada grupo de pingüinos enfrenta.

 

Fortalecimiento de vigilancia y monitoreo

Junto al Dr. Lucas Krüger, del Instituto Antártico Chileno (INACH) desde 2023 que ha encabezado expediciones estratégicas de contingencia para estudiar la gripe aviar en la Antártica, que ha afectado a pingüinos, pero también a cormoranes y skuas. “En marzo de 2024 Chile dio a conocer la detección de casos positivos de Influenza Aviar de Alta Patogenicidad (H5N1) en la Antártica, durante la LX Expedición Científica Antártica (ECA 60) organizada por el INACH”, recuerda Krüger.

Dr. Lucas Krüger y Eduardo Pizarro en expedición antártica para estudio de aves y gripe aviar. Foto: Eduardo Pizarro.

Desde el inicio del monitoreo del virus altamente patógeno de la influenza aviar en ejemplares de aves en la Antártica, el Comité Científico para la Investigación en la Antártica (SCAR por sus siglas en inglés) ha realizado el seguimiento del virus en los territorios antárticos y subantárticos. “Un trabajo que desde Chile se está realizando de forma continua y sistemática”, reflexiona el doctor en biología e investigador del Instituto Milenio BASE.

Investigaciones han mostrado que, bajo escenarios actuales de emisiones, hasta un 80% de las colonias de pingüino emperador (Aptenodytes forsteri) podrían desaparecer hacia fines de siglo debido a la pérdida de hielo marino. A esto se suman eventos recientes donde colonias completas han, muy probablemente, perdido un número importante de crías por el quiebre anticipado del hielo. En paralelo, el pingüino de Humboldt (Spheniscus humboldti) mantiene una población estimada de menos de 35 mil individuos, enfrentando presiones constantes en su hábitat costero en Chile y Perú.

 

Por: Nadia Politis

Fotografía de portada: Eduardo Pizarro

A través de la firma de un pionero convenio de colaboración, el Instituto Milenio BASE y la Municipalidad de Huechuraba consolidan el inicio de una mesa de trabajo que considerará proyecciones inmersivas sobre la Antártica, junto al Planetario Huechuraba y en formato full dome, y asesoría científica en materia de educación antártica. La nueva alianza busca acercar la investigación polar a la comunidad a través de experiencias inmersivas y vivenciales.

Instituto Milenio BASE junto a alcalde Max Luksic. Crédito: Municipalidad de Huechuraba.

Bajo la cúpula envolvente, el hielo se extiende en todas direcciones y el sonido del viento parece rodear a la audiencia. Desde la cubierta de un buque, en medio de la Antártica, la experiencia sumerge a las personas en un paisaje remoto y sobrecogedor, donde la Ciencia cobra vida en 360°: pingüinos, equipos científicos, y condiciones extremas invitan a una aventura polar. Esa es la apuesta del Instituto Milenio Biodiversidad de Ecosistemas Antárticos y Subantárticos (Instituto Milenio BASE) junto a la Municipalidad de Huechuraba y su Planetario: transformar la investigación antártica en una vivencia inmersiva, accesible y cercana para toda la comunidad.

“Este convenio establece una alianza estratégica para la generación y difusión de contenidos audiovisuales basados en resultados científicos desarrollados por el instituto, los que serán adaptados para experiencias inmersivas en el Planetario de Huechuraba”, señala el Dr. Elie Poulin, académico de la Universidad de Chile y director del Instituto Milenio BASE. El convenio, busca marcar un nuevo paso en la divulgación científica en Chile, integrando investigación de frontera con tecnologías audiovisuales inmersivas, en virtud del desarrollo de contenidos en formato fulldome con el Planetario de Huechuraba, centrados en la Antártica y los ecosistemas subantárticos, acercando este conocimiento a públicos diversos.

“Además, esta colaboración busca decodificar la evidencia científica en relatos accesibles, cercanos y humanos, que permitan comprender la relevancia de estos territorios para nuestro planeta. Que la Antártica nos permite proyectar el futuro y los desafíos de conservación en medio de la crisis climática en la cual nos encontramos”, puntualiza la Dra. Julieta Orlando, académica de la Universidad de Chile, presidenta de la Sociedad de Microbiología de Chile (SOMICH) y directora alterna del Instituto Milenio BASE.

Equipo de Educación y Comunicaciones de Planetario Huechuraba. Crédito: Instituto Milenio BASE.

La iniciativa incluye la promoción conjunta de actividades de divulgación científica, como exhibiciones, talleres y charlas dirigidas a la comunidad. De este modo, se busca fortalecer la cultura científica en torno a la Antártica y los territorios subantárticos, fomentando el vínculo entre ciencia, educación y territorio en la comuna de Huechuraba.

El Instituto Milenio Biodiversidad de Ecosistemas Antárticos y Subantárticos, conocido también como Instituto Milenio BASE, busca generar conocimiento científico de frontera y formar jóvenes investigadores en torno a la biodiversidad de los ecosistemas antárticos y subantárticos, con el fin de comprender, evaluar y predecir los efectos del cambio climático sobre la biota. Trabajo colaborativo que busca proponer políticas de conservación y gobernanza para la Antártica, el océano Austral y las regiones subantárticas, así como sensibilizar y comunicar a un público amplio sobre las amenazas que enfrentan estos ecosistemas.

El Instituto Milenio BASE pertenece a la Iniciativa Científica Milenio, un programa de la Agencia Nacional de Investigación y Desarrollo (ANID), perteneciente al Ministerio de Ciencia, Tecnología, Conocimiento e Innovación de Chile. Más información en https://www.institutobase.cl 

 

Fotografías: Municipalidad de Huechuraba e Instituto Milenio BASE

Vanessa Monge, se encuentra asociada al Centro Internacional Cabo de Hornos (CHIC) y al Instituto Milenio BASE. Foto: V. Monge

La localidad de Pijnacker-Nootdorp, en Países Bajos, fue el escenario del curso Basic Analytical Chemistry Course for Women Chemists, que se realizó entre el 24 y el 27 de marzo desde el Centro ChemTech de la Organización para la Prohibición de las Armas Químicas (OPCW, en inglés).

Allí estuvo presente Vanessa Monge Carrillanca, bióloga e investigadora magíster del Centro Internacional Cabo de Hornos (CHIC) e Instituto Milenio BASE, quien representó a Chile como parte de este curso de formación especializada dirigido a mujeres químicas a nivel mundial.

“El curso estuvo enfocado en el fortalecimiento de capacidades en química analítica y sistemas de gestión de calidad, abordando herramientas clave para el análisis químico en contextos regulatorios y de verificación internacional. Esta instancia contribuye al fortalecimiento de las capacidades técnicas del Laboratorio de Marea Roja CHIC y a la proyección internacional del Centro”, señaló.

Cabe destacar que Monge es la encargada del Laboratorio de Marea Roja CHIC, ubicado en el Centro Subantártico Cabo de Hornos, de la Universidad de Magallanes, en Puerto Williams, y que en el presente año inauguró su equipamiento científico, dando un importante paso que fortalece las capacidades locales en investigación y monitoreo de floraciones algales nocivas (FAN) para la región subantártica.

El curso tuvo lugar en el Centro ChemTech de la Organización para la Prohibición de las Armas Químicas. Foto: V. Monge

Ante ello, la joven investigadora valoró la oportunidad de participar de este encuentro, para  el aprendizaje y fortalecimiento de sus capacidades junto a mujeres químicas de todo el mundo, y que se enmarcó en un proceso de selección internacional liderado por la Secretaría Técnica de la OPCW y el Gobierno de los Países Bajos.

“Participar en este curso junto a otras mujeres químicas fue una experiencia muy enriquecedora, no solo en lo profesional, sino también en lo personal. Compartir con científicas de distintos países, con realidades y trayectorias tan diversas, me permitió darme cuenta de que, a pesar de las diferencias, muchas enfrentamos desafíos similares dentro de la ciencia. Se generó un espacio muy cercano, de confianza, donde pudimos intercambiar experiencias, apoyarnos y aprender unas de otras. Sin duda, este tipo de instancias fortalece redes, motiva y reafirma la importancia de seguir impulsando la participación de mujeres en áreas científicas, avanzando hacia una ciencia más equitativa, inclusiva y representativa”, manifestó Monge.

Este curso forma parte de las iniciativas de la Organización para la Prohibición de las Armas Químicas (OPCW, en inglés), entidad encargada de la aplicación internacional de la Convención sobre Armas Químicas, de abril de 1997, y que cuenta con 193 países miembros, entre ellos, Chile.

 

Por: Pedro Andrade / CHIC

Fotografías: Vanessa Monge

La presentación del libro en Punta Arenas, tuvo lugar en el INACH. Foto: H. Díaz

El libro “Educación Antártica en Chile: Experiencias, aprendizajes y proyecciones”, reúne más de 40 testimonios de docentes, equipos de investigación y comunidades educativas vinculadas al continente blanco. La presentación se realizó el lunes 6 de abril, a las 16:30 horas, en dependencias del Instituto Antártico Chileno (INACH), con participación de autores, instituciones científicas y profesores de la región de Magallanes. 

En un esfuerzo colaborativo por destacar el valor estratégico, ecológico y pedagógico del continente helado en el ámbito de la educación chilena, aportando una mirada integral que trascienda lo disciplinar y promueva una conciencia antártica activa desde las aulas, el libro “Educación Antártica en Chile: Experiencias, aprendizajes y proyecciones”, se presentó en Punta Arenas junto a tomadores de decisiones, el mundo académico, divulgativo, y actores del sistema escolar.

La publicación reúne experiencias de docentes de Puerto Williams, Punta Arenas, Valdivia, Concepción y Santiago. Foto: I. Milenio BASE / N. Politis

La publicación gratuita, y conjunta entre el Instituto Milenio BASE y la Fundación Coalición de Jóvenes Antárticos, busca fortalecer el vínculo entre ciencia, educación y territorio en torno a la enseñanza y divulgación antártica: “Este libro busca compartir nuestros aprendizajes colectivos, así como reflejar el creciente interés nacional por fortalecer la presencia de la Antártica en los contenidos escolares y en las políticas educativas”, destaca el Dr. Elie Poulin, director del Instituto Milenio BASE de ciencia antártica.

Compuesto por tres capítulos y más de 40 artículos, sumando casi 60 autoras y autores a nivel nacional, el libro busca dar a conocer el trabajo sostenido y transversal que se ha impulsado en ciudades como Puerto Williams, Punta Arenas, Valdivia, Concepción y Santiago en torno a temáticas antárticas. Experiencias, reflexiones y propuestas en torno a cómo la educación puede contribuir a una ciudadanía antártica informada y comprometida: “Queremos contribuir a la inclusión de nuevas generaciones en la conversación antártica. Que niñas, niños y jóvenes sientan el continente blanco como suyo y conozcan cómo nuestro país contribuye a su estudio”, señala Constanza Barrientos, presidenta de la Fundación Coalición de Jóvenes Antárticos. 

Profesoras, profesor y directiva de la Coalición de Jóvenes Antárticos de Punta Arenas. Foto: V. Cárdenas

Uno de los aportes destacados corresponde al capítulo del Instituto Antártico Chileno, que revisa iniciativas como la Feria Antártica Escolar (FAE) y la Expedición Antártica Escolar (EAE). Reflexiones que se suman a un momento de especial relevancia, ya que hasta el 29 de mayo se desarrollarán las postulaciones a una nueva versión de la FAE 2026: “La educación es un pilar estratégico para fortalecer el vínculo de Chile con la Antártica. Publicaciones como esta permiten sistematizar experiencias, ampliar su alcance y seguir conectando a nuevas generaciones con este territorio desde el conocimiento y la participación”, afirma Gino Casassa, director del Instituto Antártico Chileno (INACH).

A los testimonios, se suman experiencias docentes desde instituciones como: la Escuela Pedro Pablo Lemaitre, el Liceo Luis Alberto Barrera, el Jardín Infantil Sara Braun, el Colegio Luterano e INACAP de Punta Arenas. Al igual que experiencias desde la formación y divulgación con el PAR Explora Magallanes, la Fundación Antártica21 y la Asociación de Jóvenes Científicos Polares (APECS Chile), reforzando una red regional que articula ciencia, educación y territorio. El libro también cuenta con el apoyo de la Oficina Regional para América Latina y el Caribe, UNESCO Santiago, y el CIAE del Instituto de Estudios Avanzados en Educación de la Universidad de Chile.

El libro “Educación Antártica en Chile: Experiencias, aprendizajes y proyecciones” también se puede descargar, de forma gratuita, en: https://institutobase.cl/libros/ 

Fotografías: Instituto Milenio BASE

85 metros cuadrados de nuevo espacio científico, se suman al LEMAS-UMAG. Foto: C. Barrientos

A 15 años de su fundación, el Laboratorio de Ecosistemas Marinos Antárticos y Subantárticos (LEMAS) de la Universidad de Magallanes (UMAG) refuerza su rol como espacio de colaboración y formación científica junto al Instituto Milenio BASE.

Ochenta y cinco metros cuadrados de espacio científico, se suman a la infraestructura del Laboratorio de Ecosistemas Marinos Antárticos y Subantárticos (LEMAS) de la Universidad de Magallanes (UMAG), por medio de un convenio de colaboración firmado con el Instituto Milenio Biodiversidad de Ecosistemas Antárticos y Subantárticos (Instituto Milenio BASE) que busca fortalecer la ciencia polar desde la región de Magallanes, promoviendo la colaboración y la formación de capital humano.

Ciencia que se construye 

Impulsado por el Dr. Andrés Mansilla, el LEMAS nace en 2010, tras la necesidad de contar con un espacio para el desarrollo de investigación básica y aplicada en el campo de las macroalgas antárticas y subantárticas. Construido con el apoyo institucional de la UMAG y del Instituto de Ecología y Biodiversidad (IEB), su equipamiento científico y logístico fue financiado a través de proyectos concursables de organismos estatales como el Fondo de Fomento al Desarrollo Científico y Tecnológico (FONDEF), el Fondo Nacional de Desarrollo Científico y Tecnológico (FONDECYT), el Instituto Antártico Chileno (INACH) y la Corporación de Fomento de la Producción (CORFO).

“Cuando comenzamos éramos cuatro personas en el laboratorio, incluyendo estudiantes de pregrado y magíster. En esos años la carrera de biología marina recién se había comenzado a impartir en la universidad”, comentó el Dr. Andrés Mansilla, también investigador principal del Centro Internacional Cabo de Hornos (CHIC). Después, con la llegada de estudiantes de postgrado y doctorado, el laboratorio experimentó una expansión estratégica: de una dedicación exclusiva a macroalgas, evolucionó hacia un enfoque integral de ecosistemas marinos.

La ampliación del LEMAS-UMAG coincide con su año 15 de existencia. Foto: C. Barrientos

A medida que el LEMAS se expandía, se incorporaron investigadores como la Dra. Karin Gérard, especializada en evolución de biodiversidad subantártica y antártica, y el Dr. Máximo Frangopulos, experto en Floraciones Algales Nocivas (FAN). “La región de Magallanes es un lugar privilegiado para hacer ciencia, por su conexión con la Antártica y por las oportunidades que ofrece para desarrollar investigación colaborativa con equipos científicos que llegan de todas partes de Chile y del mundo”, señaló la Dra. Karin Gérard, investigadora del Instituto Milenio BASE, quien llegó desde Francia hace diecisiete años y que- desde hace diez- forma parte del laboratorio. 

“En estos 15 años de existencia, hemos contado constantemente con la visita de investigadores y estudiantes nacionales e internacionales. Hemos impulsado proyectos de relevancia para la región e involucrado en instancias de toma de decisiones. Hoy, contando con un equipo de más de diez estudiantes e investigadores de pregrado, magíster, doctorado y postdoctorado, la inversión en infraestructura impulsada junto al Instituto Milenio BASE y la UMAG, viene a potenciar este trabajo y nos permite continuar proyectándonos”, expresó el Dr. Andrés Mansilla. 

Colaboración que fortalece

Como parte del fortalecimiento de sus capacidades científicas y territoriales, el Instituto Milenio BASE se involucró en la expansión del LEMAS, ubicado en el Instituto de la Patagonia de la UMAG, una de sus instituciones asociadas en la región de Magallanes. Este hito se desarrolló en el marco del convenio de colaboración vigente firmado entre ambas instituciones en 2025.

LEMAS-UMAG y el Instituto Milenio BASE colaboran en instancias de divulgación del conocimiento. Foto: C. Barrientos

El proyecto contempló la instalación de seis módulos anexos a la infraestructura existente del laboratorio, incorporando ochenta y cinco metros cuadrados adicionales de espacio científico. Esta ampliación incluye un laboratorio destinado al estudio de fitoplancton tóxico, un espacio para investigaciones en ecofisiología marina, además de oficinas para académicos y estudiantes. Asimismo, considera infraestructura de apoyo, como baño y cocina.

Al respecto, el director del Instituto Milenio BASE, Dr. Elie Poulin, comentó que “más allá de su dimensión infraestructural, esta expansión tiene un valor estratégico significativo para el instituto. Este aporte fortalece nuestra relación con la UMAG y nuestra presencia territorial en Magallanes, una región clave para la investigación polar, facilitando el acceso, la coordinación de campañas científicas y el desarrollo de investigaciones a largo plazo en los ecosistemas antárticos y subantárticos”.

Por su parte, el decano de la Facultad de Ciencias de la UMAG, Gustavo Poblete, señaló que “la ampliación del LEMAS representa un impulso significativo para la facultad. Este nuevo espacio, donde convergen instituciones de relevancia regional y nacional, como el Instituto Milenio BASE y el Centro Internacional Cabo de Hornos, potencia la colaboración científica y la articulación de capacidades en torno a los ecosistemas antárticos y subantárticos. Asimismo, amplía las oportunidades de formación para estudiantes en todos los niveles. Desde Magallanes, proyectamos investigación de excelencia con impacto global”.

Con esta ampliación, el LEMAS reafirma su rol como un nodo estratégico para el desarrollo de ciencia en el extremo sur de Chile, articulando capacidades locales e internacionales en torno a los ecosistemas antárticos y subantárticos. Con infraestructura clave para la investigación, consolida la colaboración entre la Universidad de Magallanes, el Instituto Milenio BASE y el Centro Internacional Cabo de Hornos.

 

 

Por: Constanza Barrientos Soto

Más de 100 personas participaron en la segunda sesión de Encuentros SBAP, donde la bióloga marina y doctora en Ciencias María José Pérez Álvarez abordó cómo las herramientas genéticas y el trabajo interdisciplinario están ampliando el conocimiento sobre poblaciones, varamientos, amenazas y estrategias de conservación de cetáceos en Chile.

La genética se ha convertido en una herramienta cada vez más decisiva para comprender mejor a los cetáceos y fortalecer su conservación en Chile. Ese fue el principal mensaje de la segunda sesión de Encuentros SBAP, realizada el viernes 27 de marzo e impulsada por el Servicio de Biodiversidad y Áreas Protegidas. La instancia reunió a más de 100 personas, entre asistentes presenciales en el auditorio institucional, y funcionarias, funcionarios y ciudadanía conectados en línea desde todo del país.

Más de 100 personas participaron en la charla dictada por la Dra. María José Pérez Álvarez. Foto: I. Milenio BASE / N. Politis

La charla “Herramientas genéticas y esfuerzos interdisciplinarios para la conservación de cetáceos en Chile” estuvo a cargo de María José Pérez Álvarez, bióloga marina, doctora en Ciencias y especialista en genética para la conservación de mamíferos marinos en Chile, con foco en cetáceos. Actualmente, María José es académica de la Universidad de Chile, investigadora del Instituto Milenio BASE y del Centro de Investigación Eutropia. Además, es asesora científica de la Subsecretaría de Pesca y Acuicultura y de la Comisión Permanente del Pacífico Sur (CPPS).

Durante su exposición, la investigadora mostró cómo la información genética, combinada con otras disciplinas e instituciones, ha permitido avanzar en estudios aplicados en distintas especies de cetáceos en Chile. Entre otros hallazgos, explicó que estas herramientas ayudan a complementar registros de varamientos, identificar o corregir especies, determinar su sexo, conocer mejor la estructura de las poblaciones y aportar evidencia útil para el diseño de estrategias de manejo y conservación de estos mamíferos marinos.

La presentación también relevó el valor de los enfoques colaborativos y transdisciplinarios para estudiar especies marinas de difícil acceso y generar conocimiento que sirva para la toma de decisiones. En ese sentido, la actividad permitió acercar evidencia científica de alto nivel al trabajo cotidiano del Servicio, reforzando el vínculo entre ciencia, gestión pública y protección de la biodiversidad marina.

Durante su presentación, la experta indicó que las herramientas genéticas están permitiendo responder preguntas que hace algunos años eran mucho más difíciles de abordar en cetáceos, desde la identificación de especies hasta el estudio de poblaciones, amenazas y procesos ecológicos: “Cuando ese conocimiento se integra con otras disciplinas y con el trabajo de distintas instituciones, se vuelve mucho más útil para la conservación”.

Un evento impulsado por la Unidad de Educación y Formación Continua del Departamento de Comunicaciones, Ciudadanía y Educación del SBAP. Foto: I. Milenio BASE / N. Politis

Al finalizar, la jefa de la División de Biodiversidad del SBAP, Contanza Troppa, valoró la instancia. “Para el SBAP, generar este tipo de espacios es muy valioso, porque acerca conocimiento científico de frontera al quehacer institucional. La conservación de la biodiversidad marina exige fortalecer capacidades, dialogar con la evidencia y avanzar con una base técnica sólida para una mejor toma de decisiones”, apuntó.

Organizado por la Unidad de Educación y Formación Continua del Departamento de Comunicaciones, Ciudadanía y Educación, el ciclo Encuentros SBAP busca consolidarse como un espacio permanente de aprendizaje, actualización y vinculación, orientado a fortalecer las capacidades institucionales en materias misionales.

 

Fuente: SNBAP

El Dr. Jaime Ojeda es investigador del Laboratorio LEMAS de la UMAG, del CHIC y del Instituto Milenio BASE.

Cada año la Sociedad Ecológica Británica (British Ecological Society), la más antigua del mundo, otorga el Premio Rachel Carson al mejor artículo de la Revista People and Nature, escrito por un investigador o investigadora joven.

Con más de 90 postulaciones, se eligieron a los ocho mejores artículos de esta revista de ciencias socio ecológicas, siendo dos veces nominado el Dr. Jaime Ojeda Villarroel, del Centro Internacional Cabo de Hornos (CHIC), del Laboratorio de Ecosistemas Marinos Antárticos y Subantárticos (LEMAS) de la Universidad de Magallanes (UMAG) y del Instituto Milenio BASE.

Una de estas corresponde al artículo “Dos lentes para explorar las relaciones entre aves marinas y pescadores: revelando contribuciones recíprocas”, realizado desde la región de Magallanes. Esta investigación detalló el vínculo entre pescadores de merluza y aves marinas como albatros y petreles, los beneficios de esta relación y la problemática de la pesca artesanal en la zona austral.

“Es un honor al trabajo y a los colaboradores que han participado, ya que se trata de un reconocimiento no solo a mí, sino que también a las personas que realizan este oficio que se está extinguiendo”, indicó Ojeda.

En tanto, el académico de la UMAG, también fue nominado por el artículo “Contribuciones recíprocas en la gestión indígena marina: el caso de la recolección de abulón Haida”. Desde la isla Haida Gwaii, en Canadá, esta investigación dio cuenta de los esfuerzos de esta primera nación, para recuperar al abalón, caracol marino que come algas, y de gran trayectoria histórica para la comunidad.

Por su trabajo con pescadores en la región de Magallanes y con la Nación Haida de Canadá, el Dr. Jaime Ojeda fue nominado dos veces al Premio Rachel Carson.

Conocer de este vínculo, tanto por las personas mayores y los jóvenes de este pueblo originario, resultó de gran relevancia para Ojeda, quién desarrolló este artículo mientras realizaba su Doctorado en la Universidad de Victoria, en el país norteamericano.

“Los dos artículos se conectan de alguna forma entre los vínculos interhemisféricos. Estos artículos están enmarcados a las contribuciones recíprocas de las personas a la naturaleza, que fue un concepto desarrollado con los autores, para entender cuáles son los esfuerzos que las personas han hecho o como han contribuido, desde su perspectiva, al entorno natural o los oficios que practican. Muchas veces se habla desde los impactos, que está bien indagarlo, pero las personas piensan y pueden tener acciones de contribución a su entorno natural”, reflexionó.

Rachel Carson fue una bióloga estadounidense, destacada escritora del libro “La Primavera Silenciosa”, publicado en 1962, representando un texto pionero en la ética ambiental y que propició la prohibición de pesticidas como el DDT en Estados Unidos por sus daños al medio ambiente y la salud humana.

“Es un honor obtener esta nominación a un premio de revistas muy reputadas de las ciencias socio ecológicas, y con un premio que tenga su nombre”, comentó Ojeda.

 

Fotografías: Alex García, Lynn Lee y Katrine Payne

Nota de prensa: Pedro Andrade, CHIC

 

El muestreo buscó dar con plantas del género Deschampsia (izquierda) y Baccharis (derecha). 

La expedición subantártica tuvo como objetivo dar con dos géneros de plantas que juegan un rol ecológico importante y que son fundamentales para el estudio del cambio climático en ambientes australes: Deschampsia y Baccharis.

Liderada por el Dr. Pablo Guerrero, académico de la Universidad de Concepción (UdeC) e investigador del Instituto Milenio BASE y del Instituto de Ecología y Biodiversidad (IEB), y por el Dr. Gastón Carvallo de la Pontificia Universidad Católica de Valparaíso (PUCV) y del IEB, la exploración subantártica abarcó los alrededores de la comuna de Torres de Paine, isla Grande de Tierra del Fuego y cerro Mirador en la ciudad de Punta Arenas.

“Se suele creer que lugares de climas extremos, como la región de Magallanes, tienen poca diversidad de plantas, pero no es así, la flora de la zona es muy heterogénea y se encuentra distribuida en diversos ambientes”, señaló el Dr. Pablo Guerrero. Durante siete días, los académicos buscaron especies del pasto Deschampsia y del arbusto Baccharis, dos plantas cuyo rol es clave para entender el impacto que el cambio global tiene sobre los ecosistemas subantárticos.

Torres del Paine, isla Tierra del Fuego y cerro Mirador en Punta Arenas, fueron los principales puntos de muestreo.

El recorrido partió desde la comuna de Torres del Paine en la provincia de Última Esperanza, continuó por la Reserva Karukinka y alrededores en isla Grande Tierra del Fuego y finalizó en el cerro Mirador de Punta Arenas. Con más de 200 puntos de muestreo, las especies Deschampsia antarctica y Baccharis magellanica fueron la más importantes dentro de sus respectivos géneros, dentro de la región monitoreada.

“Parece un pasto común de la región de Magallanes, pero si miras con detalle notarás que sus hojas son más finas y alborotadas”, explicó el Dr. Pablo Guerrero, al referirse a la apariencia del llamado pasto antártico, D.  antarctica. Este puede ser encontrado desde la región de Magallanes hasta la península del continente helado; creciendo en zonas de deshielo y suelos rocosos, está adaptada para sobrevivir en condiciones de frío extremo, tolerando temperaturas incluso debajo de los -20° C.

“El ambiente subantártico se caracteriza por poseer una gran extensión en términos de superficie con bastante heterogeneidad de ambientes, dentro de los cuales destaca el de alta montaña que se asemeja bastante a las condiciones de la Antártica marítima. Es en este ambiente de alta montaña donde encontramos D. antarctica”, señala el director del Laboratorio de Biogeografía, Macro-evolución y Sistemática (BIOMAS), Dr. Pablo Guerrero.

D. antarctica, conocida como pasto antártico, puede encontrarse desde la región de Magallanes hasta la península del continente helado.

Tras la recolección de ejemplares de D. antarctica, el equipo estudiará cómo estas plantas reaccionan a nivel molecular frente a los cambios del ambiente, mediante la caracterización de su ARN, una molécula que permite inferir qué está ocurriendo dentro de la planta y qué genes están activos en ese momento. De manera complementaria, en terreno se realizó la caracterización fenológica de las distintas poblaciones muestreadas, con el fin de determinar la etapa de desarrollo en la que se encontraban al momento del muestreo y así interpretar adecuadamente los resultados.

Este trabajo se fortalece con el trabajo que desarrollan estudiantes de pregrado, magíster y doctorado del laboratorio BIOMAS de la UdeC.

En el caso de la especie B. magellanica, su distribución en Chile continental es mucho más amplia que D. antarctica, abarcando desde la región del Maule hasta la región de Magallanes. Este arbusto, usualmente es encontrado en sectores expuestos al viento, puede medir desde los 30 centímetros hasta 1 metro de alto.

La recolección de muestras de B. magellanica complementa el trabajo que desarrolla el estudiante de doctorado, Arón Cádiz Véliz, junto al Dr. Pablo Guerrero, en el Laboratorio BIOMAS de la Facultad de Ciencias Naturales y Oceanográficas de la UdeC. Este estudio busca analizar el efecto de los hábitats fríos y áridos sobre la expansión biogeográfica, la diversificación y la evolución de los rasgos funcionales en el género Baccharis (Asteraceae).

 En coordinación con las campañas desarrolladas en la región de Magallanes, las estudiantes de la UdeC y del Instituto Milenio BASE, Javiera Madariaga (Biología) y Catalina Escobar (Magíster) realizaron muestreos sincrónicos en diversas islas de la Península Antártica. Este enfoque comparativo, implementado bajo un marco espacial y temporal equivalente, permite evaluar diferencias en los genotipos y en las respuestas biológicas de D. antarctica entre poblaciones subantárticas y antárticas.

El Dr. Pablo Guerreo (derecha) y el Dr. Gastón Carvallo (izquierda) han trabajo de forma colaborativa durante más de diez años.

Deschampsia antarctica, un trabajo interdisciplinario

La colaboración entre el Dr. Pablo Guerrero y el Dr. Gastón Carvallo es de larga data, más de diez años trabajando en conjunto en estudios sobre ecología y evolución de plantas a lo largo de Chile. “Nuestros primeros trabajos fueron en el Atacama y ahora en la zona subantártica, centrándonos en entender procesos evolutivos y reproductivos”, indica el experto en reproducción vegetal, Dr. Gastón Carvallo.

“Uno de los factores más importantes para entender la evolución y la distribución de las plantas tiene que ver con su sistema de reproducción. Nuestro objetivo es conocer cómo se reproduce Deschampsia antarctica en el continente, ya que podría presentar una estrategia de reproducción muy distinta a la que presenta en la Antártica donde las condiciones son más severas”, agrega el Dr. Carvallo.

En la expedición se desarrollaron más de 200 puntos de muestreo.

El trabajo con D. antarctica se enmarca en el modelo de investigación que el Dr. Pablo Guerrero dirige en el Instituto Milenio BASE, en la línea “Desplazamiento en la distribución y riesgo de extinción en la biota antártica y subantártica”. Según señala el académico UdeC, en colaboración con la Dra. Julieta Orlando, microbióloga de la Facultad de Ciencias de la Universidad de Chile e investigadora del Instituto Milenio BASE, este trabajo también considerará análisis del microbioma de D. antarctica.

 Con la reciente expedición, el equipo busca aportar nueva evidencia sobre cómo las plantas australes están respondiendo al cambio global, fortaleciendo el conocimiento científico generado desde la ecorregión subantártica de Magallanes. Los resultados permitirán comprender mejor los procesos ecológicos, reproductivos y evolutivos que ocurren en el extremo sur, un territorio clave para predecir el futuro de la biodiversidad.

 

Por: Constanza Barrientos Soto

Fotos: Constanza Barrientos y Pablo Guerreo