En un nuevo “Día de la Antártica chilena”, que se conmemora cada 6 de noviembre, equipos de investigación de Santiago, Concepción, Valdivia, Punta Arenas y Puerto Williams del Instituto Milenio BASE, advierten sobre los desafíos que enfrentan los ecosistemas polares y la importancia de fortalecer la investigación científica para anticipar sus transformaciones.

Cada 6 de noviembre, Chile conmemora un hito fundamental de su historia antártica. En 1940, el presidente Pedro Aguirre Cerda firmó el Decreto N.º 1747, que estableció los límites del Territorio Chileno Antártico. A 86 años de aquella decisión, esta fecha nos invita no solo a recordar nuestra historia, sino también a reflexionar sobre una responsabilidad que trasciende las fronteras: conocer, comprender y proteger uno de los ecosistemas más extraordinarios y frágiles del planeta.
Durante décadas, la Antártica fue imaginada como un territorio inhóspito, remoto, aislado y prácticamente inalterable. Hoy, la investigación científica nos muestra una realidad diferente. El continente blanco está conectado con el resto del planeta a través de sus océanos, su atmósfera y sus procesos biológicos. Lo que ocurre allí tiene consecuencias globales, mientras que las transformaciones ambientales provocadas por las actividades humanas en otras partes del mundo también afectan a sus ecosistemas.
Desde Santiago, Concepción, Valdivia, Punta Arenas y Puerto Williams, equipos de investigación del Instituto Milenio BASE buscan comprender estas transformaciones desde distintas disciplinas. Sus investigaciones abordan desde la biodiversidad microscópica hasta los grandes sistemas oceánicos, aportando evidencia para enfrentar algunos de los desafíos ambientales más urgentes de nuestro tiempo.
La biodiversidad invisible de la Antártica constituye uno de estos desafíos. Los microorganismos desempeñan funciones esenciales en los ecosistemas polares, aunque gran parte de su diversidad y sus respuestas a los cambios ambientales siguen siendo poco conocidas. Para la microbióloga Dra. Julieta Orlando, investigadora de BASE y académica de la Universidad de Chile, este conocimiento resulta fundamental: “Cuando hablamos de biodiversidad antártica solemos pensar en pingüinos, focas o ballenas, pero existe un universo microscópico que sostiene procesos ecológicos fundamentales. Comprender cómo responde esta biodiversidad invisible al cambio ambiental es clave para anticipar las transformaciones de los ecosistemas antárticos”.

Las plantas antárticas también ofrecen señales sobre el cambio contemporáneo y el futuro del continente. Su distribución, capacidad de adaptación y respuesta a nuevas condiciones climáticas permiten estudiar cómo podrían reorganizarse las poblaciones y comunidades vegetales. Desde la biogeografía, el Dr. Pablo Guerrero, investigador IEB/BASE y académico de la Universidad de Concepción, plantea: “Las plantas son excelentes indicadores de los cambios ambientales. Estudiar su distribución, reproducción y sus respuestas al calentamiento nos permite comprender cómo podría transformarse la biodiversidad terrestre antártica y qué condiciones podrían favorecer la expansión de algunas especies en el futuro”.
En los ambientes marinos, los peces antárticos representan un extraordinario ejemplo de adaptación evolutiva a condiciones extremas. Sin embargo, su especialización también plantea interrogantes sobre su capacidad para enfrentar océanos cada vez más cálidos y sometidos a múltiples presiones ambientales. El Dr. Luis Vargas-Chacoff, investigador de BASE, del Anillo Penguin y académico de la Universidad Austral de Chile, advierte: “Los peces antárticos han desarrollado adaptaciones fisiológicas extraordinarias para sobrevivir en aguas extremadamente frías y estables. El desafío científico es comprender cuáles son sus límites de tolerancia y cómo responderán cuando el aumento de temperatura y otros factores de estrés actúen simultáneamente”.
Esta preocupación se extiende hacia el océano Austral, uno de los grandes reguladores del clima planetario y un sistema fundamental para la biodiversidad marina. Sus dinámicas físicas y biológicas conectan los ecosistemas antárticos con procesos que ocurren mucho más allá de sus límites geográficos. Para la Dra. Karin Gérard, investigadora CHIC/BASE y académica de la Universidad de Magallanes, comprender estas conexiones es una prioridad: “El océano Austral no es un sistema aislado. Sus especies y procesos ecológicos están conectados con el resto del planeta. Necesitamos fortalecer el conocimiento sobre su biodiversidad y sus cambios en el tiempo, porque solo así podremos identificar oportunamente las amenazas y orientar medidas efectivas de conservación”.
A estas transformaciones se suma el riesgo de introducción y establecimiento de especies no nativas, una amenaza que podría intensificarse con el calentamiento y el aumento de las actividades humanas en los territorios polares. Desde Puerto Williams, la Dra. Tamara Contador, investigadora CHIC/BASE y académica de la Universidad de Magallanes, enfatiza la importancia de anticiparse: “La llegada de especies no nativas, particularmente de insectos y otros invertebrados, puede modificar profundamente ecosistemas que han evolucionado bajo condiciones de aislamiento. En la Antártica, la prevención y la detección temprana son fundamentales, porque una vez que una especie invasora logra establecerse, sus efectos pueden ser muy difíciles de revertir”.

Estas investigaciones, desarrolladas en distintas ciudades de Chile, aportan piezas de un mismo rompecabezas, según enfatizan los equipos del Instituto Milenio BASE. Sin embargo, sostienen, producir evidencia científica es sólo una parte del desafío. La protección de la Antártica también depende de nuestra capacidad para traducir ese conocimiento en decisiones y acuerdos internacionales.
Desde el derecho internacional, el Dr. Luis Valentín Ferrada, investigador de BASE y académico de la Facultad de Derecho de la Universidad de Chile, subraya que: “La responsabilidad de Chile con la Antártica no se agota en su historia ni en su vinculación territorial. También se expresa en su capacidad para contribuir a una gobernanza internacional basada en la cooperación, la evidencia científica y la protección del medio ambiente. Los desafíos actuales exigen fortalecer esa articulación entre el conocimiento y la toma de decisiones, de modo que Chile pueda ser un actor influyente en la gobernanza antártica”.
A 86 años del decreto que estableció los límites del Territorio Chileno Antártico, los equipos académicos y de investigación enfatizan que la mejor manera de proyectar esta conmemoración hacia el futuro, es reconocer una relación con la Antártica desde la construcción del conocimiento, la cooperación y la responsabilidad ambiental.
Autores:
Santiago: Dra. Julieta Orlando (U.Chile, SOMICH) y Luis Valentín Ferrada (Derecho U.Chile)
Concepción. Dr. Pablo Guerrero (UdeC, IEB)
Valdivia: Dr. Luis Vargas-Chacoff (UACh, Anillo-Penguin)
Punta Arenas: Dra. Karin Gérard (UMAG, CHIC)
Puerto Williams: Dra. Tamara Contador (UMAG, CHIC)