El Dr. Hugo Benítez es académico UNAB, presidente de la SOCEVOL e investigador Instituto Milenio BASE y Centro CHIC. Foto: El Dr. Hubo Benítez tomando muestras en Antártica

Hugo Benítez, doctor en Biología Evolutiva de la Universidad de Manchester, Reino Unido, académico UNAB e investigador del Instituto Milenio BASE y Centro CHIC, fue seleccionado entre cientos de científicos a nivel mundial para asesorar a países del Tratado Antártico, en torno a uno de los mayores riesgos ambientales del continente blanco: las invasiones biológicas terrestres y sus consecuencias.

Las invasiones biológicas terrestres en la Antártica se producen cuando especies no nativas, transportadas principalmente por la actividad humana, llegan y logran establecerse en el continente. Aunque la Antártica parece un ambiente extremo, el aumento de las temperaturas facilita su supervivencia y expansión. Estas especies pueden alterar ecosistemas únicos y muy frágiles, desplazando organismos nativos y cambiando procesos naturales. Por eso, su prevención es clave para proteger uno de los últimos territorios prístinos del planeta.

Por ello, y con el objetivo de contribuir en espacios clave de decisión sobre el futuro de la Antártica, en materia de invasiones biológicas terrestres, el académico de la Universidad Andrés Bello (UNAB) e investigador del Instituto Milenio BASE (Biodiversidad de Ecosistemas Antárticos y Subantárticos) y CHIC (Centro Internacional Cabo de Hornos), Dr. Hugo Benítez, fue seleccionado como becario internacional del programa Ant-ICON / SC-ATS (Antarctic Integrated Conservation/ Standing Committee on the Antarctic Treaty System) Science Policy Fellowship 2026 como expositor científico para los encuentros internacionales.

Como fellow, el Dr. Benítez aportará evidencia científica en reuniones del Tratado Antártico, especialmente en temas de protección ambiental. Su rol busca que las políticas del continente se basen en conocimiento científico sólido. “Ha sido una noticia muy sorpresiva y satisfactoria ya que avala el esfuerzo de años de trabajo, y esto marca un importante nuevo paso donde busco junto con mi equipo e investigación ser un aporte real e importante en la protección de Antártica a nivel internacional”,  señala el biólogo y también presidente de la Sociedad Chilena de Evolución (SOCEVOL).

El investigador chileno fue seleccionado para asesorar a países del Tratado Antártico en torno a invasiones biológicas. Foto: El Dr. Hugo Benítez en terreno antártico junto a su equipo del EME Lab

La beca forma parte de una iniciativa del Comité Científico para la Investigación en la Antártica, o SCAR por sus siglas en inglés (Scientific Committee on Antarctic Research) orientada a fortalecer el diálogo entre la investigación científica y las políticas públicas que rigen la Antártica. Los investigadores e investigadoras seleccionados trabajan directamente con delegaciones internacionales, ayudando a decodificar evidencia científica en recomendaciones concretas para la protección ambiental del continente.

“Es muy relevante la participación del Dr. Benítez en estas instancias, debido a que posiciona a Chile como un actor científico de primer nivel en una de las problemáticas actuales más críticas para la Antártica”, señala Andrés López, Subdirector Técnico de INACH.

En este rol, el Dr. Hugo Benítez representará al SCAR en Japón durante la “Reunión Consultiva del Tratado Antártico”, en mayo de 2026, además de participar en el “Comité de Protección Ambiental”. Estas instancias reúnen a los países que toman decisiones sobre conservación, regulación de actividades humanas y resguardo de los frágiles ecosistemas antárticos.

Invasiones biológicas: amenaza silenciosa para la Antártica

La línea de investigación del Dr. Benítez se centra en las invasiones biológicas terrestres, es decir, la llegada y establecimiento de especies no nativas transportadas principalmente por la actividad humana. En un ecosistema extremo y altamente sensible como la Antártica, estas especies pueden alterar de forma irreversible los equilibrios ecológicos, afectando su biodiversidad única.

A través de su trabajo en el Laboratorio de Ecología y Morfometría Evolutiva (EME Lab) del Instituto One Health, de la Facultad de Ciencias de la Vida de la Universidad Andrés Bello (UNAB) realiza investigaciones vinculadas a ecología evolutiva, morfometría geométrica, entomología, biología de invasiones, biología sistemática y evolución. A su vez, desarrolla proyectos en el marco de las Expediciones Científicas Antárticas (o ECAs) realizadas por el Instituto Antártico Chileno (INACH). La beca Ant-ICON / SC-ATS Science-Policy Fellowship SCAR reconoce a Benítez como asesor internacional en temas antárticos, para acercar la ciencia a las decisiones que afectan al continente.

La línea de investigación del Dr. Benítez se centra en las invasiones biológicas terrestres. Foto: El Dr. Hubo Benítez Benítez trabajando en la Antártica junto a la Dra. Tamara Contador

SCAR y Antártica

El Comité Científico para la Investigación en la Antártica, SCAR, es el principal organismo científico internacional dedicado a coordinar, promover y asesorar la investigación en la Antártica y el océano Austral. Desde 1958, reúne a equipos científicos y programas nacionales de distintos países para generar conocimiento sobre el funcionamiento del sistema antártico y sus ecosistemas, y entregar asesoría científica independiente a los países que integran el Tratado Antártico. 

Chile participa en el SCAR desde su creación en 1958 como miembro activo y mantiene un rol estratégico en la coordinación científica internacional. En noviembre de 2025, el doctor en Biología Marina, César Cárdenas (INACH/Instituto Milenio BASE) fue reelegido para presidir el Comité Científico de la Comisión para la Conservación de los Recursos Vivos Marinos Antárticos (CCRVMA), mientras que en 2024, la Conferencia Científica Abierta SCAR 2024 (11th SCAR Open Science Conference) «Ciencia Antártica: Encrucijadas para una Nueva Esperanza», se realizó en Pucón, región de Araucanía, reuniendo a más de 1.300 personas vinculadas a la investigación polar, procedentes de más de 60 países. En tanto que, en 2022, el Paleobiólogo y doctor en Ciencias Biológicas, Marcelo Leppe (U. Mayor) fue elegido como vicepresidente del SCAR, en Goa, India.

El rol del SCAR es clave para que las decisiones sobre conservación ambiental, actividades humanas y gobernanza del continente se basen en evidencia científica sólida, especialmente frente a amenazas como el cambio climático y las invasiones biológicas. A su vez, busca que las decisiones políticas sobre el continente se basen en conocimiento científico sólido, independiente y actualizado, especialmente frente a desafíos globales como el cambio climático y la creciente presión humana.

 

Por: Nadia Politis

Fotos: Hugo Benítez

 

El investigador de la Universidad Católica del Maule (UCM), Instituto Milenio BASE y Centro Internacional Cabo de Hornos (CHIC), Dr. Hugo Benítez, alertó sobre las amenazas que representa el insecto que en otros continentes constituye una plaga.

Dr. Hugo Benítez en Expedición Científica Antártica (ECA 59) del Instituto Antártico Chileno (INACH). Foto: H. Benítez

Entre los insectos Antárticos, solo dos figuran como endémicos: el mosquito no volador conocido como Belgica antarctica y la mosca Parochlus steinenii, un animal alado muy sensible a las variaciones de temperatura y considerado como indicador del cambio climático.

“Son tan poquitos los insectos nativos en Antártica, que cualquier cosa que llegue a su ambiente natural puede romper su equilibrio y desplazarlos. Han llegado cuatro invasores en los últimos cinco años; tres moscas y una polilla”, sostuvo el Dr. Hugo Benítez, director del Centro de Investigación de Estudios Avanzados del Maule (CIEAM), perteneciente a la UCM.

El doctor en Biología Evolutiva, que lleva años monitoreando invertebrados en el continente helado, documentó la presencia de un convidado de piedra más allá de las islas Shetland del Sur.

Se trata de la llamada Plodia interpunctella o “polilla de los cereales”, avistada inicialmente en las estaciones de Corea y Brasil y ahora descubierta en la base chilena Yelcho, ubicada en la Isla Doumer, 240 kilómetros al sur. Considerada como la plaga más importante en granos de América y África, el insecto ataca cereales intactos, como el trigo, maíz, avena, arroz y cebada, en zonas templadas y tropicales.

“Es una polilla muy torpe en vuelo, que no es capaz de volar hasta Antártica, por lo que está asociada al transporte de alimentos. Brasil y Corea dieron alertas de su presencia en 2017 y 2022. Esta vez fue encontrada mucho más al sur, en ambientes comunes dentro de la estación, donde no hay comida”, manifestó el investigador del Instituto Milenio de Biodiversidad de Ecosistemas Antárticos y Subantárticos (BASE), quien además coordina con el Instituto Antártico Chileno (INACH) parte del proyecto de Bioinvasiones FOVI220036.

“En el instituto tenemos un observatorio terrestre antártico, con un equipo que se encarga de hacer la prospección de la fauna de invertebrados terrestres nativos e invertebrados invasores y encontramos cercanía genética entre los ejemplares de Brasil, Corea y Chile”, dijo el académico, cuyos hallazgos fueron publicados en febrero pasado por la plataforma estadounidense de noticias científicas y tecnológicas “Popular Science”.

“Se sabe que la P. interpunctella es huésped de la especie parasitoide Habrobracon hebetor (…). La introducción de un parásito podría ser desastrosa para la endémica Bélgica antárctica y cualquier introducción de parasitoides en las islas subantárticas tendría acceso a una gama considerable de invertebrados nativos y a menudo endémicos”, escribieron los autores.

El avistamiento fue registrado en la revista “Ecology and Evolution”, a través del paper “An outsider on the Antarctic Peninsula: A new record of the non-native moth Plodia interpunctella (Lepidoptera: Pyralidae)”. Contó con Carla Salinas (INACH), Jordan Hernández (Instituto Milenio BASE, CHIC), Tamara Contador Mejías (Instituto Milenio BASE, CHIC, Núcleo Milenio Invasal), Sanghee Kim (Instituto Polar Coreano), Claudia S. Maturana (Instituto Milenio BASE, CHIC, Apecs Chile), Lorena Rebolledo (INACH), Laura M. Pérez (Universidad de Tarapacá), Paulo E. A. S. Câmara (Universidad de Brasilia), Vinícius Alves Ferreira (Laboratorio de Asesoría y Diagnóstico Fitosanitario), Isabel Lobos (UCM, Instituto Milenio BASE), Alejandro Piñeiro (Instituto Milenio BASE, UCM) y Peter Convey (Instituto Milenio BASE, CHIC).

 

Fuente: Universidad Católica del Maule (UCM)

Foto principal: softkrafts.live.com

Mediante observaciones de campo, herramientas moleculares y morfometría geométrica, se identificó la presencia de la mosca Trichocera maculipennis en las ciudades de Puerto Williams y Punta Arenas. Una especie nativa del hemisferio norte que cuenta con presencia en Antártica hace más de 15 años, pero que no había sido reportada en América del Sur.

A mediados del siglo pasado, la mosca Trichocera maculipennis fue identificada como especie invasora en el hemisferio sur, específicamente en las islas subantárticas Kerguelen. En 2013, se registró su presencia en Península Fildes- Antártica- expandiéndose en todas las bases de isla Rey Jorge. Hoy, un estudio liderado por el equipo de Observatorio Terrestre del Instituto Milenio BASE, a cargo de la Dra. Tamara Contador Mejías y Dr. Hugo A. Benítez, informa sobre los primeros avistamientos de las “tricoceridas” o “moscas de invierno” en América del Sur.

Hábitat utilizado por T. maculipennis bajo palafitos en Puerto Williams. Estos proporcionan un entorno oscuro y rico en nutrientes, que podría asemejarse a su hábitat nativo. Foto: Gonzalo Arriagada.

El estudio publicado en la revista Insect conservation and diversity, da cuenta de la presencia de tricocerida en dos ciudades de la región de Magallanes. Primero, en Puerto Williams, identificada en agosto de 2022 en forma de enjambre y, segundo, en Punta Arenas, en enero de 2023, siendo encontrada en bodegas del Instituto Antártico Chileno (INACH). “La extensa distribución de la mosca y su gran abundancia en Puerto Williams son consistentes con una introducción facilitada por el ser humano y un establecimiento de varios años”, señala la Doctora en Ecología de Agua Dulce y Ética ambiental Tamara Contador Mejías, investigadora principal del Instituto Milenio BASE y académica de la Universidad de Magallanes (UMAG).

Mediante observaciones de campo, el equipo de investigación identificó que tricocerida prefiere hábitats oscuros y ricos en nutrientes, como los espacios debajo de las casas elevadas. Estos proporcionan un ambiente que se asemeja a sus hábitats naturales en cuevas, donde la especie suele encontrarse viviendo en materia orgánica en descomposición. La preferencia por estos espacios puede influir en la selección de lugares para descansar, reproducirse y alimentarse, lo que puede explicar su presencia en áreas urbanas y cercanas a estructuras humanas, como techos de casas.

Además de las observaciones de campo, se utilizaron técnicas de identificación taxonómica y análisis molecular, incluyendo secuenciación de genes, para confirmar la identidad de las especies observadas en América del Sur y compararlas con poblaciones de otras regiones. También se aplicaron modelos estadísticos para identificar los factores ambientales asociados con la presencia de enjambres de tricocerida, como la temperatura, la humedad y la velocidad del viento.

Con el mismo fin, se llevaron a cabo análisis de morfometría geométrica para comparar las características morfológicas, como la forma de las alas, entre poblaciones de tricocerida de diferentes regiones. Una técnica aplicada por el Laboratorio de Ecología y Morfometría Evolutiva de la Universidad Católica de Maule (UCM), dirigido por el Dr. Hugo A. Benítez.

Dra. Tamara Contador Mejías y Dr. Hugo A. Benítez. Foto: Hugo Benítez

“Llevamos alrededor de siete años monitoreando los cambios adaptativos con equipos de Uruguay y otros países involucrados que están teniendo estas especies no-nativas en Antártica. La combinación de estos procesos con rápidos cambios morfométricos y moleculares nos llama a tomar medidas de precaución sobre como estos pequeños insectos pueden ser capaces de adaptarse rápidamente y colonizar nuevos ambientes”, indica el también director del Centro de Investigación de estudios Avanzados del Maule (CIEAM) e investigador del Centro Internacional Cabo de Hornos (CHIC), Dr. Hugo A. Benitez.

“Estos hallazgos enfatizan la importancia de implementar estrategias de gestión y medidas de bioseguridad sólidas, particularmente durante el transporte entre centros logísticos en el sur de América del Sur y las áreas remotas de la Reserva de la Biosfera del Cabo de Hornos y la Antártica”, destaca la también investigadora CHIC y del Núcleo Milenio de Salmónidos Invasores Australes (INVASAL), Dra. Tamara Contador.

La investigación, parte del proyecto INACH RG_29_2, contó con un equipo de investigadoras e investigadores del Instituto Milenio BASE, UMAG, CHIC, INVASAL, Universidad de Barcelona, Universidad de Texas, British Antarctic Soruvey (BAS), Universidad de Johannesburgo, Academia Polaca de Ciencias, Instituto Polar Coreano y UCM: Dra. Claudia S. Maturana, Melisa Gañan, Javier Rendoll-Cárcamo, Matías Troncoso-Villar, James Kennedy, Dr. Peter Convey, Dra. Ewa Krzeminska, Sanghee Kim, Isabel Lobos, Alejandro Piñeiro y Jordan Hernandez.

 

Por: Constanza Barrientos Soto

Foto principal: T. maculipennis. Por Gonzalo Arriagada.