Desde Bretaña hasta el extremo sur de Chile, la investigadora francesa Morgane Durand ha recorrido un camino marcado por el mar. Estudiante de doctorado en el Museo Nacional de Historia Natural de París, colabora con el Instituto Milenio BASE y el Laboratorio de Ecosistemas Antárticos y Subantárticos (LEMAS) de la Universidad de Magallanes (UMAG).

En esta crónica, Morgane comparte su experiencia como parte de la Expedición Científica Antártica N°61 del Instituto Antártico Chileno (INACH), donde participó en el estudio de la criptofauna bentónica, biodiversidad que habita el fondo marino. Su relato combina la rigurosidad del trabajo científico con la vivencia de explorar uno de los lugares más extremos del planeta.

Por: Morgane Durand

Morgane participó de la Expedición Científica Antártica (ECA) N° 61 del Instituto Antártico Chileno (INACH), con la Dra. Karin Gérard del Instituto Milenio BASE. Foto: Morgane Durand

Soy francesa e investigadora de doctorado en el Museo Nacional de Historia Natural (MNHN) de París. Vengo de Concarneau, una ciudad bretona volcada hacia el océano. Es un puerto vivo, rodeado de murallas y atravesado por la luz cambiante del Atlántico. Allí, el mar no es un paisaje de fondo sino una presencia cotidiana: moldea los gestos, los oficios, las imaginaciones. Es en ese escenario de mareas, pesca y algas es donde crecí.

Fue gracias a mi directora de tesis, la doctora Karin Gérard, que conocí Punta Arenas. Ella vive y trabaja desde allá, y es debido a ese hilo y vínculo científico que esta ciudad apareció en mi mapa mental: un puerto en el fin del mundo, pero también un cruce de investigadores, una puerta abierta hacia el sur helado.

Mi tesis busca entender la diversidad de pequeños animales que viven escondidos en las rocas y arrecifes del fondo marino antártico. A este grupo lo llamamos “criptofauna bentónica”. Para estudiarlo utilizamos unas estructuras llamadas “Estructuras autónomas de monitoreo de arrecifes” o ARMS por sus siglas en inglés (Autonomous Reef Monitoring Structures), que permiten observar de forma similar, en distintos lugares y tiempos. Qué especies llegan a habitar el fondo del océano.

Trabajo en colaboración con el Instituto Milenio BASE y el Laboratorio de Ecosistemas Antárticos y Subantárticos (LEMAS) de la Universidad de Magallanes (UMAG) en Punta Arenas, junto a mi supervisora la Dra. Karin Gérard, y con el Dr. Cyril Gallut de la Universidad de la Sorbona, en Francia. Con ellos participé de la Expedición Científica Antártica (ECA) N°61 organizada por el Instituto Antártico Chileno (INACH). En febrero de 2025 estuvimos en la base Profesor Julio Escudero, en isla Rey Jorge, ubicada en la península Antártica.

Morgane desarrolla su tesis de doctorado junto a la Dra. Karin Gerard y el Dr. Cyril Gallut. Foto: Morgane Durand

Durante un mes, realizamos inmersiones submarinas para recuperar los ARMS que llevaban sumergidos más de un año y desplegar otros nuevos para los años venideros. En el marco de otro proyecto, también dirigido por la Dra. Karin Gérard, nos embarcamos en la nave RS Karpuj de INACH para realizar una campaña oceanográfica en bahía Fildes. Tomamos muestras de megafauna bentónica con redes de arrastre desplegadas a unos 300 metros de profundidad, y recogimos zooplancton y fitoplancton con redes bongo.

Navegar en la Karpuj fue una gran experiencia, donde la investigación científica se escribe primero en el terreno, lejos de la seguridad del laboratorio. Los logísticos, con su experiencia del viento y de las olas, fueron esenciales para que cada muestreo, cada red lanzada, se realizara de manera correcta. El mar impone su ritmo y sus imprevistos: hay que observar, anticipar, adaptarse. Era un recordatorio constante de que la ciencia no existe solo en los datos, sino también en la acción, en la atención al mundo real y en la capacidad de responder a lo inesperado.

Una vez recuperados los ARMS, establecimos los protocolos de procesamiento: clasificación de organismos fijos y móviles, toma de fotografías, conservación en etanol, formol o congelación. La preparación para el análisis molecular se dividió en dos enfoques: El primero, el barcoding, que consiste en aislar organismos individuales para extraer su ADN y, a continuación, amplificar fragmentos genéticos específicos para secuenciarlos y compararlos con bases de datos de referencia. La segunda, el metabarcoding, examina toda la comunidad presente en una muestra compleja (por ejemplo, un conjunto de especímenes raspados de una placa de ARMS).

En el océano Austral, la temperatura del agua puede llegar hasta los -2° C. Foto: Morgane Durand

La primera etapa – la extracción del ADN – se realizó directamente en el laboratorio de la base Profesor Julio Escudero de INACH. Esta experiencia, en la Antártica, fue sin duda una de las más memorables. Todo era más intenso: el frío, la luz, el silencio, la fatiga, la belleza. Nos sumergimos en la ciencia, pero también en todo.

En las aguas frías, literalmente cortantes, cada inmersión era tanto una prueba física como un momento de gracia. Sentir cómo se contrae el cuerpo al contacto con el agua, cómo sube la adrenalina. Controlar la respiración, mantener la calma, controlar los movimientos a pesar de los dedos entumecidos, el peso del equipo y a veces la corriente. Y luego ver… ver el fondo marino como si se abriera un libro que ningún ojo ha leído todavía. Observar, anotar, tomar muestras. El cuerpo se pone a prueba. Y luego está la mente, constantemente desafiada: por los datos que hay que organizar, los protocolos que hay que seguir, los imprevistos que hay que gestionar, las decisiones que hay que tomar, a veces con rapidez.

Cuando está en Punta Arenas, Morgane trabaja en el Laboratorio de Ecosistemas Marinos Antárticos y Subantárticos (LEMAS) en el Instituto de la Patagonia, Universidad de Magallanes (UMAG). Foto: Constanza Barrientos

De vuelta en Punta Arenas, continué mi trabajo durante un mes en el LEMAS de la UMAG. Durante este período, realicé los análisis de las muestras extraídas, concentrándome en el aspecto del barcoding. También realicé PCR en cada una de las muestras, con el objetivo de amplificar el ADN de los organismos presentes y permitir su secuenciación en Francia, en el otro laboratorio donde trabajo en Concarneau.

El tiempo que pasé en Punta Arenas me ofreció una nueva faceta de la investigación. Nuevas herramientas, nuevos colegas, nuevas formas de hacer las cosas. Trabajar en otro idioma, pensar de forma diferente, aprender de nuevo. Comprender que los métodos difieren, que los puntos de vista cambian según las culturas científicas.

Esos dos meses pude superar mis límites, cuestionar mis rutinas y enriquecer mi práctica. Explorar de verdad. No sólo el entorno marino polar, sino también las distintas formas de ser investigadora: sobre el terreno, en el laboratorio, con los demás.

 

Foto de portada: Morgane Durand en LEMAS- UMAG / I. Milenio BASE / C. Barrientos.

Durante una semana, más de 360 especialistas de 35 países se reunieron en el extremo sur de Chile en la 21ª Conferencia Internacional sobre Algas Nocivas, un fenómeno que afecta la salud pública y las actividades productivas en todo el planeta. La cita, organizada por la Universidad de Magallanes y el Instituto de Fomento Pesquero, marcó un hito de cooperación científica internacional y de fortalecimiento de la capacidad regional en estudios marinos.

Dr. Máximo Frangopulos (vicepresidente Comité Organizador Local ICHA 2025) junto al Dr. Leonardo Guzmán (presidente Comité Organizador Local ICHA 2025). Foto: C. Barrientos

En el Hotel Dreams de Punta Arenas, la Región de Magallanes y de la Antártica Chilena fue anfitriona de la 21ª Conferencia Internacional sobre Algas Nocivas (ICHA 2025), una de las citas más relevantes a nivel mundial en torno a las Floraciones Algales Nocivas (FAN), conocidas también como marea roja. La actividad reunió a más de 360 personas provenientes de 35 países, consolidando a Chile como un referente en la investigación y monitoreo de este fenómeno global.

El evento fue organizado por la Universidad de Magallanes (UMAG) y el Instituto de Fomento Pesquero (IFOP), con el apoyo de la Sociedad Internacional para el Estudio de las Algas Nocivas (ISSHA) y un Comité Organizador Nacional integrado por más de sesenta investigadores de instituciones chilenas.

El Dr. Leonardo Guzmán Méndez, investigador senior del IFOP y presidente del Comité Organizador Local, valoró que “instancias como ésta son fundamentales porque permiten compartir el estado del arte, establecer colaboraciones y conocer las preguntas que mueven a la ciencia global. Que se realice aquí, en Magallanes, demuestra que Chile tiene la capacidad de organizar eventos internacionales de alto nivel en un territorio que no sólo presenta algas tóxicas, sino que también representa la puerta de entrada a la Antártica”, afirmó.

Durante ICHA 2025, el Dr. Máximo Frangopulos fue nombrado parte del Consejo de Investigadores de la Sociedad Internacional para el Estudio de las Floraciones Algales Nocivas (ISSHA), siendo el único representante sudamericano. Foto: C. Barrientos

En tanto, el Dr. Máximo Frangopulos Rivera, investigador de la UMAG, del Cape Horn International Center (CHIC) y del Instituto Milenio BASE, destacó el papel de Chile y de la región austral en el monitoreo sistemático de estos fenómenos. “Llevamos casi tres décadas de programas de observación en la región, con una masa crítica de especialistas que se refleja en la calidad y amplitud de la delegación chilena”, comentó.

Diálogo internacional sobre un fenómeno global

Durante la semana de trabajo, los investigadores coincidieron en que las floraciones algales nocivas se han intensificado en frecuencia y extensión. Guzmán recordó que los primeros registros en Magallanes datan de 1972, e incluso existen antecedentes del siglo XIX asociados a intoxicaciones fatales en comunidades yaganes. “Hoy las microalgas son más abundantes, generan floraciones más intensas y afectan tanto la salud pública como las actividades productivas. Hay algo en el ambiente que favorece su mayor presencia, y eso nos obliga a seguir observando y entendiendo qué procesos naturales y humanos las intensifican”, explicó.

El evento contó con investigadoras e investigadores de pregrado, magíster y doctorado del Instituto Milenio BASE. Foto: C. Barrientos

Frangopulos, vicepresidente del Comité Organizador Local, añadió que una de las tendencias más notorias presentadas en la conferencia fue el aumento en la certitud de las predicciones, gracias a la integración de múltiples fuentes de datos —sensores remotos, muestreos in situ, análisis genéticos y metabarcoding— y al uso de tecnologías abiertas. “Se habló mucho de democratización de la ciencia, del acceso a software y bases de datos libres, de herramientas de bajo costo que permitan compartir información entre países y comunidades científicas”, explicó.

Entre las plataformas destacadas mencionó HAEDAT, la red mundial que compila reportes de floraciones algales y que actualmente reúne información de más de 150 países. “Hacia allá se encaminan las tendencias: democratizar, unificar, hacer más participativa a la ciencia e involucrar también a las comunidades”, sostuvo.

Tendencias emergentes y formación científica

Frangopulos señaló que las discusiones técnicas abordaron nuevos enfoques como el estudio del holobionte, que analiza las interacciones simbióticas entre microalgas y bacterias para comprender mejor los factores que desencadenan los eventos de floración. También destacó el interés por biosensores de bajo impacto ambiental, la investigación sobre toxinas emergentes y los efectos de las ictiotoxinas sobre distintas especies marinas.

ICHA 2025 reunió a más de 360 personas provenientes de 35 países. Foto: C. Barrientos

Todos alabaron las maravillas naturales de Magallanes y la calidad científica del encuentro. Hemos dejado en alto el nombre de la región y del país”, afirmó el investigador, resaltando que la organización local demostró que Magallanes está capacitada para albergar eventos científicos de relevancia mundial.

Uno de los aspectos más valorados fue la participación estudiantil. “Fue muy grato contar con el apoyo de estudiantes de biología marina, de maestría y doctorado, que presentaron sus investigaciones. Este tipo de congresos son una oportunidad única para conectar con investigadores líderes y motivar a las nuevas generaciones”, subrayó Frangopulos.

Un cierre que proyecta cooperación

La ceremonia de clausura, realizada el 24 de octubre, cerró una semana de intercambio de conocimientos y experiencias sobre sostenibilidad marina. El congreso se realiza cada dos años como símbolo de cooperación internacional: la versión anterior tuvo lugar en Hiroshima (Japón), y la próxima se desarrollará en Aberdeen, Escocia, antes de avanzar hacia Halifax, Canadá, en 2029.

La próxima reunión ICHA 2027 se desarrollará en Aberdeen, Escocia. Foto: C. Barrientos

El presidente del Consejo de la ISSHA, Dedmer B. Van de Waal, expresó su gratitud hacia los organizadores y la comunidad local. “Nos sentimos muy bienvenidos aquí, no sólo por el equipo de Leonardo, Máximo y Pamela, sino también por la gente de la ciudad. Son muy amables, intentan ayudarnos incluso sin hablar nuestro idioma, y eso se agradece mucho”.

Para los organizadores, el balance fue positivo. La región demostró su capacidad para convocar a la ciencia global y proyectar desde el sur una mirada colaborativa hacia el futuro de los océanos. “Esto debe ser un hito para que, en el futuro, Magallanes siga recibiendo congresos internacionales de gran nivel —no sólo sobre marea roja, sino también sobre biodiversidad y ciencia antártica—. Aquí se hace ciencia de primer nivel y el mundo lo sabe”, concluyó Frangopulos.

 

Fuente: UMAG

Foto portada: ICHA 2025

El curso, dictado en modalidad híbrida, se realizará hasta el 02 de julio de 2025 en un trabajo impulsado por la Universidad de Concepción (UdeC), en colaboración con la Universidad de Chile (UCh), Pontificia Universidad Católica de Chile (PUC), Universidad Austral de Chile y Universidad de Magallanes (UMAG) para estudiantes de pregrado, magíster y doctorado.

Asistentes de Laboratorio de Ecología Molecular (LEM) U. Chile. Crédito: E. Poulin

Con estudiantes de Concepción, Punta Arenas y Santiago inició el curso “Ecosistemas Antárticos”, en su tercera versión. Resultado de un trabajo conjunto entre universidades chilenas y el Instituto de Biodiversidad de Ecosistemas Antárticos y Subantárticos (Instituto Milenio BASE) para estudiantes de pregrado, magíster y doctorado de cinco universidades chilenas.

A través de 14 sesiones, en modalidad híbrida y presencial en Concepción, se abordarán temáticas como “Origen y evolución biodiversidad”, “Introducción a procesos en biota”, “Patrones y procesos en la biota”, “Conservación de los ecosistemas”, “Influencia humana” y “Sistema de Tratado Antártico” con más de una decena expositoras y expositores.

“Este curso es un esfuerzo conjunto entre varias universidades, que son las instituciones albergantes del Instituto Milenio BASE, y busca poder compartir el conocimiento que estamos generando las distintas líneas de investigación en materias muy relevantes como la conservación, biodiversidad, gobernanza y ciencia para la toma de decisiones”, señala el Dr. Elie Poulin, académico de la Facultad de Ciencias Universidad de Chile y director del Instituto Milenio BASE.

El curso se realizará en modalidad híbrida hasta el 02 de julio de 2025. Crédito: N.Politis

“La Antártica está conectada con el mundo, y en la actualidad hay muchos equipos que están desarrollando investigación fundamental para la conservación de los ecosistemas. En esa línea, el poder compartir ese conocimiento con estudiantes en distinta formación y en diferentes universidades, es una relevante instancia de aprendizaje”, destaca la Dra. Angie Díaz Lorca, académica de la Facultad de Ciencias Naturales y Oceanográficas de la Universidad de Concepción, e investigadora del Laboratorio de Ecología Molecular Marina (LEMMAR) y del Instituto Milenio BASE. “Estamos felices que este nuevamente exista interés desde estudiantes y también asistentes que se sumaron como oyentes”, señala.

Las y los académicos participantes del curso son: Dra. Laura Farías (UdeC), Dr. Lohengrin Cavieres (UdeC), Dr. Erasmo Macaya (UdeC), Dr. Pablo Guerrero (UdeC/IEB/BASE), Dra. Julieta Orlando (UCh/BASE), Dr. Luis Valentín Ferrada (UCh/BASE), Dra. Juliana Vianna (PUC/CRG/BASE) Dr. Luis Vargas-Chacoff (UACH/IDEAL/BASE), Dr. Claudio González-Wevar (UACh/IDEAL/BASE), Dra. Andrea Piñones (UACh), Dra. Tamara Contador (UMAG/CHIC/INVASAL/BASE) y Dr. César Cárdenas (INACH/BASE) y acompañarán a las y los estudiantes durante las sesiones del curso.

Para consultas, se puede tomar contacto con la coordinadora del curso, Dra. Angie Díaz Lorca, al correo: angiediaz@udec.cl 


Curso “Ecosistemas Antárticos”

  • Período: Desde 26 marzo a 02 julio 2025
  • Horario: De 15:15 a 18:00 horas
  • Concepción: Sala Minera Escondida. Segundo piso Facultad de Ciencias Naturales y Oceanográficas de la Universidad de Concepción
  • Otras ciudades: Híbrido previa inscripción a coordinación académica

Dirigido a:

  • Doctorado en Sistemática y Biodiversidad – UdeC
  • Magíster en Ciencias con Mención en Zoología – UdeC
  • Carreras de Biología, Biología Marina e Ingeniería en Biotecnología Marina y Acuicultura – UdeC
  • Doctorado en Ciencias mención en Ecología y Biología – UCh
  • Doctorado en Ciencias Antárticas y Subantárticas – UMAG
  • Escuela de Graduados – UACh

 

 

 

 

Por: Benjamín Groff y Nadia Politis

Fotografías: Elie Poulin, Camina Neder y Catalina Marín

“Crucero CIMAR 27 Fiordos” es el nombre de la campaña científica realizada en los fiordos y canales de la región de Magallanes. Promovida por el Comité Oceanográfico Nacional (CONA) de la Armada de Chile, contó la investigadora principal del Instituto Milenio BASE, Dra. Karin Gérard, y el biólogo marino, Andreas Schmider- Martínez.

Registrar e identificar la diversidad bentónica profunda y planctónica del Estrecho de Magallanes y del Canal Beagle, es el objetivo del equipo liderado por la académica de la Universidad de Magallanes (UMAG) e investigadora del Instituto Milenio BASE, Dra. Karin Gérard. Con la colaboración del biólogo marino, Andreas Schmider- Martínez, trabajaron durante más de 20 días a bordo del Crucero de Investigación Científica Marina en Áreas Remotas (CIMAR) dirigido por el Comité Oceanográfico Nacional (CONA) de la Armada de Chile.

Desde el 23 de agosto hasta el 10 de septiembre, el equipo estuvo a bordo del buque científico AGS61 “Cabo de Hornos”, recorriendo los fiordos de la región de Magallanes. Utilizando diferentes técnicas de recolección de biodiversidad marina (red de arrastre tipo Agassiz, red Bongo y red fitoplanctónica), lograron muestrear cerca de 20 estaciones.

“Conocer la diversidad marina subantártica de la región de Magallanes es crucial para poder detectar especies potencialmente invasivas para Antártica. La identificación taxonómica de las comunidades de fauna y flora del Estrecho de Magallanes, Canal Beagle y Cabo de Hornos ayudará a completar el conocimiento de la diversidad marina, actualizar las distribuciones geográficas conocidas y revelar los posibles cambios de rango de distribución que puedan estar ocurriendo”, señala la también investigadora del Laboratorio de Ecosistemas Marinos Antárticos y Subantárticos (LEMAS) de la UMAG y del Centro Internacional Cabo de Hornos (CHIC), Dra. Karin Gérard.

El biólogo marino, Andreas Schmider-Martínez, destaca que “los ecosistemas antárticos y subantárticos son uno de los más prístinos del planeta y, actualmente, están sufriendo múltiples presiones inducidas por actividades humanas. Entender los efectos del cambio climático sobre la diversidad, como reducción y degradación de hábitat, contaminación y sobre explotación, es uno de nuestros objetivos”.

Buque científico AGS61 “Cabo de Hornos” navegando por Canal Beagle. Créditos: Karin Gérard

El proyecto también cuenta con el apoyo del Doctor en Biología y experto en Floraciones Algales Nocivas del Centro de Investigación GAIA Antártica de la UMAG y CHIC, Dr. Máximo Frangopulos.Mi trabajo se centra en el estudio de la biodiversidad planctónica, tanto del fitoplancton como del zooplancton. Con las estaciones monitoreadas en el CIMAR Fiordos, el objetivo es conocer las especies presentes durante el invierno y determinar su potencial para llegar a la Antártica. Nos enfocamos especialmente en aquellas capaces de producir toxinas marinas, como los dinoflagelados y algunas diatomeas Pseudo-nitzschia”, dice.

Según indica el equipo de investigación, las especies recolectadas durante la campaña científica “CIMAR 27 Fiordos”, serán registradas en bases de datos de biodiversidad, tales como BOLD (Barcode of Life Data System) y el Sistema Global de Información sobre Biodiversidad (GBIF, por sus siglas en inglés). Posterior a su análisis, las muestras serán entregadas a la colección del Museo Nacional de Historia Natural (MNHN), ubicado en Santiago de Chile.

Los trabajos realizados en CIMAR se enmarcan en los objetivos de la línea de “Observatorio Marino de Biodiversidad” del Instituto Milenio BASE. El fin de esta línea, dirigida por la Dra. Karin Gerard, es mejorar el conocimiento de la biodiversidad antártica y subantártica e iniciar el monitoreo de la biodiversidad a largo plazo en los ecosistemas marinos para detectar cambios como consecuencia de efectos climáticos antropogénicos.

Finalmente, la Dra. Karin Gérard, también GAIA-UMAG, agradece a la tripulación del buque científico. “Un equipo muy profesional, con alta experiencia en el buen desarrollo de las actividades a bordo, en maniobras y manipulación de equipos; también en arreglos y perdidas de material, en gestión de carga, recepción a bordo y calidad de comida (…) La transdisciplinariedad de estos cruceros permite alcanzar un nivel de eficiencia científica imposible a lograr de manera individual y sin un apoyo logístico especializado como el buque científico AGS61 ‘Cabo de Hornos’ y su tripulación experimentada, no habría sido posible”, expresa.

Sobre CIMAR

El Crucero de Investigación Científica Marina en Áreas Remotas (CIMAR) es un programa promovido por el Comité Oceanográfico Nacional (CONA), que realiza estudios en zonas de difícil acceso y poco exploradas del territorio nacional. Con un enfoque multidisciplinario e interinstitucional, sus resultados buscan contribuir al desarrollo socioeconómico sostenible del país.

 

Foto principal: Dra. Karin Gérard y Andreas Schmider- Martínez durante campaña científica “CIMAR 27 Fiordos”, 2024. Crédito: Karin Gérard

Por: Constanza Barrientos Soto

Dra. Brenda Riquelme del Río, investigadora principal del estudio. Afiliada a la UMAG, Instituto Milenio BASE y Centro CHIC. Foto: I. Milenio BASE / C. Barrientos

Un estudio liderado por la Dra. Brenda Riquelme del Río, investigadora postdoctoral de la Universidad de Magallanes (UMAG) e investigadora del Centro Internacional Cabo de Hornos (CHIC) y del Instituto Milenio BASE.

Según mediciones realizadas en la región de Magallanes, las turberas subantárticas de Sphagnum presentan variaciones espaciales en las emisiones de gases de efecto invernadero a escalas menores de un metro. Este hallazgo destaca la complejidad de estos ecosistemas y subraya la importancia de realizar investigaciones detalladas para comprender mejor su impacto ambiental.

Se trata de la turbera de Sphagnum magellanicum, conocida popularmente como “turbera de Omora”; un humedal ubicado en el Parque Etnobotánico Omora a dos kilómetros de Puerto Williams. Según afirma el equipo de investigación, este tipo de ecosistema provee servicios ecosistémicos muy importantes, por ejemplo, mantener una biodiversidad nativa adaptada a condiciones anfibias, lo que es crucial para la estabilidad.

Esta turbera nunca ha sido explotada para ningún propósito y el acceso está restringido, excepto para los investigadores, quienes la atraviesan usando pasarelas de madera y con raquetas para la nieve en sus pies, para intervenir lo menos posible”, destaca la investigadora principal del estudio, Dra. Brenda Riquelme del Río, quien es investigadora postdoctoral de la UMAG, el Centro CHIC y el Instituto Milenio BASE.

Turbera de Sphagnum magellanicum, conocida popularmente como “turbera de Omora”. Foto: Dra. Brenda Riquelme del Río.

El equipo de investigación destaca el rol que cumplen las turberas en el contexto de cambio climático, ya que pueden secuestrar el carbono (CO₂) del ambiente, pero también actúan como fuentes de metano (CH₄). Estudios aclaran que, aunque el CH₄ es hasta 25 veces más poderoso como gas de efecto invernadero, el CO 2 puede durar siglos en el medio ambiente, a diferencia del metano que dura alrededor de doce años.

La gestión y conservación de las turberas son cruciales porque, aunque pueden capturar CO 2 , las emisiones de metano pueden contrarrestar parte de este beneficio. Por lo tanto, comprender el equilibrio en las emisiones de ambos gases es esencial para aprovechar a las turberas como herramientas en la mitigación del cambio climático”, explica el investigador adscrito del Instituto Milenio BASE, CHIC y UMAG, Dr. Roy Mackenzie.

Análisis a “escala fina”
El estudio “Variabilidad espacial a pequeña escala de las emisiones de gases de efecto invernadero de una turbera subantártica”, fue publicado en la revista Environmental Science & Technology y contó con un equipo de investigadores de la UMAG, CHIC, Instituto Milenio BASE, Centro de Investigación GAIA Antártica: Dra. Brenda Riquelme del Río, Dr. Julio A. Salas Rabaza, Dr. Roy Mackenzie, Dr. Frédéric Thalasso y Dr. Armando Sepúlveda Jáuregui.

Gráfica resumen publicación científica. Por: Dr. Roy Mackenzie.

Esta investigación se enfocó en el flujo de gases de efecto invernadero a una escala fina (menos de un metro) en distintos parches de vegetación en la “turbera Omora”. En estudios anteriores se ha demostrado que existe una alta heterogeneidad en el flujo de gases de efecto invernadero en distintas partes de una turbera (no toda la turbera emite o absorbe la misma cantidad de gases). Sin embargo, aún no está claro cómo funciona este mecanismo a escalas más finas, es decir, en puntos cercanos entre sí.

Con este tipo de estudios se busca entender mejor cómo funciona el mecanismo y los factores que influencian el intercambio de gases de efecto invernadero en turberas, lo que es de gran relevancia para afrontar el desafío del cambio global que atravesamos hoy en día”, comenta la Dra. Brenda Riquelme del Río.

La investigación contempló 90 muestras, compuestas por cinco parcelas de 3×3 metros, divididas en nueve cada una, y medidas dos veces en diferentes fechas. Aunque los resultados revelan sectores con flujos negativos -que secuestran gases-, se concluyó que en promedio cada parcela muestra flujos positivos.

Las turberas contribuyen a la mitigación del cambio climático al secuestrar Carbono, sin embargo, emiten metano de forma natural como resultado de la metanogénesis que sucede en la turba. Plantas anfibias como el Tetroncium magellanicum (Juncaginaceae) muestran un mayor flujo de metano, probablemente por su tejido aerenquimatoso, con grandes espacios llenos de aire que facilita el transporte de gases hacia el exterior. Esto deja en evidencia la necesidad de generar más conocimientos sobre las dinámicas de estos ecosistemas para una gestión que maximice su impacto positivo neto en el clima”, dice el Dr. Roy Mackenzie.

Tetroncium magellanicum. Foto: Dr. Roy Mackenzie.

Se descubrió que la heterogeneidad observada en el flujo de estos gases se mantiene en escalas más pequeñas, posiblemente favorecida por el tipo de cobertura vegetacional. Se midió una variación de hasta 25 veces en la emisión de CH₄ en dos puntos distanciados por 0.56 metros. Variaciones similares se presentaron incluso en distancias de 0.35 metros, una de las mediciones más próximas probadas hasta la fecha.

La investigación no sólo confirma hallazgos previos, sino que también sugiere que, para hallar correlación espacial entre los flujos de emisiones de un punto a otro, se debe recurrir a escalas aún más finas. Este estudio destaca la complejidad de los ecosistemas de turberas de Sphagnum y su impacto en el medio ambiente, subrayando la importancia de investigaciones detalladas y la necesidad de proteger la biodiversidad en estos entornos.

 

Por: Nicolás Gómez

Foto principal: Turbera de “Omora”, por Dra. Brenda Riquelme del Río

Entre los 37 investigadores de 18 países involucrados en la redacción de este informe, figura el Dr. Roy Mackenzie, académico de la Universidad de Magallanes (UMAG) e investigador adscrito del Instituto Milenio BASE y del Centro Internacional Cabo de Hornos (CHIC), como único representante latinoamericano en el panel de expertos de los efectos ambientales del Protocolo de Montreal.

El reporte de actualización anual del Panel de Evaluación de Efectos Ambientales (EEAP) revela el impacto de la radiación ultravioleta (UV) en la formación de micro-plásticos. Aunque aún no se establecen claramente los riesgos potenciales de este tipo de contaminante, los expertos señalan que, dada su enorme variabilidad química, pequeño tamaño y estar presentes en todos los ecosistemas, pueden tener efectos nocivos para el medio ambiente y la salud.

En el documento, se indica que la producción mundial de plástico fue estimada en 391 millones de toneladas métricas en el año 2021. Una fracción sustancial es generada a partir de productos de consumo. En la mayoría de los países se desconoce el destino de estos desechos, pero se señala que estos se degradan gradualmente formando partículas más pequeñas.

Dr. Roy Mackenzie. Foto: I. Milenio BASE

“Estos componentes podrían interferir en la absorción de nutrientes y/o en el desarrollo y distribución natural de ciertos organismos”, señala el Dr. Roy Mackenzie, investigador del Instituto Milenio BASE, CHIC y co-autor de la investigación. “Por ejemplo aquellos animales con el estomago lleno de plasticos y microplasticos, que pierden la capacidad de alimentarse y, cuando lo hacen, es muy dificultoso y por ende con poco exito nutritivo”, agrega.

 

Radiación UV en los plásticos

El informe explica que la radiación UV proporciona energía que rompe los enlaces químicos dentro del plástico, sometiéndolo a procesos de descomposición y degradación, conocidos como “meteorización” (en inglés weathering), produciendo micro-plásticos y nano-plásticos. El polietileno y el polipropileno son los tipos de plásticos más comunes. El primero se encuentra, principalmente, en forma de botellas y bolsas plásticas; y el segundo en forma de films plásticos, tapas de botellas y envoltorios de medicamentos.

Uno de estos procesos es la “fotooxidación” (photo-oxidation), donde la radiación aporta energía que rompe los enlaces químicos del plástico, haciéndolo propenso a reaccionar químicamente con el aire, uniéndose a él y formando pequeñas partículas. También la radiación UV produce alteraciones en las propiedades del plástico, haciéndolos más débiles y quebradizos. Es decir, el plástico se vuelve más susceptible a fragmentarse en partículas cada vez más pequeñas.

Dr. Roy Mackenzie y Dra. Julieta Orlando en turbera de isla Navarino. Foto: I. Milenio BASE / N. Politis

Los expertos señalan que, si bien aún se desconocen los detalles exactos de dicha fragmentación, es innegable que los micro-plásticos son omnipresentes en los suelos, aire y agua de nuestro medio ambiente; y una vez liberados en él, son ingeridos por organismos que van desde microorganismos hasta humanos. Indican que se han encontrado rastros de micro- plásticos en la sangre humana, el tejido placentario, en la orina y hasta en el músculo cardíaco.

Proyección del estudio

Este informe es uno de los varios publicados por el EEAP, perteneciente al Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente (PNUMA), y encargado de informar a las partes en el Protocolo de Montreal sobre las interacciones entre el agotamiento de la capa de ozono, la radiación ultravioleta y la interacción con el cambio climático. Puedes visitar el artículo publicado aquí. También, el listado de informes, desde la primera reunión del panel en 1989 hasta la actualización 2023, se pueden descargar en la página web de UNEP-EEAP.

Además de estos reportes realizados una vez al año por el EEAP, cada cuatro años, se publica un informe cuadrienal más extenso que aborda todos los temas e informes anuales que contengan estudios sobre la radiación UV. El ultimo reporte cuadrienal fue publicado en un volumen especial de ocho secciones, puedes ver todas las secciones publicadas aquí. En dicho informe, el Dr. Mackenzie participó como coautor en la sección sobre el efecto de la radiación UV sobre los ecosistemas terrestres. Revisar aquí.

Este año, el Dr. Roy Mackenzie, junto con la investigadora del Instituto Mileno BASE y el CHIC, Brenda Riquelme y el investigador del Laboratorio de Investigaciones Ambientales de la UMAG, Felix Zamorano, tradujeron al español el documento de divulgación “Preguntas & Respuestas de la radiación UV, el Ozono y el cambio climático”, en donde se explican aspectos esenciales sobre la radiación UV y algunos de sus efectos nocivos sobre la biodiversidad y los humanos. Revisar aquí.

Mediante estas investigaciones se espera comprender de qué manera interactúa el agujero de ozono antártico con el cambio climático global, y su efecto en la radiación UV que impacta en organismos antárticos y subantárticos. “Existen dos situaciones, una es el adelgazamiento de la capa de ozono, que es un fenómeno global y que se ha estado recuperando el último tiempo; y la otra es el agujero de ozono antártico, que también se ha ido recuperando pero que en los últimos años se ha visto muy errático”, explica el Dr. Roy Mackenzie.

A mediados de septiembre, en Finlandia, se realizará la reunión anual previa al próximo informe cuadrienal (2026) organizada por el Secretariado de Ozono de las Naciones Unidas, en que se discutirán y revisarán las últimas investigaciones relacionadas con el impacto de la radiación UV sobre los ecosistemas debido al adelgazamiento de la capa de ozono, para informar a las Partes en el Protocolo de Montreal.

Por: Nicolás Gómez

Foto principal: UNEP-EEAP

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Cómo citar el informe de actualización 2023 y el artículo científico:

United Nations Environment Programme (UNEP), Plastics in the environment in the context of UV radiation, climate change and the Montreal Protocol. 2023 Assessment Update of the UNEP Environmental Effects Assessment Panel, UNEP: Nairobi, 2023. https://ozone.unep.org/sites/default/files/documents/EEAP-Update-2023UNEP-19Dec23.pdf 

Jansen MAK, Andrady AL, Bornman JF, Aucamp PJ, Bais AF, Banaszak AT, Barnes PW, Bernhard GH, Bruckman LS, Busquets R, Häder DP, Hanson ML, Heikkilä AM, Hylander S, Lucas RM, Mackenzie R, Madronich S, Neale PJ, Neale RE, Olsen CM, Ossola R, Pandey KK, Petropavlovskikh I, Revell LE, Robinson SA,  Robson TM, Rose KC, Solomon KR, Sulbæk Andersen M, Sulzberger B, Wallington TJ, Wang Q-W, Wängberg S-A, White CC, Young AR, Zepp RG & Zhu L. (2024) Plastics in the environment in the context of UV radiation, climate change and the Montreal Protocol: UNEP Environmental Effects Assessment Panel, Update 2023. Photochem Photobiol Sci . https://doi.org/10.1007/s43630-024-00552-3

Cómo citar el informe cuadrienal 2022 y el artículo científico:

United Nations Environment Programme (UNEP) (2022). Environmental Effects and Interactions of Stratospheric Ozone Depletion, UV Radiation, and Climate Change. Assessment Report. Quadrennial Environmental Effects Assessment Panel (EEAP), United Nations Environment Programme (UNEP) 390 pp. Nairobi. https://ozone.unep.org/system/files/documents/EEAP-2022-Assessment-Report-May2023.pdf

Barnes PW, Robson TM, Zepp RG, Bornman JF, Jansen MAK, Ossola R, Wang Q-W, Robinson SA, Foereid B, Klekociuk AR, Martinez-Abaigar J, Hou J-H, Mackenzie R, Paul ND (2023) Interactive effects of changes in UV radiation and climate on terrestrial ecosystems, biogeochemical cycles, and feedbacks to the climate system. Photochemical & Photobiological Sciences. 22, 1049–1091. https://doi.org/10.1007/s43630-023-00376-7

Cómo citar el documento de Preguntas & Respuestas sobre la radiación UV, el ozono y el medio ambiente:

Programa del Medio Ambiente de las Naciones Unidas (UNEP), Preguntas y Respuestas acerca de los Efectos de la Disminución del Ozono, la Radiación Ultravioleta y el Clima en los humanos y el Medio Ambiente. Suplemento del Reporte de Evaluación 2022 del Panel de Evaluación de los Efectos en el Medio Ambiente de las Naciones Unidas, UNEP; 25pp. UNEP: Nairobi, 2023. https://ozone.unep.org/sites/default/files/documents/EEAP-assessment-report-2022-QA-SP.pdf