Más de 100 personas participaron en la segunda sesión de Encuentros SBAP, donde la bióloga marina y doctora en Ciencias María José Pérez Álvarez abordó cómo las herramientas genéticas y el trabajo interdisciplinario están ampliando el conocimiento sobre poblaciones, varamientos, amenazas y estrategias de conservación de cetáceos en Chile.
La genética se ha convertido en una herramienta cada vez más decisiva para comprender mejor a los cetáceos y fortalecer su conservación en Chile. Ese fue el principal mensaje de la segunda sesión de Encuentros SBAP, realizada el viernes 27 de marzo e impulsada por el Servicio de Biodiversidad y Áreas Protegidas. La instancia reunió a más de 100 personas, entre asistentes presenciales en el auditorio institucional, y funcionarias, funcionarios y ciudadanía conectados en línea desde todo del país.
Más de 100 personas participaron en la charla dictada por la Dra. María José Pérez Álvarez. Foto: I. Milenio BASE / N. Politis
La charla “Herramientas genéticas y esfuerzos interdisciplinarios para la conservación de cetáceos en Chile” estuvo a cargo de María José Pérez Álvarez, bióloga marina, doctora en Ciencias y especialista en genética para la conservación de mamíferos marinos en Chile, con foco en cetáceos. Actualmente, María José es académica de la Universidad de Chile, investigadora del Instituto Milenio BASE y del Centro de Investigación Eutropia. Además, es asesora científica de la Subsecretaría de Pesca y Acuicultura y de la Comisión Permanente del Pacífico Sur (CPPS).
Durante su exposición, la investigadora mostró cómo la información genética, combinada con otras disciplinas e instituciones, ha permitido avanzar en estudios aplicados en distintas especies de cetáceos en Chile. Entre otros hallazgos, explicó que estas herramientas ayudan a complementar registros de varamientos, identificar o corregir especies, determinar su sexo, conocer mejor la estructura de las poblaciones y aportar evidencia útil para el diseño de estrategias de manejo y conservación de estos mamíferos marinos.
La presentación también relevó el valor de los enfoques colaborativos y transdisciplinarios para estudiar especies marinas de difícil acceso y generar conocimiento que sirva para la toma de decisiones. En ese sentido, la actividad permitió acercar evidencia científica de alto nivel al trabajo cotidiano del Servicio, reforzando el vínculo entre ciencia, gestión pública y protección de la biodiversidad marina.
Durante su presentación, la experta indicó que las herramientas genéticas están permitiendo responder preguntas que hace algunos años eran mucho más difíciles de abordar en cetáceos, desde la identificación de especies hasta el estudio de poblaciones, amenazas y procesos ecológicos: “Cuando ese conocimiento se integra con otras disciplinas y con el trabajo de distintas instituciones, se vuelve mucho más útil para la conservación”.
Un evento impulsado por la Unidad de Educación y Formación Continua del Departamento de Comunicaciones, Ciudadanía y Educación del SBAP. Foto: I. Milenio BASE / N. Politis
Al finalizar, la jefa de la División de Biodiversidad del SBAP, Contanza Troppa, valoró la instancia. “Para el SBAP, generar este tipo de espacios es muy valioso, porque acerca conocimiento científico de frontera al quehacer institucional. La conservación de la biodiversidad marina exige fortalecer capacidades, dialogar con la evidencia y avanzar con una base técnica sólida para una mejor toma de decisiones”, apuntó.
Organizado por la Unidad de Educación y Formación Continua del Departamento de Comunicaciones, Ciudadanía y Educación, el ciclo Encuentros SBAP busca consolidarse como un espacio permanente de aprendizaje, actualización y vinculación, orientado a fortalecer las capacidades institucionales en materias misionales.
El Dr. Jaime Ojeda es investigador del Laboratorio LEMAS de la UMAG, del CHIC y del Instituto Milenio BASE.
Cada año la Sociedad Ecológica Británica (British Ecological Society), la más antigua del mundo, otorga el Premio Rachel Carson al mejor artículo de la Revista People and Nature, escrito por un investigador o investigadora joven.
Con más de 90 postulaciones, se eligieron a los ocho mejores artículos de esta revista de ciencias socio ecológicas, siendo dos veces nominado el Dr. Jaime Ojeda Villarroel, del Centro Internacional Cabo de Hornos (CHIC), del Laboratorio de Ecosistemas Marinos Antárticos y Subantárticos (LEMAS) de la Universidad de Magallanes (UMAG) y del Instituto Milenio BASE.
“Es un honor al trabajo y a los colaboradores que han participado, ya que se trata de un reconocimiento no solo a mí, sino que también a las personas que realizan este oficio que se está extinguiendo”, indicó Ojeda.
Por su trabajo con pescadores en la región de Magallanes y con la Nación Haida de Canadá, el Dr. Jaime Ojeda fue nominado dos veces al Premio Rachel Carson.
Conocer de este vínculo, tanto por las personas mayores y los jóvenes de este pueblo originario, resultó de gran relevancia para Ojeda, quién desarrolló este artículo mientras realizaba su Doctorado en la Universidad de Victoria, en el país norteamericano.
“Los dos artículos se conectan de alguna forma entre los vínculos interhemisféricos. Estos artículos están enmarcados a las contribuciones recíprocas de las personas a la naturaleza, que fue un concepto desarrollado con los autores, para entender cuáles son los esfuerzos que las personas han hecho o como han contribuido, desde su perspectiva, al entorno natural o los oficios que practican. Muchas veces se habla desde los impactos, que está bien indagarlo, pero las personas piensan y pueden tener acciones de contribución a su entorno natural”, reflexionó.
Rachel Carson fue una bióloga estadounidense, destacada escritora del libro “La Primavera Silenciosa”, publicado en 1962, representando un texto pionero en la ética ambiental y que propició la prohibición de pesticidas como el DDT en Estados Unidos por sus daños al medio ambiente y la salud humana.
“Es un honor obtener esta nominación a un premio de revistas muy reputadas de las ciencias socio ecológicas, y con un premio que tenga su nombre”, comentó Ojeda.
Fotografías: Alex García, Lynn Lee y Katrine Payne
Nota de prensa: Pedro Andrade, CHIC
El muestreo buscó dar con plantas del género Deschampsia (izquierda) y Baccharis (derecha).
La expedición subantártica tuvo como objetivo dar con dos géneros de plantas que juegan un rol ecológico importante y que son fundamentales para el estudio del cambio climático en ambientes australes: Deschampsia y Baccharis.
Liderada por el Dr. Pablo Guerrero, académico de la Universidad de Concepción (UdeC) e investigador del Instituto Milenio BASE y del Instituto de Ecología y Biodiversidad (IEB), y por el Dr. Gastón Carvallo de la Pontificia Universidad Católica de Valparaíso (PUCV) y del IEB, laexploración subantárticaabarcó los alrededores de la comuna de Torres de Paine, isla Grande de Tierra del Fuego y cerro Mirador en la ciudad de Punta Arenas.
“Se suele creer que lugares de climas extremos, como la región de Magallanes, tienen poca diversidad de plantas, pero no es así, la flora de la zona es muy heterogénea y se encuentra distribuida en diversos ambientes”, señaló el Dr. Pablo Guerrero. Durante siete días, los académicos buscaron especies del pasto Deschampsia y del arbusto Baccharis, dos plantas cuyo rol es clave para entender el impacto que el cambio global tiene sobre los ecosistemas subantárticos.
Torres del Paine, isla Tierra del Fuego y cerro Mirador en Punta Arenas, fueron los principales puntos de muestreo.
El recorrido partió desde la comuna de Torres del Paine en la provincia de Última Esperanza, continuó por la Reserva Karukinka y alrededores en isla Grande Tierra del Fuego y finalizó en el cerro Mirador de Punta Arenas. Con más de 200 puntos de muestreo, las especies Deschampsia antarctica y Baccharis magellanica fueron la más importantes dentro de sus respectivos géneros, dentro de la región monitoreada.
“Parece un pasto común de la región de Magallanes, pero si miras con detalle notarás que sus hojas son más finas y alborotadas”, explicó el Dr. Pablo Guerrero, al referirse a la apariencia del llamado pasto antártico, D. antarctica. Este puede ser encontrado desde la región de Magallanes hasta la península del continente helado; creciendo en zonas de deshielo y suelos rocosos, está adaptada para sobrevivir en condiciones de frío extremo, tolerando temperaturas incluso debajo de los -20° C.
“El ambiente subantártico se caracteriza por poseer una gran extensión en términos de superficie con bastante heterogeneidad de ambientes, dentro de los cuales destaca el de alta montaña que se asemeja bastante a las condiciones de la Antártica marítima. Es en este ambiente de alta montaña donde encontramos D. antarctica”, señala el director del Laboratorio de Biogeografía, Macro-evolución y Sistemática (BIOMAS), Dr. Pablo Guerrero.
D. antarctica, conocida como pasto antártico, puede encontrarse desde la región de Magallanes hasta la península del continente helado.
Tras la recolección de ejemplares de D. antarctica, el equipo estudiará cómo estas plantas reaccionan a nivel molecular frente a los cambios del ambiente, mediante la caracterización de su ARN, una molécula que permite inferir qué está ocurriendo dentro de la planta y qué genes están activos en ese momento. De manera complementaria, en terreno se realizó la caracterización fenológica de las distintas poblaciones muestreadas, con el fin de determinar la etapa de desarrollo en la que se encontraban al momento del muestreo y así interpretar adecuadamente los resultados.
Este trabajo se fortalece con el trabajo que desarrollan estudiantes de pregrado, magíster y doctorado del laboratorio BIOMAS de la UdeC.
En el caso de la especie B. magellanica, su distribución en Chile continental es mucho más amplia que D. antarctica, abarcando desde la región del Maule hasta la región de Magallanes. Este arbusto, usualmente es encontrado en sectores expuestos al viento, puede medir desde los 30 centímetros hasta 1 metro de alto.
La recolección de muestras de B. magellanica complementa el trabajo que desarrolla el estudiante de doctorado, Arón Cádiz Véliz, junto al Dr. Pablo Guerrero, en el Laboratorio BIOMAS de la Facultad de Ciencias Naturales y Oceanográficas de la UdeC. Este estudio busca analizar el efecto de los hábitats fríos y áridos sobre la expansión biogeográfica, la diversificación y la evolución de los rasgos funcionales en el género Baccharis (Asteraceae).
En coordinación con las campañas desarrolladas en la región de Magallanes, las estudiantes de la UdeC y del Instituto Milenio BASE, Javiera Madariaga (Biología) y Catalina Escobar (Magíster) realizaron muestreos sincrónicos en diversas islas de la Península Antártica. Este enfoque comparativo, implementado bajo un marco espacial y temporal equivalente, permite evaluar diferencias en los genotipos y en las respuestas biológicas de D. antarctica entre poblaciones subantárticas y antárticas.
El Dr. Pablo Guerreo (derecha) y el Dr. Gastón Carvallo (izquierda) han trabajo de forma colaborativa durante más de diez años.
Deschampsia antarctica, un trabajo interdisciplinario
La colaboración entre el Dr. Pablo Guerrero y el Dr. Gastón Carvallo es de larga data, más de diez años trabajando en conjunto en estudios sobre ecología y evolución de plantas a lo largo de Chile. “Nuestros primeros trabajos fueron en el Atacama y ahora en la zona subantártica, centrándonos en entender procesos evolutivos y reproductivos”, indica el experto en reproducción vegetal, Dr. Gastón Carvallo.
“Uno de los factores más importantes para entender la evolución y la distribución de las plantas tiene que ver con su sistema de reproducción. Nuestro objetivo es conocer cómo se reproduce Deschampsia antarctica en el continente, ya que podría presentar una estrategia de reproducción muy distinta a la que presenta en la Antártica donde las condiciones son más severas”, agrega el Dr. Carvallo.
En la expedición se desarrollaron más de 200 puntos de muestreo.
El trabajo con D. antarctica se enmarca en el modelo de investigación que el Dr. Pablo Guerrero dirige en el Instituto Milenio BASE, en la línea “Desplazamiento en la distribución y riesgo de extinción en la biota antártica y subantártica”. Según señala el académico UdeC, en colaboración con la Dra. Julieta Orlando, microbióloga de la Facultad de Ciencias de la Universidad de Chile e investigadora del Instituto Milenio BASE, este trabajo también considerará análisis del microbioma de D. antarctica.
Con la reciente expedición, el equipo busca aportar nueva evidencia sobre cómo las plantas australes están respondiendo al cambio global, fortaleciendo el conocimiento científico generado desde la ecorregión subantártica de Magallanes. Los resultados permitirán comprender mejor los procesos ecológicos, reproductivos y evolutivos que ocurren en el extremo sur, un territorio clave para predecir el futuro de la biodiversidad.
Por: Constanza Barrientos Soto
Fotos: Constanza Barrientos y Pablo Guerreo
La obra fue desarrollada gracias a un trabajo colaborativo interdisciplinario. Foto: Gonzalo Arriagada
A diez años de su primera publicación, el libro integra investigación ecológica, conservación biocultural y vínculos entre la diversidad subantártica y antártica en uno de los ecosistemas más australes del planeta.
El Instituto Milenio BASE (Biodiversidad de Ecosistemas Antárticos y Subantárticos), Laboratorio Wankara de la Universidad de Magallanes (UMAG) y el Centro Internacional Cabo de Hornos (CHIC), anuncian la publicación de la segunda edición del libro “Río Róbalo: Comunidad de Vida”, una obra que profundiza en el valor ecológico y cultural de uno de los ecosistemas dulceacuícolas más emblemáticos del extremo austral de Chile.
A diez años de su primera edición (2016), esta versión revisada y ampliada continúa promoviendo el conocimiento, la protección y la valoración del río Róbalo, ubicado en la isla Navarino- un curso de agua que fluye hacia el canal Beagle y forma parte de la Reserva de la Biósfera Cabo de Hornos- y que constituye un componente esencial del patrimonio natural y cultural de Puerto Williams.
La publicación, financiada con recursos del Gobierno Regional de Magallanes y aprobada por el Consejo Regional, reúne investigaciones ecológicas, perspectivas de conservación biocultural y reflexiones sobre la importancia del agua como elemento vital para las comunidades humanas y no humanas que habitan este territorio subantártico, fortaleciendo así el vínculo entre la ciencia, la educación y las comunidades locales.
El libro integra investigación ecológica, conservación biocultural y vínculos entre la diversidad subantártica y antártica. Foto: Gonzalo Arriagada
“Es muy importante destacar el contexto subantártico del libro. Se enfoca en el río Róbalo, que provee de agua potable a Puerto Williams, dentro de la Reserva de la Biósfera Cabo de Hornos, en la isla Navarino, en plena ecorregión subantártica de Magallanes. Además, incluye capítulos que vinculan la diversidad subantártica con la antártica, como ocurre con el insecto Parochlus steinenii, mostrando las conexiones ecológicas entre ambos territorios”, señala Tamara Contador Mejías, una de las impulsoras del proyecto, académica UMAG e investigadora del Instituto Milenio BASE y Centro CHIC.
La obra fue desarrollada gracias a un trabajo colaborativo interdisciplinario. La idea original pertenece a Tamara Contador Mejías y Gonzalo Arriagada Kritzler. Los textos fueron elaborados por Tamara Contador Mejías, Manuela Méndez Herrera, Janet Medina Mansilla, Jaime Ojeda Villarreal, Omar Barroso Putare, Melisa Gañán, Javier Rendoll, Ramiro Crego, Elke Schüttler, Julia González Calderón, Maurice van de Maele y Gonzalo Arriagada Kritzler. Las fotografías son de Gonzalo Arriagada Kritzler, mientras que el poema ¿Quién ha estado aquí? fue cortesía de Carolina y Sebastián Teillier. El diseño y la diagramación estuvieron a cargo de Silvia Lazarino Binelli.
Descarga la segunda edición de “Río Róbalo: Comunidad de Vida” en este enlace. Si deseas recibir una copia impresa, te invitamos a completar este formulario de inscripción.
Foto portada: Gonzalo Arriagada
El kril antártico es fundamental en la cadena trófica del ecosistema del sexto continente. Foto: INACH
A través del análisis de dos décadas de datos en la península Antártica, el equipo científico sugiere medidas para actualizar estrategias utilizadas actualmente, generando un nuevo modelo que permita ajustar las capturas en tiempo real según la variabilidad ambiental de cada zona.
El kril antártico —denominado científicamente Euphasia superba— es una especie de crustáceo malacostráceo perteneciente al orden Euphausiacea, habitante de las heladas aguas de la Antártica en el océano Austral. Este pequeño organismo constituye un eslabón fundamental en la cadena trófica del ecosistema antártico, siendo la principal fuente de alimento para peces, pingüinos, ballenas, focas y diversas aves marinas como los albatros.
Con una esperanza de vida de hasta seis años, el kril puede alcanzar los 6 centímetros de longitud y un peso de 2 gramos. Destaca por formar cardúmenes de alta densidad —llegando a los 30.000 ejemplares por metro cúbico— y por su rol ecológico al transferir la energía solar fijada por el fitoplancton hacia niveles superiores de la red trófica del Continente blanco.
En este contexto de relevancia ecológica, Mauricio Mardones, estudiante de doctorado en Ciencias Antárticas y subantárticas de la Universidad de Magallanes, publicó el estudio titulado “Estimaciones dispares de la productividad intrínseca del kril antártico a lo largo de pequeñas escalas espaciales bajo un océano que cambia rápidamente”.
Este trabajo contó con la guía de su tutor, el biólogo marino e investigador del Instituto Antártico Chileno (INACH) y del Instituto Milenio BASE, el Dr. César Cárdenas, junto a la colaboración del Dr. George Watters y la Dra. Erica Jarvis Mason, de la División de Investigación del Ecosistema Antártico, Centro de Ciencias Pesqueras del Suroeste, NOAA, La Jolla, California, Estados Unidos, y el Dr. (c) Francisco Santa Cruz, biólogo marino e investigador del INACH y del Instituto Milenio BASE.
Mauricio Mardones, investigador doctoral de la Universidad de Magallanes y del Instituto Milenio BASE. Foto: I. Milenio BASE / C. Barrientos
El impacto ambiental en las zonas de manejo
El estudio analiza dos décadas de datos sobre la composición de tallas del kril antártico, obtenidos mediante el monitoreo de la actividad pesquera. A partir de esta información, se estimó la productividad intrínseca de la especie utilizando el indicador de potencial reproductivo. La investigación se centró en la Subárea 48.1 (península Antártica), bajo los estándares de la Comisión para la Conservación de Recursos Vivos Marinos Antárticos (CCRVMA o CCAMLR por su sigla en inglés), y evaluó cinco zonas (unidades de manejo): el estrecho de Bransfield, la isla Elefante, el estrecho de Gerlache, la isla Joinville y las islas Shetland del Sur sudoccidental.
El equipo de investigación buscó determinar si la dinámica poblacional del kril es uniforme en toda la península o si presenta variaciones espaciales significativas. El estudio se centró en cuantificar cómo varía, tanto en el tiempo como en el espacio, la capacidad reproductiva activa del recurso, evaluando si existen diferencias relevantes entre zonas de pesca a pequeña escala o ‘unidades de manejo’ como son llamadas.
Al respecto, Mauricio Mardones, también investigador doctoral del Instituto Milenio BASE, señala que, “encontramos una marcada heterogeneidad espacial. Algunas áreas presentan niveles de productividad consistentemente bajos, incluso por debajo de niveles recomendables, mientras que otras muestran mayor resiliencia. Esto se debe, principalmente, a que en algunas áreas, se identifica una mayor proporción de individuos juveniles de kril, que son permanentes y residentes en algunas de estas zonas”.
La investigación de Mardones demostró que variables ambientales, como la temperatura del agua y la concentración de clorofila, influyen directamente en las tasas de crecimiento y, por ende, en el potencial reproductivo del kril.
El equipo de investigación estuvo constituido por científicos y científicas nacionales e internacionales, entre ellos, Francisco Santa Cruz. Foto: M. Mardones
Umbrales de riesgo y realidad
Esta variante se mide a través del indicador SPR (Spawning Potential Ratio o Relación de Potencial de Desove), que funciona como un termómetro biológico: mide la capacidad de una población —en este caso el kril— para producir huevos bajo condiciones de presión —ya sea la actividad pesquera o el estrés ambiental— en comparación con su capacidad en un estado natural virgen, es decir, sin explotación.
En esta escala, un 100 % representa una población intacta y sin explotación, mientras que un 0 % indicaría una población que ha perdido su capacidad de reproducción, por ejemplo, debido a la captura excesiva de hembras o individuos en edad reproductiva. Para evaluar la salud reproductiva de la población, el estudio utiliza el método de Índice de Potencial del Desove Basado en la Longitud (LBSPR), que analiza la distribución de tamaños de los ejemplares capturados.
Dado que el kril es una especie de crecimiento rápido y de alta productividad, requiere de una estrategia de manejo con rangos de seguridad más estrictos que otros recursos marinos para no colapsar. Bajo este modelo, la investigación definió los siguientes escenarios: un 75 % (SPR 75 %) como nivel ideal para garantizar la sostenibilidad de pesca y suficiente alimento para los depredadores dependientes. Asimismo, si el valor cae por debajo del 20 % (SPR 20 %), la población se considera en riesgo crítico y la captura permitida debiese ser cero, con el objetivo de proteger la recuperación poblacional.
Aunque la productividad se muestra estable, el análisis de toda la zona estudiada revela que los valores de SPR se mantienen bajos, generalmente en torno al 25 %. Esto sitúa a la población de la península Antártica cerca del límite de riesgo, sin que se observen señales de mejora significativa para toda la subárea en conjunto.
El trabajo contó con la guía de su tutor, el biólogo marino e investigador INACH y del Instituto Milenio BASE, Dr. César Cárdenas. Foto: H. Díaz
Estrategias dinámicas frente al cambio climático
La investigación cobra especial relevancia en el contexto actual de crisis climática. El Dr. César Cárdenas mencionó que este estudio se vincula directamente con la Antártica al analizar un recurso pesquero cuya dinámica poblacional ya está siendo afectada y “será aún más significativa en las próximas décadas”. Según el experto, “es vital entender cómo los factores ambientales afectan a la productividad del kril para poder entender y predecir su futuro”.
El trabajo de Mardones propone un cambio de paradigma en la gestión pesquera: transitar desde la estrategia actual estática de la CCAMLR, hacia un manejo dinámico y precautorio. Este enfoque permite ajustar las cuotas de capturas en tiempo real según los cambios ambientales observados, asegurando que la actividad humana pueda continuar sin comprometer la base de la cadena trófica ni la estabilidad del ecosistema antártico.
La utilidad de este enfoque radica en su capacidad para aplicarse a unidades espaciales de pequeña escala. Según advierte el Dr. Cárdenas, “en los últimos años ya han aumentado los niveles de captura y, por tanto, se espera que el próximo año vaya a aumentar más el interés por este recurso”.
El equipo propone transitar desde la estrategia actual estática de la CCAMLR, hacia un manejo dinámico y precautorio. Foto: M. Mardones
Conservación marina
En el ámbito de la conservación de los océanos, el INACH desempeña un rol importante mediante el Programa de Áreas Marinas Protegidas (AMP), una iniciativa clave para la gestión sustentable de la biodiversidad, hábitats, especies y procesos ecológicos marinos. Según la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza (UICN), estas áreas son espacios geográficos definidos y gestionados por medios legales para asegurar la conservación de la naturaleza, sus servicios ecosistémicos y sus valores culturales.
Bajo este marco, desde el 2012, Chile —por medio del INACH— ha trabajado en conjunto con Argentina en una propuesta para establecer una AMP en la zona de la península Antártica e islas Orcadas del Sur. Este trabajo incluye colaboración científica con instituciones nacionales e internacionales, además del apoyo en negociaciones diplomáticas dentro de foros como la CCAMLR.
Una AMP no necesariamente apunta a prohibir la pesca, más bien, depende de los objetivos de conservación definidos para un área determinada. En muchos casos, estas medidas pueden incluso proteger zonas reproductivas de kril, con beneficios directos para la sostenibilidad de las pesquerías, explicó Francisco Santa Cruz. La propuesta de AMP de Chile-Argentina destaca el liderazgo científico y la colaboración científica en el proceso de planificación espacial, buscando asegurar el uso racional de recursos en el Océano Austral. El objetivo es fortalecer los ecosistemas más frágiles ante las presiones combinadas del cambio climático y la actividad humana.
Con una esperanza de vida de hasta seis años, el kril puede alcanzar los 6 centímetros de longitud y un peso de 2 gramos. Foto: I. Milenio BASE / N. Politis
Un futuro sostenible
El éxito de esta investigación es también un reflejo de la importancia del apoyo institucional. Mauricio Mardones fue beneficiario del sistema de becas científicas de la CCAMLR, un programa que busca fortalecer la formación de nuevos investigadores e investigadoras jóvenes, lo que le permitió viajar y participar activamente en distintas reuniones técnicas durante 2 años.
Estas instancias son fundamentales para la creación de capital humano avanzado, permitiendo que nuevas experticias se integren a las discusiones globales y realicen aportes significativos que aseguren la protección y el manejo responsable del continente blanco.
La relevancia de este estudio es vital: el kril no es solo un recurso pesquero, es la base trófica del ecosistema antártico. Al estar directamente influenciado por las condiciones climáticas, cualquier fluctuación en su población resuena en toda la cadena. Comprender cómo varía su productividad, ya sea en el tiempo y el espacio, permite anticipar riesgos críticos. Pero lo más importante es que entrega las herramientas necesarias para modernizar las estrategias de la CCAMLR —organización que vela por el manejo y uso sustentable del kril antártico—, asegurando que las pesquerías no sobrepasen los límites que la naturaleza impone en este frágil ecosistema.
A una década del mayor evento de mortalidad registrado de la especie Balaenoptera borealis, equipos científicos mantienen expediciones colaborativas en el área para analizar muestras biológicas y profundizar en la estructura poblacional y ecológica de la ballena sei.
Restos óseos de ballena varada en golfo de Penas. Foto: Francisca Rodríguez, investigadora doctoral de la U. Chile, Instituto Milenio BASE y co-investigadora en estudios realizados en la zona.
El golfo de Penas, en la región de Aysén, se ha convertido en un territorio estratégico para la investigación de cetáceos en el sur de Chile. El hallazgo, en 2015, de más de 300 ballenas sei (Balaenoptera borealis) varadas en sus alrededores- el mayor evento de mortalidad de ballenas registrado a nivel mundial– ha permitido acceder a muestras biológicas que, en condiciones normales, son extremadamente difíciles de obtener, abriendo nuevas oportunidades para la investigación científica.
La Dra. María José Pérez Álvarez es académica de la Facultad de Ciencias U. Chile e investigadora del Instituto Milenio BASE y del Centro de Investigación Eutropia.
“Cuando ocurrió el varamiento masivo trabajamos con muestras de los tejidos de los cadáveres para identificar la especie, en el Laboratorio de Ecología Molecular liderado por el Dr. Elie Poulin en la Universidad de Chile”, señala la Dra. María José Pérez Álvarez, directora del Laboratorio de Ecología y Conservación de Mamíferos Marinos (LECOMM) de la Facultad de Ciencias de la U. Chile. “Posteriormente nos dedicamos a estudios filogeográficos, comparando cómo estas poblaciones se relacionan con otras poblaciones de ballenas sei en el mundo”, agrega la también investigadora del Instituto Milenio BASE y el Centro de Investigación Eutropia.
“Hoy, junto a Patagonia Projects, CEAZA y otras instituciones, llevamos años colaborando en nuestras investigaciones”, dice la Dra. María José Pérez Álvarez. “El objetivo de nuestro laboratorio y del Instituto Milenio BASE es monitorear nuevas mortalidades y, en caso de ocurrir, tomar muestras de piel y hueso para análisis genéticos. Esto permite identificar especies y evaluar la estructura social y el parentesco entre individuos”.
Durante un mes y medio, Fernando Moya, investigador doctoral U. Chile e Instituto Milenio BASE, se embarcó junto a Patagonia Projects en el golfo de Penas. Foto: Fernando Moya
Una de las más recientes expediciones al golfo de Penas se realizó a finales de 2025 y contó con la participación del investigador doctoral de la Facultad de Ciencias U. Chile y del Instituto Milenio BASE, Fernando Moya. Durante un mes y medio, se embarcó junto a Patagonia Projects con el fin de obtener piel y grasa de las ballenas varadas para análisis genético e identificación, muestrear soplos de ballenas mediante drones para posteriores análisis de microbioma, y realizar monitoreo con equipos ROV. Estos son robots submarinos que permiten visualizar el fondo marino y ayudan a rescatar hidrófonos, aparatos importantes que registran las vocalizaciones de estos cetáceos.
“Navegar por el golfo de Penas es, sin duda, todo un desafío: vientos persistentes, un clima extremo y un mar que pone a prueba cada investigación. Un lugar de fuertes corrientes y olas de más de tres metros, pero también de un inmenso valor para comprender y proteger la biodiversidad”, expresa Fernando Moya tras su participación en la expedición.
Colaboración e interdisciplina
El golfo de Penas se ha consolidado como un ejemplo de investigación colaborativa y de largo plazo. Según el Dr. Carlos Olavarría, director ejecutivo de CEAZA, “este programa comenzó tras el varamiento y mortandad más grande registrado de ballenas en el mundo, cuando más de 300 individuos de ballena sei fueron encontrados en las costas del golfo. Este evento gatilló diversas investigaciones que dieron inicio a Patagonia Projects, un programa que busca comprender mejor la relación entre las ballenas y el ecosistema del sector mediante distintas metodologías y técnicas”.
Desde Patagonia Projects ofrecen sus plataformas de forma gratuita para la ciencia que se desarrolla en la zona. Foto: Fernando Moya
El monitoreo en el golfo se realiza de manera periódica, con visitas aproximadamente dos veces al año, combinando observaciones visuales, seguimiento de vocalizaciones mediante hidrófonos y análisis de muestras biológicas de animales fallecidos. “Nuestro objetivo es entender la dinámica de las poblaciones de cetáceos, registrar la presencia de distintas especies y relacionar esta información con el ecosistema del golfo de Penas”, agrega Olavarría.
En este contexto, la Dra. Vreni Häussermann, académica de la Pontificia Universidad Católica de Valparaíso (PUCV), destaca que el golfo es un lugar excepcional para el estudio de grandes cetáceos, “no solo por la presencia de varias especies, sino porque cada año se congregan allí en gran número. Gracias a la colaboración con Patagonia Project y otras instituciones, hemos recolectado datos de largo plazo que siguen creciendo, fomentando la participación de nuevos científicos y asegurando que la información sea compartida y utilizada con fines de conservación”.
Un enfoque interdisciplinario que permite investigar las ballenas desde diferentes perspectivas- estudios genéticos, biológicos y ecológicos-, promoviendo la cooperación entre instituciones y la formación de nuevos científicos y científicas. El golfo de Penas se consolida como un laboratorio natural de referencia para la investigación de estos grandes cetáceos.
Por: Antonieta Mackenzie y Constanza Barrientos
Foto portada: Mette Hesselholt Henne Hansen. Puedes acceder a la fotografía en INaturalist aquí.
El workshop contó con autoridades nacionales y regionales, además de representantes de centros de excelencia. Foto: de izquierda a derecha Ginno Casassa, Verónica Vallejos, Léa Cabrol, Jorge Flies y Alejandro Maass. Por I. Milenio BASE / C. Barrientos
El evento contó con la presencia de autoridades internacionales, nacionales y regionales, así como con presentaciones de organizaciones y centros de excelencia dedicados al desarrollo de la ciencia antártica, entre ellos el Instituto Milenio Biodiversidad de Ecosistemas Antárticos y Subantárticos (BASE).
Entre el 8 y el 10 de enero de 2026, la ciudad de Punta Arenas fue sede del encuentro internacional “Fostering Antarctic and Southern Ocean Research and Policy Actions” (“Promoviendo la investigación y la acción en políticas públicas para la Antártica y el océano Austral”), una instancia de alto nivel que reúne a actores clave del mundo científico, institucional y diplomático para avanzar en nuevas alianzas de investigación y acciones de política pública en torno a la Antártica y el océano Austral.
El encuentro se desarrolló en las instalaciones del Instituto Antártico Chileno (INACH) y cuenta con la presencia de la Seremi de Ciencia, Tecnología, Conocimiento e Innovación, el Gobernador Regional de Magallanes y de la Antártica Chilena, el director nacional del INACH, así como directoras y directores de centros de excelencia de investigación a nivel nacional. Asimismo, destaca la participación de la Embajada del Reino Unido en Chile, junto a la presencia de la Embajadora del Reino Unido en Chile, reforzando el carácter internacional del encuentro y el compromiso conjunto por fortalecer la cooperación científica en territorios australes.
La Dra. Léa Cabrol es investigadora adjunta del Instituto Milenio BASE y también investigadora del Instituto Mediterráneo de Oceanografía de Francia. Foto: I. Milenio BASE / C. Barrientos
Entre los centros de excelencia que formaron parte del encuentro estuvo el Instituto Milenio Biodiversidad de Ecosistemas Antárticos y Subantárticos, también conocido como Instituto Milenio BASE. La presentación estuvo a cargo de la Dra. Léa Carbol, investigadora del Instituto Mediterráneo de Oceanografía (MIO) de Francia, quien se refirió al trabajo que realizan los equipos en el estudio de los efectos del cambio climático en la biodiversidad polar.
Al evento también se sumó el investigador doctoral de la Universidad de Magallanes, INACH e Instituto Milenio BASE, Francisco Santa Cruz. Foto: I. Milenio BASE / C. Barrientos
Nuevas oportunidades de colaboración científica y monitoreo antártico
La jornada inaugural, realizada el jueves 8 de enero, estuvo dedicada a la ciencia y se centró en el tema “New Opportunities for Antarctic Collaboration / Upcoming InSync Program”. La sesión convocó a investigadoras e investigadores, centros de excelencia y representantes de iniciativas internacionales vinculadas al estudio del océano Austral.
Entre los principales objetivos del encuentro se encuentran:
● Sentar las bases para alianzas estratégicas con grupos de investigación chilenos, especialmente en el uso de datos generados por Tara Ocean, incluidos aquellos obtenidos durante el crucero al Mar de Weddell.
● Explorar oportunidades de colaboración científica de cara a la próxima expedición antártica de Tara, programada para el período 2028–2030.
● Presentar y discutir las colaboraciones planificadas del programa InSync, orientadas a la integración de ciencia, monitoreo y conservación.
● Compartir avances de la herramienta Key Ocean Planktonic Areas (KOPAs), diseñada para apoyar la conservación y el monitoreo de la biodiversidad oceánica.
● Analizar los desafíos y necesidades para el desarrollo de nuevas herramientas de monitoreo oceánico en el océano Austral, en el contexto de iniciativas como áreas marinas protegidas en la Península Antártica y zonas subantárticas.
La sesión combinó presentaciones científicas y un panel de discusión, fomentando el intercambio directo y la construcción de colaboraciones concretas.
Con visita al buque británico RRS Sir David Attenborough finalizó el workshop desarrollado en la ciudad antártica de Punta Arenas. Foto: Isabel Giménez
Ciencia, cooperación internacional y proyección estratégica
El encuentro “Fostering Antarctic and Southern Ocean Research and Policy Actions” articula ciencia de vanguardia, cooperación internacional y toma de decisiones, en un escenario marcado por el cambio climático y la urgencia de contar con información robusta para la conservación de ecosistemas polares y subpolares.
Durante los días siguientes, el programa continúa abordando la relación entre ciencia y políticas públicas, e incluye actividades orientadas a conocer capacidades internacionales de investigación antártica, reforzando el rol de Punta Arenas y de Chile como un nodo estratégico global para la investigación, el monitoreo y la protección del océano Austral y la Antártica.
Fuente: Instituto Milenio CRG
Editado por: Instituto Milenio BASE
Foto portada: I. Milenio BASE / Constanza Barrientos
Fachada del Museo Nacional de Ciencias Naturales (MNCN) de Madrid, España. Foto: L. Morales
Financiada por la IAATO y con el objetivo de vincular genética y cambio climático para predecir el futuro de especies polares, la candidata a doctora de la UNAB y del Instituto Milenio BASE, Lucila Morales, realizó una pasantía en el MNCN de Madrid en España.
La investigadora doctoral de la Universidad Andrés Bello (UNAB) y del Instituto Milenio BASE, Lucila Morales, durante tres meses, permaneció en el Museo Nacional de Ciencias Naturales de Madrid (MNCN) en España. Financiada por la Beca Antártica de la Asociación Internacional de Operadores Turísticos de la Antártida (IAATO por sus siglas en inglés), se integró al Departamento de Biogeografía y Cambio Climático para colaborar con expertos en el estudio y protección de la fauna antártica.
El trabajo de Lucila vincula la genómica con modelos de distribución de especies, analizando cómo el clima del pasado ha influido en la adaptación de las skuas, ave marina robusta de la familia Stercorariidae. Su investigación busca relacionar la diversidad genética con nichos ecológicos específicos con el objetivo de proyectar futuros escenarios de cambio climático y el impacto que estos tendrían en las especies.
Junto a estudiantes del Dr. Luis R. Pertierra, Lucila Morales, se unió a actividades de divulgación científica. Foto: L. Morales
En Chile, su proyecto doctoral es tutelado por la Dra. Juliana Vianna, académica UNAB e investigadora del Instituto Milenio BASE y del Instituto Milenio CRG. En España, el trabajo desarrollado durante la pasantía fue guiado por el Dr. Luis R. Pertierra, académico de la Universidad de Pretoria en Sudáfrica e investigador del MNCN.
“En lo profesional fue muy enriquecedor. La genómica, al ser algo nuevo, me dió la posibilidad de poder visibilizar en lo que me estoy especializando y hacer ver mis aptitudes como investigadora. Se crearon posibilidades de colaboraciones y de seguir trabajando”, señala la también estudiante doctoral del Instituto Milenio CRG.
Durante su estancia en Madrid, la investigadora del Laboratorio de Biodiversidad Molecular, participó en actividades de divulgación organizadas por el MNCN: “La Noche de los Investigadores”, una instancia dirigida a las familias de la ciudad, y “Charlas de Círculos Polares”, un seminario para presentar investigaciones y generar redes con la comunidad científica internacional.
Durante tres meses, la investigadora doctoral permaneció en el MNCN de Madrid. Foto: L. Morales
Beca Antártica de la IAATO
La Beca Antártica es una oportunidad impulsada por la IAATO cuyo objetivo principal es apoyar a investigadoras e investigadores de carrera temprana. La iniciativa cuenta con el apoyo del Consejo de Administradores de Programas Antárticos Nacionales (COMNAP), el Comité Científico de Investigación Antártica (SCAR) y la Comisión para la Conservación de los Recursos Vivos Marinos Antárticos (CCRVMA).
“Gracias a la beca pude concluir con mi último objetivo de tesis doctoral de manera presencial junto al Dr. Luis R. Pertierra. También me permitió establecer redes, vincularme con gente del área, mostrarles mi trabajo y recibir sus comentarios”, indicó Lucila Morales.
Por su parte, la Dra. Juliana Vianna, destaca que “experiencias como estas refuerzan el valor de la cooperación científica internacional para avanzar en el conocimiento y la conservación de la biodiversidad antártica. Este tipo de instancias son fundamentales para la formación, ya que permiten desarrollar ciencia en espacios de excelencia como el MNCN, fortalecer capacidades y proyectar investigaciones con impacto global”.
El Dr. Hugo Benítez es académico UNAB, presidente de la SOCEVOL e investigador Instituto Milenio BASE y Centro CHIC. Foto: El Dr. Hubo Benítez tomando muestras en Antártica
Hugo Benítez, doctor en Biología Evolutiva de la Universidad de Manchester, Reino Unido, académico UNAB e investigador del Instituto Milenio BASE y Centro CHIC, fue seleccionado entre cientos de científicos a nivel mundial para asesorar a países del Tratado Antártico, en torno a uno de los mayores riesgos ambientales del continente blanco: las invasiones biológicas terrestres y sus consecuencias.
Las invasiones biológicas terrestres en la Antártica se producen cuando especies no nativas, transportadas principalmente por la actividad humana, llegan y logran establecerse en el continente. Aunque la Antártica parece un ambiente extremo, el aumento de las temperaturas facilita su supervivencia y expansión. Estas especies pueden alterar ecosistemas únicos y muy frágiles, desplazando organismos nativos y cambiando procesos naturales. Por eso, su prevención es clave para proteger uno de los últimos territorios prístinos del planeta.
Por ello, y con el objetivo de contribuir en espacios clave de decisión sobre el futuro de la Antártica, en materia de invasiones biológicas terrestres, el académico de la Universidad Andrés Bello (UNAB) e investigador del Instituto Milenio BASE (Biodiversidad de Ecosistemas Antárticos y Subantárticos) y CHIC (Centro Internacional Cabo de Hornos), Dr. Hugo Benítez, fue seleccionado como becario internacional del programa Ant-ICON / SC-ATS (Antarctic Integrated Conservation/ Standing Committee on the Antarctic Treaty System) Science Policy Fellowship 2026 como expositor científico para los encuentros internacionales.
Como fellow, el Dr. Benítez aportará evidencia científica en reuniones del Tratado Antártico, especialmente en temas de protección ambiental. Su rol busca que las políticas del continente se basen en conocimiento científico sólido. “Ha sido una noticia muy sorpresiva y satisfactoria ya que avala el esfuerzo de años de trabajo, y esto marca un importante nuevo paso donde busco junto con mi equipo e investigación ser un aporte real e importante en la protección de Antártica a nivel internacional”, señala el biólogo y también presidente de la Sociedad Chilena de Evolución (SOCEVOL).
El investigador chileno fue seleccionado para asesorar a países del Tratado Antártico en torno a invasiones biológicas. Foto: El Dr. Hugo Benítez en terreno antártico junto a su equipo del EME Lab
La beca forma parte de una iniciativa del Comité Científico para la Investigación en la Antártica, o SCAR por sus siglas en inglés (Scientific Committee on Antarctic Research) orientada a fortalecer el diálogo entre la investigación científica y las políticas públicas que rigen la Antártica. Los investigadores e investigadoras seleccionados trabajan directamente con delegaciones internacionales, ayudando a decodificar evidencia científica en recomendaciones concretas para la protección ambiental del continente.
“Es muy relevante la participación del Dr. Benítez en estas instancias, debido a que posiciona a Chile como un actor científico de primer nivel en una de las problemáticas actuales más críticas para la Antártica”, señala Andrés López, Subdirector Técnico de INACH.
En este rol, el Dr. Hugo Benítez representará al SCAR en Japón durante la “Reunión Consultiva del Tratado Antártico”, en mayo de 2026, además de participar en el “Comité de Protección Ambiental”. Estas instancias reúnen a los países que toman decisiones sobre conservación, regulación de actividades humanas y resguardo de los frágiles ecosistemas antárticos.
Invasiones biológicas: amenaza silenciosa para la Antártica
La línea de investigación del Dr. Benítez se centra en las invasiones biológicas terrestres, es decir, la llegada y establecimiento de especies no nativas transportadas principalmente por la actividad humana. En un ecosistema extremo y altamente sensible como la Antártica, estas especies pueden alterar de forma irreversible los equilibrios ecológicos, afectando su biodiversidad única.
A través de su trabajo en el Laboratorio de Ecología y Morfometría Evolutiva (EME Lab) del Instituto One Health, de la Facultad de Ciencias de la Vida de la Universidad Andrés Bello (UNAB) realiza investigaciones vinculadas a ecología evolutiva, morfometría geométrica, entomología, biología de invasiones, biología sistemática y evolución. A su vez, desarrolla proyectos en el marco de las Expediciones Científicas Antárticas (o ECAs) realizadas por el Instituto Antártico Chileno (INACH). La beca Ant-ICON / SC-ATS Science-Policy Fellowship SCAR reconoce a Benítez como asesor internacional en temas antárticos, para acercar la ciencia a las decisiones que afectan al continente.
La línea de investigación del Dr. Benítez se centra en las invasiones biológicas terrestres. Foto: El Dr. Hubo Benítez Benítez trabajando en la Antártica junto a la Dra. Tamara Contador
SCAR y Antártica
El Comité Científico para la Investigación en la Antártica, SCAR, es el principal organismo científico internacional dedicado a coordinar, promover y asesorar la investigación en la Antártica y el océano Austral. Desde 1958, reúne a equipos científicos y programas nacionales de distintos países para generar conocimiento sobre el funcionamiento del sistema antártico y sus ecosistemas, y entregar asesoría científica independiente a los países que integran el Tratado Antártico.
Chile participa en el SCAR desde su creación en 1958 como miembro activo y mantiene un rol estratégico en la coordinación científica internacional. En noviembre de 2025, el doctor en Biología Marina, César Cárdenas (INACH/Instituto Milenio BASE) fue reelegido para presidir el Comité Científico de la Comisión para la Conservación de los Recursos Vivos Marinos Antárticos (CCRVMA), mientras que en 2024, la Conferencia Científica Abierta SCAR 2024 (11th SCAR Open Science Conference) «Ciencia Antártica: Encrucijadas para una Nueva Esperanza», se realizó en Pucón, región de Araucanía, reuniendo a más de 1.300 personas vinculadas a la investigación polar, procedentes de más de 60 países. En tanto que, en 2022, el Paleobiólogo y doctor en Ciencias Biológicas, Marcelo Leppe (U. Mayor) fue elegido como vicepresidente del SCAR, en Goa, India.
El rol del SCAR es clave para que las decisiones sobre conservación ambiental, actividades humanas y gobernanza del continente se basen en evidencia científica sólida, especialmente frente a amenazas como el cambio climático y las invasiones biológicas. A su vez, busca que las decisiones políticas sobre el continente se basen en conocimiento científico sólido, independiente y actualizado, especialmente frente a desafíos globales como el cambio climático y la creciente presión humana.
Por: Nadia Politis
Fotos: Hugo Benítez
Expedición de buceo científico estuvo integrada por Elie Poulin, Alejandro Pérez Matus, Ignacio Garrido y Javier Nareto. Foto: PONANT Expeditions
Durante más de 15 días, una expedición científica sin precedentes reunió a investigadores del Instituto Milenio BASE, Universidad de Chile, Universidad Católica, Núcleo Milenio NUTME, Laboratorio Costero Calfuco UACh y Costa Humboldt, con el objetivo de realizar buceo científico en la Antártica y estudiar cómo peces e invertebrados marinos se adaptan a uno de los ecosistemas más frágiles del planeta.
Con temperaturas que descienden los -1° en el agua, y una sensación térmica de -10° en el ambiente, una nueva expedición internacional se internó al sur del Círculo Polar Antártico, el Instituto Milenio BASE llevó a cabo su expedición número 16 junto a la empresa francesa PONANT, EL viaje incluyó el impresionante canal “Gullet” –conocido por sus paisajes montañosos, bloques glaciares y variada biodiversidad– la isla Pourquoi Pas, bahía Margarita y la isla Charcot, con el objetivo de monitorear hábitats marinos claves del océano Austral. Una alianza institucional que consolidó un esfuerzo colaborativo de alto impacto científico, junto con actividades de divulgación y educación científica.
Con temperaturas que descienden los -1° en el agua, y una sensación térmica de -10° en el ambiente, el equipo se sumergió en las profundidades del océano Austral. Foto: Ignacio Garrido
El equipo de buzos integrado por Elie Poulin (Instituto Milenio BASE/Universidad de Chile), Alejandro Pérez Matus (Pontificia Universidad Católica de Chile y Núcleo Milenio NUTME), Javier Naretto (Costa Humboldt) e Ignacio Garrido (Laboratorio Costero Calfuco de la Facultad de Ciencias de la Universidad Austral de Chile), quienes combinaron su amplia experiencia en investigación antártica, ecología marina y buceo científico de alta complejidad. “Es muy satisfactorio lograr una alianza de esta envergadura, ya que además de la toma de muestras, nos ha permitido desarrollar grabaciones de video bajo las aguas antárticas y lograr registros fotográficos de alto impacto, que nos permitirán ampliar el objetivo de nuestro trabajo científico colaborativo”, señala Elie Poulin, también doctor en Ecología y Evolución.
Tras una cuidadosa identificación de puntos de interés, el equipo realizó inmersiones científicas para observar especies en su ambiente natural y recolectar muestras destinadas a estudios genéticos, fisiológicos y ecológicos: “Comprender cómo invertebrados y peces antárticos viven, se desplazan y responden a las condiciones ambientales extremas, en un contexto de acelerado cambio climático, es fundamental para anticipar el futuro de estos ecosistemas”, complementa Alejandro Pérez Matus, doctor en Biología Marina.
Los datos obtenidos durante la expedición permitirán comparar poblaciones con registros previos del mar de Weddell y de las islas Shetland del Sur, identificando niveles de conectividad biológica y posibles áreas que actúan como refugios naturales frente al calentamiento global.
“Estos resultados no sólo profundizan el conocimiento sobre cómo la vida resiste en uno de los ecosistemas más extremos del planeta, sino que aportan evidencia científica fundamental para diseñar estrategias de conservación efectivas frente al cambio climático que amenaza el océano Austral”, reflexiona el ecólogo marino y biólogo Ignacio Garrido.
Observar las especies en sus hábitats naturales y recolectar cuidadosamente muestras para estudios genéticos y ecológicos, fue el objetivo de la misión. Foto: Ignacio Garrido
“La colaboración entre instituciones, sumado a la experiencia en terreno, buceo científico, y una mirada integral de la conservación de los ecosistemas marinos, ha sido clave para el éxito de esta expedición”, finaliza Javier Naretto, biólogo marino y buzo especializado en ecología de comunidades bentónicas. Una expedición que culminará el próximo 21 de diciembre, que conmemora el llamado “solsticio de verano”, fenómeno que marca el día del año más corto en el hemisferio sur, acompañado de noches de baja oscuridad en la Antártica.
La colaboración entre el Instituto Milenio BASE, Universidad de Chile, Universidad Católica, Núcleo Milenio NUTME, Laboratorio Costero Calfuco UACh y Costa Humboldt refuerza el vínculo entre la investigación académica y la protección del patrimonio natural, destacando la importancia de generar ciencia colaborativa que no solo genere conocimiento, sino que también contribuya a la toma de decisiones informadas para la conservación del océano Austral.
Por: Nadia Politis
Fotografía de portada: Ignacio Garrido
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